Las 20 mejores películas del 2025

El cine comercial vivió el fenómeno de la parafernalia con películas como Zootopia 2 o Minecraft. Por otro lado, el cine independiente ofreció estrenos estupendos que, lamentablemente, muchos no vieron, recordándonos que el séptimo arte es mucho más que las producciones de Hollywood. Por eso, hacemos un balance de lo más destacado del año, recopilando las 20 mejores películas de 2025.

Llegamos a ese momento del año en el que el cine nos invita a mirar atrás y ordenar lo vivido en la pantalla. El 2025 fue especialmente generoso en estrenos, tanto en salas como en plataformas de streaming, confirmando un año fértil para la cinefilia. A esto se suma nuestra presencia, una vez más, en el Festival Internacional de Cine de Morelia, donde fuimos testigos de algunos de los títulos más relevantes del cine internacional y de la antesala de la temporada de premios.

Ante tal abundancia, delimitar lo más destacado del año no es tarea sencilla. El calendario cinematográfico fue amplio y, en el caso de Centroamérica, incluso a comienzos de 2025 seguían llegando producciones estrenadas internacionalmente en 2024. Por ello, creemos importante mencionar películas como Grand Tour, de Miguel Gomes; The End, de Joshua Oppenheimer; Hard Truths, de Mike Leigh; o la celebrada Ainda estou aqui, de Walter Salles. Son obras que, sin duda, podrían figurar entre lo mejor del año, pero que —debido a su fecha de estreno internacional— quedan fuera de este ranking.

También queremos destacar algunas películas que estuvieron muy cerca de entrar en el top del año:

Nouvelle Vague de Richard Linklater: Richard Linklater firma un homenaje nostálgico y elegante al nacimiento del movimiento cinematográfico francés que transformó para siempre el lenguaje del cine. Rodada en un sobrio blanco y negro y atravesada por un tono melancólico, la película se adentra en la gestación de Sin aliento (À bout de souffle), siguiendo de cerca a Jean-Luc Godard durante el rodaje de la obra que, en 1959, terminaría por consolidar la Nouvelle Vague

La hermanastra fea de Emilie Blichfeldt: Emilie Blichfeldt, propone una reinvención oscura y abiertamente feminista del cuento de hadas, subvirtiendo los cánones tradicionales de belleza a través del horror corporal. Con una crudeza deliberada, la película articula su denuncia mediante una combinación retorcida de comedia y terror, reescribiendo el imaginario de Cenicienta desde los márgenes. 

Bring Her Back de Danny y Michael Philippou: Se consolida como una de las propuestas más contundentes del terror de 2025 y confirma a los hermanos Philippou como autores con una voz claramente reconocible dentro del género. Su mención se debe a la manera en que convierte el horror en una experiencia emocional, utilizando el agua y el vacío como metáforas visuales del duelo y la pérdida. Además cuenta con un trabajo actoral impresionante de Sally Hawkins, que es la clave para sostener el impacto y la profundidad del filme.

Sorda de Eva Libertad: En el debut de Eva Libertad, Miriam Garlo entrega una de las interpretaciones más sensibles y honestas del año. A través de gestos, silencios y miradas, su trabajo encarna la sordera como una experiencia vital y no como un recurso narrativo. La película sigue a Ángela, una mujer sorda que espera un hijo junto a Héctor, su pareja oyente; el embarazo y la llegada de la niña hacen aflorar miedos, tensiones y una crisis que la obliga a afrontar la maternidad en un mundo que no está hecho para ella. 

Dreams de Michel Franco: Franco construye un relato frío y asfixiante que encuentra en Jessica Chastain su núcleo más perturbador. Como una mujer de la alta sociedad envuelta en una relación profundamente desigual con un joven bailarín mexicano, Chastain encarna el privilegio como una forma de violencia silenciosa. Su interpretación, magnética y sin redención, convierte el deseo y la intimidad en territorios de control, sosteniendo la película con una de las actuaciones más incómodas y potentes de su carrera reciente.

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20. ‘Un Poeta’ de Simón Mesa Soto

Un poeta se impone como una de las películas latinoamericanas más lúcidas del año al atreverse a mirar el fracaso sin maquillarlo. Simón Mesa Soto retrata al artista no como figura admirable ni víctima romántica, sino como un residuo incómodo de un sistema cultural que ya no sabe qué hacer con él. A través de una comedia amarga y seca, la película explora la precariedad emocional y material de crear cuando ya no hay espacio —ni simbólico ni económico— para hacerlo. La historia de Óscar Restrepo, un poeta envejecido que encuentra en una joven talentosa un posible sentido, evita cualquier épica de redención y opta por exponer el error, la obsesión y el desgaste del ideal artístico con una honestidad profundamente contemporánea.

