Baja de paternidad | Review

Baja de paternidad es un drama íntimo y contenido sobre el reencuentro entre una adolescente y el padre que nunca conoció, interpretado por un brillante y contenido Luca Marinelli. 
Baja de paternidad (2025)
Puntuación: ★★★½
Dirección: Alissa Jung
Reparto: Luca Marinelli, Juli Grabenhenrich, Arturo Gabbriellini, Joy Falletti Cardillo y Lucrezia Gaia Rinaldi
Disponible en VOD

En su debut como directora, Alissa Jung opta por un gesto poco ruidoso pero significativo: hablar de los padres ausentes en un momento en que el cine contemporáneo parece concentrarse, con razón, en las figuras maternas. Baja de paternidad es una película pequeña, consciente de sus límites, que apuesta por la intimidad y la observación antes que por el conflicto explícito o la catarsis emocional.

La historia sigue a Leo, una adolescente alemana de quince años que descubre por azar la identidad de su padre y decide buscarlo sin avisar a nadie. El viaje la conduce a un paisaje invernal de la costa adriática italiana, donde Paolo vive entre un chiringuito, una furgoneta y una vida aparentemente resuelta que no contempla su existencia. El reencuentro es incómodo, áspero y profundamente desigual: ella necesita respuestas y reconocimiento; él apenas logra sostener la culpa y el miedo a repetir errores.

Jung construye el relato como un proceso de iniciación doble y contenido. No hay grandes giros dramáticos ni revelaciones estruendosas, sino una acumulación de silencios, miradas y pequeños gestos que definen la relación. La película evita el subrayado y el melodrama fácil, y encuentra su mayor fuerza en la honestidad con la que observa ese vínculo fallido, sin idealizar ni demonizar a ninguno de sus protagonistas.

La verdadera revelación del film es la niña Juli Grabenhenrich. Su mirada —implorante, dura, vulnerable— sostiene el peso emocional de la historia. Hay escenas mínimas que condensan el conflicto con una precisión notable: Leo observando desde la furgoneta cómo Paolo canta a su hija menor, o el abrazo torpe y cargado de ambigüedad en el bosque. Jung confía en esos momentos y les permite respirar, entendiendo que la adolescencia es, muchas veces, un territorio de emociones sin nombre.

Luca Marinelli aporta un contrapeso esencial. Su Paolo encarna una fragilidad masculina contemporánea: un hombre paralizado ante la paternidad, incapaz de asumir responsabilidades pasadas sin poner en riesgo el precario equilibrio de su presente. Marinelli compone el personaje desde la contención y el cansancio, sin buscar redención fácil, lo que refuerza el tono seco y melancólico del film.

El paisaje de Marina Romea no es un simple fondo: el invierno, el mar helado, las dunas y los pantanos del delta del Po funcionan como una extensión emocional de los personajes. La fotografía de Carolina Steinbrecher captura esa atmósfera con sensibilidad, especialmente en los primeros planos de Leo, donde el entorno parece reflejar su estado interior. Sin embargo, algunos elementos simbólicos —como los flamencos y su paternidad cooperativa— resultan algo subrayados que no terminan de integrarse orgánicamente al discurso.

Sin dudas, la película encuentra su fortaleza en la observación íntima, misma que también revela allí su principal debilidad. Los enfrentamientos entre padre e hija suceden sin una progresión dramática clara, y el relato duda a la hora de profundizar en las implicancias emocionales y éticas de la paternidad ausente. Al final, Baja de paternidad conmueve más por lo que sugiere que por lo que desarrolla.

Aun así, la ópera prima de Alissa Jung se impone por su honestidad y modestia. Es un film sensible, directo y sin retórica, que entiende que no todas las heridas se cierran ni todas las respuestas llegan. En esa renuncia al cierre reconfortante reside tanto su fragilidad como su mayor virtud.

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