Travis Knight, confirma el talento de Laika para crear mundos extraordinarios mediante la animación stop-motion. Con una aventura fantástica inspirada en los cuentos clásicos, una protagonista que descubre su propia fortaleza y un despliegue visual artesanal impresionante.
FICM 2026 | Wildwood (2026)
Puntuación: ★★★★★
Dirección: Travis Knight
Animanación
Laika vuelve a demostrar que la animación stop-motion puede alcanzar una belleza y una riqueza visual extraordinarias. Con Wildwood, Travis Knight construye una aventura fantástica que recupera el encanto de los cuentos clásicos, pero lo combina con una imaginación desbordante, criaturas fascinantes y una oscuridad que le da personalidad propia. Es una de esas películas que invitan a detenerse en cada escenario para descubrir nuevos detalles y que recuerdan por qué el cine animado todavía tiene mucho que ofrecer cuando se atreve a explorar caminos diferentes.
La historia sigue a Prue McKeel, una niña de doce años cuya vida cambia por completo cuando una bandada de cuervos secuestra a su hermano pequeño, Mac. Decidida a encontrarlo, se adentra en Wildwood, un bosque oculto en las afueras de Portland, Oregón, acompañada por Curtis Mehlberg, su torpe pero leal compañero de clase. Allí descubre un mundo desconocido, poblado por animales parlantes, criaturas extraordinarias, bandidos y personajes atrapados en una lucha por el poder que amenaza con alterar el equilibrio del lugar. Lo que comienza como una desesperada misión de rescate termina convirtiéndose en una aventura de descubrimiento, valentía y crecimiento personal.
Uno de los grandes aciertos de Wildwood es la manera en que transforma una premisa clásica en una experiencia llena de personalidad. El viaje de Prue remite a esas historias en las que los protagonistas atraviesan una frontera hacia un territorio mágico, donde las reglas del mundo conocido dejan de tener sentido. Sin embargo, la película no se limita a reproducir fórmulas conocidas: construye un universo con identidad propia, donde la belleza de la naturaleza convive con peligros inesperados y donde cada encuentro abre la puerta a nuevas posibilidades. Prue debe aprender a confiar en sí misma, enfrentarse a sus temores y descubrir que posee una determinación mucho mayor de la que imaginaba. Su recorrido le da al relato una dimensión emocional que sostiene la aventura incluso cuando esta alcanza proporciones épicas.
La película también destaca por la riqueza de sus referencias. En su imaginario se encuentran ecos de Las crónicas de Narnia, Alicia en el país de las maravillas y los cuentos de hadas de los hermanos Grimm, con esa combinación de maravilla, extrañeza y peligro que caracterizaba a las historias tradicionales antes de que se suavizaran para el público infantil. También hay algo de Laberinto, de Jim Henson, en la creación de un mundo poblado por seres singulares; del cine de Hayao Miyazaki en la relación entre los personajes y la naturaleza; y de Los pájaros, de Alfred Hitchcock, en la inquietud que provoca la amenaza de los cuervos. Cuando la historia alcanza su clímax, la escala de sus enfrentamientos evoca las grandes batallas de El señor de los anillos. Estas influencias no le restan personalidad a la película; al contrario, contribuyen a construir una fantasía que se siente conectada con una larga tradición de relatos sobre mundos desconocidos y viajes extraordinarios.

Pero el verdadero espectáculo está en la animación. Laika vuelve a demostrar un dominio excepcional del stop-motion, aprovechando las posibilidades de esta técnica para dar una presencia física y una textura particular a cada elemento. Los escenarios parecen hechos para ser recorridos, los personajes tienen una expresividad que nace de sus formas y movimientos, y el bosque adquiere una personalidad propia gracias a la atención que recibe cada detalle. La película invita a observar las superficies, los materiales, la vegetación y las criaturas que habitan este universo. No se trata solamente de admirar cuánto trabajo hay detrás de cada plano, sino de comprobar cómo ese esfuerzo se traduce en una experiencia cinematográfica envolvente.