19. ‘Nino’ de Pauline Loquès

El debut de Pauline Loquès, Nino, traza el tránsito silencioso de un joven parisino que, tras recibir un diagnóstico de cáncer de garganta, reaprende a mirar el mundo que lo rodea. La película se sostiene en la sutileza y, sobre todo, en la interpretación profundamente humana de Théodore Pellerin, quien confirma aquí por qué es una de las grandes revelaciones del año. Su actuación, construida desde respiraciones contenidas, pausas mínimas y una mirada siempre atenta, rehúye el dramatismo y el heroísmo para abrazar una fragilidad lúcida y dolorosa. En apenas unos días, mientras deambula por París antes de enfrentar una prueba decisiva, Nino descubre que vivir no es resistir la muerte, sino aprender a integrarla.

18. ‘The Things You Kill’ de Alireza Khatami

The Things You Kill, del cineasta iraní-estadounidense Alireza Khatami, es un drama psicológico tan pausado como incisivo que explora los efectos heredados de la violencia patriarcal y las fracturas de la identidad masculina. A través de una narrativa ambigua y una atmósfera inquietante, la película se adentra en un universo donde lo real y lo simbólico se confunden, dejando que el trauma emerja en pequeñas grietas emocionales más que en gestos explícitos. La historia sigue a Ali, un académico que regresa a Turquía para cuidar a su madre enferma y enfrentarse a una herencia familiar marcada por el control, el silencio y la culpa. Lejos del sermón moral, Khatami plantea un viaje oscuro y catártico que cuestiona si es posible escapar de los abusos sin reproducirlos, construyendo un relato que persiste más allá de su plano final.

17. ‘O Agente Secreto’ de Kleber Mendonça Filho

Ambientada en 1977, en pleno ocaso de la dictadura militar brasileña, la nueva película de Kleber Mendonça Filho transforma el thriller político en una arqueología de la paranoia. Wagner Moura interpreta a Marcelo, un profesor que huye a Recife con la esperanza de reconstruir su vida y reencontrarse con su hijo, solo para descubrir que la ciudad respira vigilancia, amenaza y deseo. Mendonça Filho combina el neo-noir, la sátira social y el delirio político para retratar un país donde la represión se camufla en la burocracia, el rumor y el absurdo cotidiano. Más que un drama histórico convencional, el film observa cómo el poder se infiltra en la vida diaria y cómo la violencia se convierte en mito popular, construyendo un retrato inquietante y profundamente original sobre la memoria, el miedo y la persistencia de los fantasmas políticos.

16. ‘La Grazia’ de Paolo Sorrentino

La Grazia marca el regreso de Paolo Sorrentino a la zona más sobria y metafísica de su cine. Apoyado una vez más en el rostro fatigado y el silencio elocuente de Toni Servillo, el director construye una meditación íntima sobre el poder, la fe y la culpa. Servillo interpreta a Mariano De Santis, presidente ficticio de la República italiana enfrentado al dilema moral de aprobar una ley de eutanasia, en una de sus actuaciones más contenidas y melancólicas: un cuerpo petrificado por la duda, atrapado entre la moral privada y el deber público. Lejos del exceso barroco, Sorrentino opta aquí por la quietud, el tiempo suspendido y una Roma convertida en mausoleo del pensamiento, confirmando La Grazia como una de sus obras más políticas y humanas.

15. ‘Ne Zha 2’ de Yu Yang

Ne Zha 2 se consolida como un punto de inflexión para la animación china, superando ampliamente a su predecesora tanto en ambición visual como en alcance cultural. Dirigida por Yu Yang (Jiaozi), la película combina mitología china, humor irreverente y una épica desbordante que dialoga con Hollywood y el anime japonés desde una identidad cada vez más segura. La historia sigue a Ne Zha y al príncipe Ao Bing en una alianza marcada por el caos y el orden, el destino y el libre albedrío, mientras una conspiración amenaza con desatar una guerra devastadora. Más allá de su deslumbrante despliegue técnico, Ne Zha 2 rompió récords históricos al convertirse en la película animada más taquillera de todos los tiempos a nivel mundial, además de ser la película más taquillera de 2025. Un fenómeno global que no solo marca un hito industrial, sino que confirma que la animación china ha alcanzado una madurez creativa capaz de competir en igualdad de condiciones con los grandes centros de producción internacionales. 

