El accidente de piano | Review

El accidente de piano utiliza el cuerpo indolente de una influencer convertida en fenómeno viral para observar, con humor negro y brutalidad seca, la lógica de la fama digital a través de una actuación deliberadamente anti-seductora de Adèle Exarchopoulos. 
El accidente de piano (2025)
Puntuación: ★★★
Dirección: Quentin Dupieux
Reparto: Adèle Exarchopoulos, Sandrine Kiberlain y Jérôme Commandeur.
Disponible en Mubi

Quentin Dupieux vuelve a insistir en su método: velocidad, control autoral casi absoluto y una provocación que nunca se disculpa. El accidente de piano se inscribe con comodidad en esa filmografía hecha de ideas contundentes, premisas absurdas y una voluntad deliberada de incomodar, esta vez enfocada en el ecosistema de la fama digital y la violencia convertida en espectáculo.

Magalie Moreau, alias Magaloche, es una influencer cuya insensibilidad congénita al dolor se convierte en mercancía viral. Golpes, atropellos y caídas que funcionan como contenido, en una lógica que remite directamente a Jackass, referencia que la película no oculta y que incluso celebra explícitamente en sus créditos. Sin embargo, a diferencia del caos festivo de aquel referente, Dupieux filma estos accidentes con una frialdad que subraya su costado mecánico, repetitivo y vacío: la violencia no libera, solo acumula vistas.

Adèle Exarchopoulos realiza aquí uno de los ejercicios más conscientes de auto-negación de su magnetismo. Con un look deliberadamente antiestético, una dicción irritante y una corporalidad autoritaria, compone un personaje desagradable, cruel y narcisista, que descarga su poder sobre Patrick, su asistente personal. Jérôme Commandeur encarna esa figura subordinada como un cuerpo dócil, casi descartable, reforzando una dinámica de abuso que funciona tanto en clave de humor negro como de comentario social.

El retiro a la cabaña nevada en el norte de Francia introduce una pausa engañosa. El aislamiento no purifica ni transforma a Magalie; simplemente desplaza el conflicto. Allí emergen dos elementos centrales: el pago millonario para encubrir el accidente del piano —revelado tardíamente mediante un flashback— y el chantaje de una periodista, interpretada por Sandrine Kiberlain, que conoce la verdad y exige una entrevista exclusiva. Dupieux articula este triángulo como una negociación de poder donde nadie busca justicia, solo control del relato.

Formalmente, la película exhibe los rasgos reconocibles del mejor Dupieux: humor absurdo, violencia seca, montaje preciso y una irreverencia que bordea lo cruel. Hay escenas que destellan una lucidez feroz, momentos donde el delirio alcanza una potencia crítica genuina. No obstante, esos arrestos aparecen como espasmos más que como un movimiento sostenido. La película avanza, golpea, provoca… y se retira antes de profundizar.

Ahí reside su principal límite. El accidente de piano observa la fama, la viralidad y el patetismo contemporáneo con sarcasmo y brutalidad, pero sin ofrecer una mirada que realmente amplíe lo ya conocido. Dupieux parece más interesado en el gesto corrosivo que en la elaboración de una crítica profunda hacia este mundo de la fama digital. El resultado es un film feroz y entretenido, incluso irresistible por momentos, pero también ligero en el sedimento que deja.

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