Ryûsuke Hamaguchi construye un drama íntimo sobre la amistad inesperada entre dos mujeres que encuentran en sus conversaciones una oportunidad para cuestionar sus ideas y transformar su manera de entender el mundo.
FICM 2026 | All of a Sudden (2026)
Puntuación: ★★★★½
Dirección: Ryûsuke Hamaguchi
Reparto: Virginie Efira, Tao Okamoto, Kyozo Nagatsuka, Kodai Kurosaki
En su nueva película, Ryûsuke Hamaguchi explora la conexión inesperada entre dos mujeres que, pese a venir de mundos distintos, encuentran en sus conversaciones una forma de reconocerse y acompañarse. Marie-Lou, directora de una residencia para adultos mayores, está acostumbrada a defender sus ideales frente a un entorno que constantemente pone obstáculos a sus iniciativas. Mari, una directora de teatro japonesa que atraviesa una enfermedad terminal, llega a su vida en un momento de desgaste y termina convirtiéndose en alguien con quien puede compartir inquietudes, cuestionar sus propias certezas y descubrir otras maneras de entender el mundo. A partir de esta amistad, Hamaguchi construye una reflexión sobre la empatía, la mortalidad y el valor de esos vínculos que, aunque surjan de manera inesperada, pueden cambiar profundamente nuestra vida.
En París, Marie-Lou Fontaine intenta implementar en la residencia que dirige un modelo de atención basado en la escucha, el respeto y la dignidad de sus residentes. Su compromiso es genuino, pero llevarlo a la práctica resulta mucho más complicado de lo que imaginaba. La falta de recursos, las exigencias administrativas y la resistencia de algunos trabajadores ponen a prueba sus convicciones. Aunque defiende una filosofía humanista, Marie-Lou tampoco es una figura perfecta: su determinación puede convertirse en arrogancia y le cuesta reconocer las dificultades de quienes deben acompañarla en ese proceso.
En medio de ese desgaste aparece Mari Morisaki. Después de asistir a una de sus obras, Marie-Lou siente la necesidad de acercarse a ella. Lo que comienza como una conversación después de una función termina extendiéndose durante toda la noche. Entre diferencias culturales, idiomas y experiencias de vida, ambas descubren una afinidad inesperada que pronto se transforma en una amistad profundamente significativa.
Hamaguchi encuentra en esas conversaciones el verdadero corazón de la película. A través de ellas, las protagonistas intercambian ideas sobre la política, el capitalismo, la democracia, el arte, la muerte y la responsabilidad que tenemos con los demás. No son diálogos que busquen ofrecer respuestas definitivas, sino abrir espacios para cuestionar aquello que damos por sentado. La película entiende que una conversación puede ser también una forma de intimidad, un lugar donde dos personas se permiten disentir, escucharse y descubrir nuevas maneras de comprenderse.

Como en buena parte de su filmografía, el director japonés demuestra una extraordinaria capacidad para encontrar tensión y emoción en situaciones aparentemente sencillas. Su puesta en escena es paciente y observadora, pero nunca distante. La extensa secuencia en la que Marie-Lou y Mari recorren París y continúan conversando durante horas es uno de los momentos más logrados: Hamaguchi permite que la relación se desarrolle sin apresurarla, confiando en la fuerza de las palabras, los silencios y los pequeños gestos. Es una película que exige tiempo y disposición, pero recompensa al espectador que acepta acompañar a sus personajes.
También resulta interesante la manera en que conecta las preocupaciones de ambas mujeres. Marie-Lou intenta mejorar las condiciones de vida de personas que muchas veces han perdido la posibilidad de expresarse o ser escuchadas, mientras Mari encuentra en el teatro una herramienta para cuestionar la realidad y provocar cambios. Sus trabajos parecen distintos, pero comparten una misma inquietud: cómo hacer que la existencia de los demás sea un poco más digna. En ese sentido, la amistad entre ellas no solo representa un refugio emocional, sino también una oportunidad para revisar sus propias convicciones.
Virginie Efira y Tao Okamoto son fundamentales para que esta relación funcione. Efira construye una Marie-Lou comprometida y apasionada, pero también contradictoria, capaz de mostrar una faceta menos amable cuando sus ideales chocan con la realidad. Okamoto, por su parte, aporta a Mari una vitalidad extraordinaria, sin ocultar la melancolía de alguien que sabe que su tiempo es limitado. La química entre ambas es natural y convincente; sus personajes no necesitan compartir una historia extensa para establecer una cercanía que termina resultando conmovedora.
Aunque la enfermedad de Mari introduce una dimensión inevitablemente dolorosa, Hamaguchi evita convertirla en un recurso para manipular las emociones del espectador. La película mantiene una sensibilidad serena, incluso cuando se acerca a cuestiones tan difíciles como la mortalidad, la pérdida y el miedo a dejar de existir. Su mayor virtud está precisamente en no forzar los sentimientos: deja que los momentos más emotivos encuentren su propio peso y que la relación entre las protagonistas sea suficiente para sostenerlos.
Con una duración extensa, All of a Sudden puede resultar exigente para quienes esperan una narración más convencional o un desarrollo dramático constante. Sin embargo, su ritmo pausado responde a una intención clara: permitir que conozcamos a estas mujeres, que escuchemos sus ideas y que comprendamos por qué un encuentro aparentemente casual puede adquirir tanta importancia. Hamaguchi firma una obra sensible y profundamente humana sobre la amistad, la curiosidad y la capacidad de encontrar compañía incluso en los momentos más inciertos. Una película que nos recuerda que algunas personas no necesitan permanecer toda la vida a nuestro lado para dejar una huella imborrable.