La magnitud del proyecto resulta especialmente impresionante por la naturaleza artesanal de su producción. La película requirió años de trabajo, cientos de marionetas y una extensa variedad de decorados físicos. Cada escenario contribuye a la sensación de estar ante un mundo que existe más allá de lo que la cámara muestra, con rincones que parecen guardar sus propias historias. Esa materialidad distingue a Wildwood de buena parte de la animación contemporánea y demuestra que el stop-motion sigue teniendo posibilidades expresivas enormes. Laika no utiliza la técnica como una simple curiosidad visual, sino como el fundamento de su propuesta artística.
En una industria donde la animación digital domina buena parte de la producción, Wildwood representa una apuesta especialmente valiosa. Su elaboración exige tiempo, precisión y una dedicación que difícilmente puede acelerarse sin alterar la esencia del proceso. Esa apuesta se percibe en la pantalla grande, donde la riqueza de los escenarios y la complejidad de sus criaturas pueden apreciarse plenamente. La película celebra el trabajo artesanal sin renunciar a la espectacularidad y demuestra que una historia fantástica puede ser visualmente deslumbrante sin depender de una estética digital uniforme. Es una forma de resistencia creativa que merece reconocimiento, sobre todo porque mantiene viva una tradición cinematográfica que requiere una enorme inversión de recursos y talento.
La dirección de Travis Knight aprovecha esa riqueza para construir una aventura que cambia constantemente de escala. Hay momentos de descubrimiento y humor, pasajes inquietantes y secuencias de acción que convierten el bosque en un escenario de proporciones épicas. La película no teme incorporar elementos oscuros ni poner a sus personajes frente a peligros reales, una decisión que la acerca al espíritu de los cuentos clásicos y evita que su universo se sienta excesivamente edulcorado. El resultado es una fantasía con carácter, capaz de sorprender tanto por la belleza de sus imágenes como por la intensidad de algunas de sus situaciones.

La música de Dario Marianelli acompaña ese recorrido y contribuye a darle amplitud emocional a la aventura. Su presencia ayuda a conectar los momentos más íntimos con las secuencias de mayor escala, reforzando la sensación de que Prue está atravesando un mundo que supera todo lo que conocía. A su vez, la relación entre ella y Curtis aporta cercanía y ligereza a una historia que podría resultar demasiado solemne. La determinación de Prue encuentra un contrapunto en la torpeza de su compañero, y esa dinámica recuerda que, incluso en medio de los mayores peligros, la amistad puede convertirse en una de las herramientas más importantes para seguir adelante.
La ambición de Wildwood también se refleja en su duración de 132 minutos y en la amplitud de su universo. La película se toma el tiempo necesario para presentar sus criaturas, explorar sus escenarios y desarrollar los conflictos que amenazan al bosque. Aunque semejante extensión puede exigir paciencia a algunos espectadores, también permite que el mundo tenga una dimensión que va más allá de la aventura central. Su tono oscuro, además, la acerca a un público dispuesto a disfrutar de una fantasía que no necesita convertir cada situación en una experiencia cómoda o previsible. Es una película que confía en la capacidad de los espectadores para dejarse llevar por una historia llena de matices.
Esa personalidad también convierte a Wildwood en una apuesta distinta dentro del cine familiar. No todo está diseñado para ofrecer una respuesta inmediata ni para simplificar los conflictos. La película apuesta por el misterio, la exploración y la posibilidad de que un mundo fantástico sea hermoso y amenazante al mismo tiempo. Esa combinación puede resultar menos convencional, pero también es parte de lo que hace que la propuesta sea memorable. Laika demuestra que el cine animado puede seguir ampliando sus posibilidades cuando encuentra creadores dispuestos a asumir riesgos y a confiar en una visión artística propia.
Wildwood es una de las grandes celebraciones de la imaginación artesanal de Laika: una aventura visualmente deslumbrante, con una protagonista que descubre su propia fortaleza y un universo que parece construido para despertar la curiosidad en cada plano. Travis Knight y Chris Butler combinan la tradición de los cuentos clásicos con una escala épica y una identidad visual inconfundible. Su ambición puede ser enorme, pero también lo es su capacidad para provocar asombro. En una época en la que muchas producciones animadas buscan distinguirse mediante la espectacularidad digital, Wildwood recuerda que todavía hay algo extraordinario en ver cómo un mundo entero cobra vida a través de objetos reales, movimientos meticulosos y una imaginación sin límites. Laika vuelve a jugar en su propia liga.