Sebastián Lelio: el cineasta que llevó las historias de los invisibles hasta lo más alto del cine mundial

El director chileno, ganador del Óscar por Una mujer fantástica, falleció a los 52 años. Su filmografía, marcada por la defensa de la libertad, la identidad y la dignidad humana, deja una huella fundamental en el cine latinoamericano e internacional.

El cineasta Sebastián Lelio, una de las figuras más importantes del cine chileno contemporáneo, falleció este viernes 6 de noviembre a los 52 años. La noticia fue confirmada por su familia mediante un comunicado difundido por su pareja, la actriz Amalia Kassai, en el que informaron que su muerte se produjo por «motivos de salud», sin ofrecer detalles sobre una causa médica específica. La familia también pidió respeto por su intimidad durante este momento de duelo.

La partida de Lelio representa una pérdida significativa para el cine latinoamericano, pero también para una cinematografía internacional que encontró en su trabajo una mirada singular, capaz de combinar sensibilidad, riesgo narrativo y compromiso social. A lo largo de su carrera, el director construyó una filmografía interesada en explorar la identidad, el deseo, la libertad individual, las contradicciones sociales y las relaciones humanas, prestando especial atención a personajes que históricamente habían permanecido al margen de los relatos tradicionales.

Nacido el 8 de marzo de 1974 en Mendoza, Argentina, Lelio se trasladó a Chile junto a su familia cuando tenía apenas dos años. Después de una breve incursión en el periodismo, estudió cine en la Universidad de Chile, donde comenzó a desarrollar una vocación cinematográfica que terminaría convirtiéndolo en uno de los realizadores más reconocidos de su generación.

Su debut en el largometraje llegó con La sagrada familia (2006), una película filmada en apenas tres días que comenzó a llamar la atención en el circuito internacional de festivales. Posteriormente dirigió Navidad (2009) y El año del tigre (2011), trabajos que fueron consolidando una voz autoral interesada en los conflictos íntimos, las estructuras familiares y las tensiones que atraviesan a sus personajes.

La sagrada familia (2006)

El primer gran reconocimiento internacional llegó con Gloria (2013), protagonizada por Paulina García. El retrato de una mujer de mediana edad que busca recuperar el control de su vida afectiva y personal conquistó a la crítica internacional y le otorgó a García el Oso de Plata a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Berlín. La película fue también una declaración de principios sobre el tipo de historias que interesaban a Lelio: personajes complejos, imperfectos y profundamente humanos, cuyas experiencias merecían ocupar el centro de la pantalla.

Sin embargo, su consagración definitiva llegaría con Una mujer fantástica (2017), protagonizada por Daniela Vega. La historia de Marina, una mujer trans que debe enfrentarse a la discriminación y los prejuicios después de la muerte de su pareja, se convirtió en un acontecimiento cinematográfico y cultural. La película ganó el Goya a mejor película iberoamericana y, en 2018, hizo historia al convertirse en la primera producción chilena en obtener el Óscar a mejor película de habla no inglesa, hoy conocida como mejor película internacional.

Aquel reconocimiento no solamente significó el punto más alto de su trayectoria, sino que también representó un momento histórico para el cine chileno y para la representación de las identidades trans en el audiovisual internacional. Lelio recibió la estatuilla acompañado por parte de su equipo y resumió aquel logro con una frase que reflejaba su espíritu colectivo: «Somos chilenos, nos gusta actuar en manada».

Después del Óscar, el realizador amplió su recorrido internacional sin abandonar las inquietudes que habían definido su cine. Dirigió Desobediencia (2017), con Rachel Weisz y Rachel McAdams, un drama sobre el deseo, la libertad y las imposiciones de una comunidad religiosa; Gloria Bell (2018), una nueva versión de su propia película protagonizada por Julianne Moore, y El prodigio (2022), con Florence Pugh, una historia ambientada en la Irlanda del siglo XIX que reflexiona sobre la fe, la superstición y la construcción de la verdad. Con estos proyectos demostró su capacidad para trabajar con grandes figuras internacionales y trasladar su sensibilidad cinematográfica a diferentes contextos culturales.

Su trabajo más reciente fue La ola (2025), una ambiciosa propuesta musical ambientada en el movimiento feminista universitario chileno de 2018. En ella, Lelio volvió a acercarse a uno de los temas centrales de su filmografía: la lucha por la dignidad y la libertad individual frente a las estructuras de poder. A través de una puesta en escena que combina música, coreografía y reflexión política, el director exploró las contradicciones del activismo, la memoria, el consentimiento y las dificultades de encontrar justicia. Presentada en el Festival de Cannes, la película confirmó su disposición a asumir riesgos formales y a abordar debates contemporáneos sin ofrecer respuestas fáciles.

Al momento de su fallecimiento, el cineasta trabajaba en la adaptación de Poeta chileno, la novela del escritor Alejandro Zambra, un proyecto producido por Fábula y con participación de Amazon MGM Studios. La película, que exploraba las relaciones de pareja, la familia y la amistad, representaba un nuevo capítulo en una carrera que todavía tenía historias por contar.

Más allá de los premios y reconocimientos, el legado de Sebastián Lelio se encuentra en su capacidad para colocar en el centro de sus películas a personas cuyas experiencias pocas veces habían recibido semejante atención. Sus protagonistas no eran figuras perfectas ni respuestas a debates sociales: eran seres humanos atravesados por contradicciones, deseos, miedos y una necesidad profunda de encontrar su lugar en el mundo.

Desde Gloria hasta Una mujer fantástica, pasando por Desobediencia, Gloria Bell, El prodigio y La ola, Lelio defendió un cine en el que la búsqueda estética nunca estuvo separada de una mirada sobre la sociedad. Su obra contribuyó a que el cine chileno alcanzara una proyección internacional extraordinaria y demostró que las historias nacidas de una realidad local pueden conectar con espectadores de cualquier parte del mundo.

Sebastián Lelio se marcha a los 52 años, pero deja una filmografía que seguirá generando conversaciones, emociones y preguntas. Su cine no solamente abrió puertas para la cinematografía chilena: también amplió las posibilidades de representación en la pantalla y recordó que algunas de las historias más importantes son precisamente aquellas que durante demasiado tiempo no encontraron quién las contara.

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