14. ‘O Último Azul’ de Gabriel Mascaro

En O Último Azul, Gabriel Mascaro construye una fábula distópica tan delicada como incisiva que denuncia el edadismo institucionalizado bajo la apariencia de honor y reverencia. Ambientada en un Brasil futuro inquietantemente reconocible, la película sigue a Tereza, una mujer de 77 años que se rebela contra un sistema que confina a los ancianos en colonias remotas para preservar la productividad de los más jóvenes. Interpretada con sobria firmeza por Denise Weinberg, Tereza emprende un viaje por el Amazonas para cumplir un último deseo, transformando su resistencia íntima en un acto político. A medio camino entre la alegoría social y el realismo mágico, Mascaro firma una obra lúcida sobre la vejez, la libertad y la violencia silenciosa de las instituciones.

13. ‘2000 Meters to Andriivka’ de Mstyslav Chernov

2000 metros hasta Andriivka convierte una ofensiva mínima en una experiencia límite. Mstyslav Chernov filma la guerra de Ucrania desde el cuerpo, el cansancio y el miedo inmediato, acompañando a un pelotón durante la contraofensiva de 2023 a través de cámaras en los cascos de los soldados. Dos kilómetros de bosque devastado se transforman en una eternidad marcada por el estancamiento, la repetición absurda y la pérdida constante. Sin épica ni discurso político explícito, el documental apuesta por una inmersión sensorial extrema que borra la distancia entre espectador y combatiente. El resultado es un cine de resistencia contra el olvido: una experiencia física, asfixiante y profundamente desoladora que devuelve a la guerra su peso irreversible y su costo humano imposible de justificar.

12. ‘Sorry, Baby’ de Eva Victor

El debut de Eva Victor se impone como un retrato íntimo y honesto de la vida después de un abuso, alejándose de cualquier tentación sensacionalista. Con una narrativa fragmentada y un humor seco e incómodo, la cineasta desplaza el foco del “hecho” hacia sus resonancias cotidianas, explorando cómo el trauma persiste, se filtra y reaparece en gestos aparentemente banales. Interpretando ella misma a Agnes, Victor compone un personaje complejo, sostenido entre la ironía defensiva y la vulnerabilidad, sin reducirlo nunca a su herida. Al evitar la exhibición del dolor y privilegiar la experiencia subjetiva, Lo siento, cariño propone una ética de la representación poco común, afirmándose como una obra sensible, lúcida y profundamente contemporánea.

Mickey 17

11. ‘Mickey 17’ de Bong Joon-ho

En Mickey 17, Bong Joon-ho regresa a la sátira distópica para explorar la explotación laboral y la crisis de identidad en el capitalismo tardío. Robert Pattinson encarna a Mickey Barnes, un trabajador clonable condenado a morir una y otra vez en una colonia espacial, con una actuación camaleónica y profundamente humana. A través de variaciones sutiles —especialmente entre Mickey 17 y Mickey 18—, Pattinson convierte un alto concepto de ciencia ficción en un inquietante estudio sobre la obediencia, la deshumanización y la pérdida de singularidad. Aunque el equilibrio tonal a veces tambalea, Bong logra articular humor negro, compasión y crítica social, confirmando Mickey 17 como una obra ambiciosa y provocadora dentro de su filmografía.

10. ‘Train Dreams’ de Clint Bentley

Sueños de trenes es un retrato elegíaco de un hombre atrapado entre el avance del progreso y su propia soledad. Clint Bentley construye una meditación íntima sobre la culpa, el duelo y el paso del tiempo, apoyándose en la interpretación silenciosa y devastadora de Joel Edgerton. Como Robert Grainier, un jornalero del ferrocarril en el Oeste americano de principios del siglo XX, Edgerton encarna a un hombre común arrastrado por la violencia y las pérdidas de una época que se desvanece. Lejos de la épica del western clásico, la película convierte el paisaje en un espacio de duelo y contemplación, dialogando con la tradición del cine sobre el fin de la frontera para ofrecer una obra profundamente humana, sobria y melancólica.

09. ‘Dreams (Sex/Love)’ de Dag Johan Haugerud

Con Dreams, Dag Johan Haugerud cierra su trilogía Sex/Dreams/Love con una delicada historia de madurez femenina que entrelaza deseo adolescente, literatura y memoria. A partir del enamoramiento ambiguo de Johanne, una joven de 17 años, por su profesora, la película desplaza el foco del hecho en sí hacia la construcción del relato: lo vivido, lo imaginado y lo escrito se confunden en un manuscrito que interpela a su madre y a su abuela, revelando tensiones generacionales y morales. Fiel a su estilo, Haugerud privilegia la palabra, la voz en off y la ironía seca para explorar la intimidad como un territorio inestable, donde realidad y fabulación conviven. Más que un cierre definitivo, Dreams expande el universo temático del director con un tono melancólico, juguetón y refinado, confirmándolo como un observador lúcido de los vínculos humanos y de las formas en que nos narramos a nosotros mismos.

