Un filme que destaca por transformar la acción en una extensión del ballet, utilizando coreografías estilizadas como su principal atractivo. Aunque su historia es simple la dirección apuesta por el ritmo y la fisicalidad.
Lindas y letales (2026)
Puntuación:★★★
Dirección: Vicky Jewson
Reparto: Maddie Ziegler, Uma Thurman, Iris Apatow, Lana Condor y Millicent Simmonds
Disponible en Prime Video
Dentro de un panorama saturado de thrillers de acción que repiten fórmulas hasta el agotamiento, Lindas y letales (Pretty Lethal) encuentra su identidad no en la complejidad de su historia, sino en la forma en que convierte el movimiento en lenguaje narrativo. Desde su premisa —un grupo de bailarinas atrapadas en un tipo casino remoto tras un accidente— la película parece apuntar hacia un survival convencional, pero rápidamente deja claro que su verdadero interés está en coreografiar la violencia.
Jewson entiende algo clave: no se trata de hacer una película “sobre bailarinas que pelean”, sino de integrar la lógica del ballet dentro del combate. Aquí, cada enfrentamiento tiene ritmo, cadencia y precisión. Los cuerpos no solo golpean: giran, se deslizan, caen y se levantan con una elegancia que transforma la brutalidad en espectáculo estilizado. Esa mezcla —ballet y violencia— es lo que eleva a la película por encima de su guion funcional, que en varios momentos se apoya en arquetipos demasiado básicos.
En este sentido, Lindas y letales logra lo que propuestas recientes como From the World of John Wick: Ballerina no supieron consolidar: hacer del ballet un elemento estructural de la acción y no un simple adorno estético. Mientras aquella apenas insinuaba su premisa, aquí las coreografías son el núcleo. Las zapatillas convertidas en armas, los giros usados como esquivas, y la resistencia física de las bailarinas —producto de una disciplina muchas veces subestimada— dotan a cada secuencia de una coherencia interna que resulta sorprendentemente efectiva.

No es casual que, incluso en sus momentos más caóticos, la película conserve una sensación de control. Hay una conciencia clara del espacio y del cuerpo, como si cada escena estuviera pensada desde la lógica de un escenario más que desde la de un campo de batalla. Esto le da una personalidad propia, alejándola del cinismo excesivo que domina gran parte del cine de acción contemporáneo.
El reparto joven —con nombres como Lana Condor, Maddie Ziegler y Millicent Simmonds— cumple con solvencia dentro de personajes que no siempre tienen profundidad, pero que encuentran en lo físico su mejor herramienta expresiva. En contraste, Uma Thurman como la villana Devora aporta un aire de teatralidad que roza el exceso, aunque se queda a medio camino de abrazar completamente el tono camp que la película, por momentos, parece pedir.
El ritmo ágil —apenas 90 minutos— juega a favor de una propuesta que no pretende ser más de lo que es. Y ahí reside otra de sus virtudes: Lindas y letales no busca solemnidad. Se entrega al juego, a la exageración controlada y al placer de ver cómo una idea aparentemente absurda se ejecuta con convicción. Incluso cuando coquetea con clichés o decisiones narrativas cuestionables, su energía nunca decae.
Puede que no esté a la altura de referentes del género como John Wick en términos de impacto o sofisticación, pero tampoco lo necesita. Su valor está en ofrecer una variación estilística que, aunque ligera, resulta refrescante. En un ecosistema donde muchas películas de acción se sienten intercambiables, esta apuesta por la fisicalidad coreográfica le da una ventaja pequeña pero elegante.