Verity: La sombra de un engaño – El verdadero misterio de Verity es por qué perdió su misterio

Verity tenía todos los elementos para convertirse en un thriller psicológico provocador, pero su adaptación termina diluyendo buena parte de la ambigüedad que hacía atractiva la novela, dejando el misterio y la tensión en segundo plano.
Verity (2026)
Puntuación:★★½
Dirección: Michael Showalter
Reparto: Anne Hathaway, Dakota Johnson, Josh Hartnett y Ismael Cruz Cordova 
Disponible en
 cines

El mayor problema de Verity no es que se tome libertades con la novela de Colleen Hoover, sino qué decide sacrificar en el proceso. Llevar una novela a la pantalla siempre implica condensar personajes, eliminar situaciones y reorganizar acontecimientos, pero en el caso de Verity, esas decisiones terminan afectando precisamente aquello que hacía atractiva la historia: la incertidumbre. La película de Michael Showalter tiene entre manos un thriller construido alrededor de una pregunta sencilla pero efectiva: ¿quién está diciendo la verdad? El problema es que su adaptación parece demasiado interesada en llegar a las respuestas como para disfrutar de la duda.

Dakota Johnson interpreta a Lowen Ashleigh, una escritora con dificultades económicas que recibe una propuesta difícil de rechazar: convertirse en la escritora fantasma de Verity Crawford, una autora de bestsellers que quedó incapacitada después de un accidente. Para completar el trabajo, Lowen debe instalarse en la casa de los Crawford, donde descubre un manuscrito que contiene revelaciones inquietantes sobre la familia. A partir de ahí, la historia debería convertirse en un juego de sospechas, manipulaciones y secretos, mientras Lowen intenta determinar qué ocurrió realmente y hasta dónde puede confiar en las personas que la rodean.

Hay elementos suficientes para construir un thriller psicológico bastante entretenido. La casa aislada, la escritora misteriosa, el marido aparentemente perfecto y una protagonista que poco a poco comienza a descubrir que nada es lo que parece forman un escenario ideal para el género. Incluso aparecen ecos de historias como Rebecca y del cine de Brian De Palma. La película sabe aprovechar esa atmósfera en algunos momentos, especialmente durante sus primeros compases, cuando todavía existe la sensación de que cualquier personaje puede estar ocultando algo.

El problema es que Verity comienza a deshacerse a medida que avanza. La adaptación elimina o modifica elementos importantes del libro y suaviza buena parte de aquello que hacía más perturbadora la historia original. Esa decisión no necesariamente sería un problema si la película encontrara una alternativa capaz de generar la misma tensión, pero no lo consigue. Al reducir las zonas grises, también reduce el espacio para que el espectador sospeche, interprete y cambie de opinión.

En su lugar, el guion de Nick Antosca pone demasiado énfasis en la relación entre Lowen y Jeremy Crawford. La química entre Dakota Johnson y Josh Hartnett funciona y la película claramente quiere aprovecharla, pero la sexualización de la relación ocupa demasiado espacio dentro de una historia que necesita construir tensión. Lo que debería sentirse incómodo y peligroso termina acercándose por momentos a un romance adulto con elementos de suspenso, y esa transformación le resta personalidad al thriller.

Tampoco ayuda el ritmo. La película parece tener prisa por pasar de una revelación a otra, cuando justamente este tipo de historia necesita tiempo para sembrar dudas. Los personajes entran y salen de la trama sin que siempre quede claro qué función cumplen, y algunas situaciones que deberían tener consecuencias importantes son resueltas con demasiada facilidad. El caso de la enfermera interpretada por Irina Dvorovenko es particularmente frustrante: aparece como una posible pieza importante del misterio, pero desaparece antes de que la película consiga hacer algo interesante con ella.

Las actuaciones, por su parte, son probablemente uno de los aspectos más sólidos. Dakota Johnson encuentra en Lowen una mezcla efectiva de vulnerabilidad y determinación, mientras Josh Hartnett aprovecha la ambigüedad de Jeremy para construir a un personaje que resulta atractivo precisamente porque nunca termina de sentirse completamente confiable. Anne Hathaway, como Verity, tiene el desafío más complicado: buena parte de su presencia depende de cuánto queramos creer o desconfiar de ella. Cuando la película le permite jugar con esa incertidumbre, Hathaway resulta mucho más interesante.

También hay algunos momentos de humor que funcionan mejor de lo esperado y evitan que la película se vuelva completamente solemne. El problema es que esos pequeños aciertos no consiguen compensar una estructura que pierde fuerza conforme se acerca al desenlace.

Y es precisamente en el tercer acto donde Verity termina de mostrar sus debilidades. La existencia de dos manuscritos debería abrir la puerta a una ambigüedad fascinante, pero la película no encuentra una manera convincente de convertir esa idea en un verdadero conflicto. En lugar de dejar al espectador atrapado entre diferentes posibilidades, el final parece confiar demasiado en que la simple falta de una respuesta definitiva será suficiente para resultar intrigante. La ambigüedad funciona cuando abre preguntas; aquí, por momentos, parece simplemente evitar responderlas.

Eso deja una sensación particularmente extraña para quienes conocen la novela. Verity no necesitaba ser una adaptación completamente fiel para funcionar, pero sí necesitaba conservar el espíritu de desconfianza que hacía que la historia original resultara tan adictiva. Al eliminar personajes, suavizar situaciones y centrar buena parte del relato en el romance entre Lowen y Jeremy, la película simplifica una historia que necesitaba precisamente lo contrario: más dudas, más incomodidad y más espacio para sospechar de todos.

Para quienes lleguen sin conocer el libro, probablemente Verity resulte más sencilla de disfrutar como un thriller romántico con algunos giros y una buena dosis de tensión doméstica. Para quienes esperaban una adaptación capaz de trasladar a la pantalla la naturaleza más perturbadora y ambigua de la novela, la experiencia puede resultar decepcionante.

Verity tenía todos los ingredientes para convertirse en un thriller psicológico provocador: una casa de lujo aislada, una escritora atrapada entre secretos familiares, una autora cuya versión de los hechos nunca puede darse por cierta y un marido que parece demasiado perfecto para ser completamente inocente. Pero al intentar simplificar el material de Colleen Hoover, la película termina sacrificando su ingrediente más importante: la duda. Y cuando un thriller deja de hacernos preguntar quién está diciendo la verdad, también empieza a perder buena parte de su razón de ser.

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