08. ‘Valor Sentimental’ de Joachim Trier

Joachim Trier explora la fractura entre un padre cineasta y su hija actriz con la delicadeza de un cirujano emocional. Valor sentimental es una película sobre los silencios heredados, el duelo y el peso del pasado en los vínculos familiares. Tras la muerte de su madre, Nora se reencuentra con su padre, Gustav, un director que intenta volver al cine ofreciendo a su hija un papel que ella rechaza, profundizando una herida nunca cerrada. Trier filma esta tensión con una melancolía contenida, donde la casa familiar se convierte en un depósito de recuerdos y fantasmas. Más que un drama sobre artistas, la película es una meditación sobre el tiempo, la memoria y la dificultad de amar cuando el arte ha ocupado demasiado espacio.

07. ‘Sound of Falling’ de Mascha Schilinski

Mascha Schilinski construye en Sound of falling un poema cinematográfico sobre el trauma intergeneracional y la memoria colectiva en una Alemania rural marcada por el silencio. A través de un montaje fragmentado y un lenguaje visual cargado de símbolos, la directora entrelaza las vidas de cuatro generaciones de mujeres unidas por una misma granja, convertida en herida y archivo emocional. El agua, el silencio y los cuerpos funcionan como vectores de memoria, donde el dolor no se narra, se transmite. Lejos de la abstracción gratuita, Schilinski logra una experiencia sensorial densa y profundamente humana, donde cada imagen parece contener el eco de un siglo de represión y resistencia.

06. ‘Una batalla tras otra’ de Paul Thomas Anderson

Paul Thomas Anderson convierte Una batalla tras otra en un thriller febril que es, al mismo tiempo, una autopsia de la contracultura estadounidense. Adaptando libremente Vineland de Thomas Pynchon, el director usa el frenesí del cine de acción para reflexionar sobre las ruinas del activismo y la herencia fallida de las utopías revolucionarias. Leonardo DiCaprio encarna a Bob, un exrevolucionario agotado y cínico que debe proteger a su hija de un militar vengativo interpretado por Sean Penn, en un enfrentamiento que trasciende lo personal y se vuelve alegoría generacional. El caos tonal —entre comedia absurda, violencia estilizada y drama familiar— no es un defecto, sino un reflejo del colapso ideológico que retrata. Visualmente desatada y acompañada por una banda sonora abrasiva de Jonny Greenwood, la película diagnostica una nación atrapada en un ciclo interminable de luchas inconclusas. Anderson entrega una obra vibrante y melancólica a la vez: cine de acción atravesado por la incómoda pregunta de si la revolución aún es posible o solo sobrevive como un eco distorsionado del pasado.

05. ‘Orwell: 2+2=5’ de Raoul Peck

Orwell: 2+2=5 es un documental-ensayo donde Raoul Peck convierte la vida y las ideas de George Orwell en una radiografía implacable del presente global. A través de un montaje feroz y una avalancha de material de archivo, Peck demuestra que 1984 ya no funciona como advertencia futurista, sino como diagnóstico cotidiano: la manipulación del lenguaje, la reescritura de la historia y la erosión sistemática de la verdad son hoy prácticas normalizadas. Las palabras de Orwell —encarnadas con sobriedad inquietante por Damian Lewis— laten dentro del caos informativo contemporáneo, no como reliquia literaria, sino como cuerpo vivo. Peck articula una idea devastadora: las distopías del siglo XX dejaron de ser ficciones preventivas y se transformaron en manuales de poder. Sin embargo, entre la oscuridad persiste una pregunta ética crucial —¿qué hacemos ahora que ya sabemos?— que convierte al documental en algo más que una denuncia. Orwell: 2+2=5 es una obra urgente e incómoda.

It Was Just an Accident

04. ‘Fue solo un accidente’ de Jafar Panahi

Un simple accidente es, quizás, la película más íntima y despojada de Jafar Panahi. A partir de su propia experiencia de encarcelamiento, el cineasta iraní transforma el trauma personal en una meditación incómoda sobre la venganza, la justicia y la fragilidad de la ética bajo un régimen autoritario. Lejos del panfleto o la denuncia directa, Panahi opta por la ficción como espacio de catarsis y duda: un territorio donde ninguna decisión es limpia y toda acción arrastra consecuencias irreversibles. El detonante es mínimo y devastador: Vahid, un mecánico, cree reconocer por la voz al agente que lo torturó en prisión. Ese posible reconocimiento —incierto, frágil— basta para activar una cadena de dilemas morales que involucra a otros ex presos, todos marcados por la misma violencia estatal. Panahi construye el relato desde la ambigüedad: nunca confirma del todo la identidad del torturador ni idealiza a las víctimas. Al contrario, las muestra atravesadas por el miedo, la rabia y la duda, tan humanas como contradictorias. Un simple accidente no busca respuestas, sino exponer las cicatrices invisibles que deja la represión y recordarnos que, bajo el autoritarismo, incluso la justicia puede convertirse en otra forma de violencia.

Hamnet

03. ‘Hamnet’ de Chloé Zhao

Hamnet confirma a Chloé Zhao como una cineasta capaz de traducir lo inefable al lenguaje del cine. Al adaptar la novela de Maggie O’Farrell, Zhao desplaza el foco de Shakespeare hacia Agnes, convirtiendo el duelo por la pérdida de su hijo en una meditación silenciosa sobre el dolor, la memoria y la creación artística. Más que narrar un hecho histórico, la película captura la textura emocional de la pérdida: un murmullo constante que se filtra en cada gesto, cada paisaje, cada pausa. Con una puesta en escena contemplativa y una fotografía bañada en luz natural, Zhao filma el duelo como un estado del cuerpo y del entorno. La naturaleza no es decorado, sino extensión del mundo interior de Agnes. Jessie Buckley ofrece una actuación devastadora y contenida, construyendo a una mujer de fuerza instintiva que aprende a convivir con lo irreparable, mientras Paul Mescal aporta una fragilidad introspectiva que convierte el arte en respuesta al silencio.

Resurrection

02. ‘Resurrection’ de Bi Gan

Resurrection consolida a Bi Gan como uno de los cineastas más visionarios del cine contemporáneo. Más que narrar una historia, la película convierte el sueño en una reflexión sobre el propio cine: su memoria, su evolución y su capacidad de reinventarse. Bi Gan no representa la realidad, la disuelve en imágenes que flotan entre el recuerdo, la fantasía y la historia, proponiendo una experiencia que se habita más que se observa. La premisa —un mundo donde los humanos han perdido la capacidad de soñar y una criatura que aún la conserva— funciona como metáfora de la desaparición de la imaginación. A partir de ella, el film se despliega como un viaje onírico por el siglo XX chino, donde cada sueño corresponde a una época y a una forma distinta de entender el cine. Dividida en capítulos sensoriales, Resurrection concibe el cine como percepción pura, liberada de la lógica narrativa tradicional. Bi Gan dialoga con Murnau, Dreyer, Wong Kar-wai o Tarkovski desde la transformación y no desde la cita, culminando en un hipnótico plano secuencia final de 36 minutos donde la narración se disuelve por completo.

01. ‘No Other Choice’ de Park Chan-wook

Sin dudas, la mejor película del 2025. Con No Other Choice, Park Chan-wook convierte la sátira de Donald E. Westlake en una fábula brutal sobre la crisis del trabajo, la masculinidad herida y la deshumanización del capitalismo tardío. Más que una adaptación, la película es una relectura feroz que transforma el desempleo en tragedia existencial: cuando el sistema ya no necesita a las personas, solo les deja la ilusión de que aún tienen “opción”. Lee Byung-hun encarna a Man-su como un hombre patético y profundamente humano, atrapado en la confusión entre productividad y dignidad. Park filma su descenso con una ironía quirúrgica: la violencia es torpe, casi ridícula, y cada asesinato fallido expone no tanto maldad como impotencia. El protagonista no mata por ambición, sino por desesperación; no busca poder, sino sentido. En ese gesto, No Other Choice disecciona una masculinidad incapaz de reinventarse fuera del trabajo.

A diferencia de la versión de Costa-Gavras, Park amplía el horizonte hacia lo industrial y lo ecológico. La automatización emerge como el verdadero antagonista: no solo elimina empleos, sino también la necesidad misma del ser humano. La imagen final —una fábrica funcionando sin personas— condensa la tesis del film: el capitalismo ha alcanzado su forma perfecta cuando incluso la violencia deja de requerir cuerpos. Park Chan-wook entrega una obra tan incómoda como reveladora. No Other Choice no habla solo de un hombre que pierde su trabajo, sino de un mundo donde perderlo equivale a desaparecer.

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