The Liberation construye un drama profundamente humano sobre el trauma, la manipulación y la búsqueda de libertad, sostenido por una extraordinaria interpretación de Carrie Coon y una inquietante Lily James.
The Liberation (2026)
Puntuación:★★★½
Dirección: Guy Nattiv
Reparto: Carrie Coon, Lily James, Odessa Young, Bella Ramsey, Tracy Letts y Jaime Ray Newman
***screening de prensa***
Guy Nattiv construye en The Liberation un drama que encuentra su mayor fuerza en el retrato de una mujer que, después de años intentando mantener bajo control las heridas de su pasado, termina buscando respuestas en el lugar equivocado. Ambientada en los suburbios de Nueva Jersey durante los años ochenta, la película parte de una premisa vinculada al fenómeno de las sectas, pero su interés va más allá de los mecanismos de manipulación y aislamiento: lo que realmente le importa es explorar las necesidades emocionales que pueden convertir a una persona en alguien vulnerable ante la promesa de una nueva vida.
Rita (Carrie Coon) parece haber conseguido aquello que suele asociarse con una existencia estable: tiene un matrimonio, dos hijas, un hogar confortable y un trabajo en el que ha construido cierta seguridad. Sin embargo, detrás de esa aparente normalidad hay una historia de dolor que nunca ha conseguido superar. Sobreviviente de un campo de concentración nazi, perdió a sus padres y hermanos durante el Holocausto y arrastra una culpa que ni el paso del tiempo ni la vida que ha construido en Estados Unidos han logrado disipar. Su sufrimiento no siempre se manifiesta de manera evidente; aparece en silencios, reacciones y pequeños quiebres de una mujer que lleva demasiado tiempo intentando seguir adelante.
La llegada de Ricki (Lily James) altera ese equilibrio. Al frente de una comunidad integrada exclusivamente por mujeres, Ricki ofrece un espacio de aceptación, confianza y complicidad femenina. Para Rita, que se siente desconectada de sí misma y de quienes la rodean, aquella propuesta representa inicialmente una oportunidad de recuperar algo que creía perdido. La película acierta al no presentar esa atracción como una decisión incomprensible: permite entender por qué una mujer con su historia podría sentirse seducida por un entorno que, al menos en apariencia, promete escucharla sin juzgarla.
Pero esa promesa comienza a revelar su verdadera naturaleza. La comunidad se transforma progresivamente en un espacio de control, donde la libertad anunciada termina sustituida por reglas estrictas, aislamiento y dependencia emocional. Nattiv muestra cómo la manipulación no necesariamente comienza con la violencia o las imposiciones más extremas, sino con una identificación muy precisa de las carencias de otra persona. Ricki comprende qué necesita escuchar Rita y utiliza esa vulnerabilidad para convertir una búsqueda de pertenencia en una relación de sometimiento.

Uno de los mayores aciertos de The Liberation está en la manera en que aborda el trauma y la experiencia femenina sin reducirlos a un simple recurso dramático. El pasado de Rita no funciona únicamente como explicación de sus decisiones, sino como una herida que continúa condicionando su presente. También hay una reflexión sobre la mediana edad, los cambios físicos y emocionales, y esa sensación de haber cumplido con las expectativas de los demás sin necesariamente haber encontrado un lugar propio. La película entiende que la necesidad de empezar de nuevo puede ser tan poderosa como peligrosa cuando alguien consigue apropiarse de ella.
Este conflicto encuentra su mayor expresión en el extraordinario trabajo de sus protagonistas. Carrie Coon ofrece una interpretación sencillamente magistral, construida desde una enorme sensibilidad para mostrar las contradicciones de Rita. Su trabajo transita entre la fragilidad, la desesperación, la resistencia y los momentos en los que parece recuperar el control de su vida. Coon no necesita recurrir a grandes explosiones emocionales para transmitir el peso de una existencia marcada por el dolor; buena parte de la fuerza de su interpretación está precisamente en aquello que permanece contenido.
Lily James, por su parte, entrega una actuación inquietante y perturbadora, posiblemente una de las más arriesgadas de su carrera. Su Ricki posee un magnetismo que explica por qué otras mujeres pueden sentirse atraídas por ella, pero también una capacidad de manipulación que se vuelve cada vez más amenazante. James evita convertirla desde el principio en una figura abiertamente monstruosa y trabaja sobre esa ambigüedad que hace mucho más inquietante su comportamiento. El duelo interpretativo entre ambas actrices es, sin duda, el gran motor de la película: dos interpretaciones de enorme intensidad que se complementan y elevan el conflicto.
La principal reserva está en el desarrollo de la propia comuna y de Ricki. Aunque la película consigue transmitir el poder de seducción de su discurso y las consecuencias de su estructura de control, no profundiza lo suficiente en la naturaleza de la organización ni en las motivaciones que sostienen la devoción de sus integrantes. También habría sido interesante explorar con mayor detalle qué encuentra Rita en ese espacio y por qué llega a aferrarse tanto a él, incluso cuando las señales de peligro son cada vez más evidentes. Esa falta de desarrollo limita parcialmente la complejidad de un conflicto que tenía posibilidades de alcanzar una profundidad todavía mayor.
Aun así, The Liberation encuentra en sus protagonistas y en su dimensión humana razones suficientes para convertirse en una experiencia fascinante y devastadora. Guy Nattiv parte de una historia familiar —inspirada en las experiencias de su propia abuela— para construir un relato sobre las heridas que permanecen abiertas, la necesidad de pertenecer y las distintas formas en que una persona puede perder su libertad mientras cree estar recuperándola. Más que una película sobre una secta, es una historia sobre el dolor y la vulnerabilidad que pueden dejar a alguien a merced de quien promete ofrecerle una salida. Y cuando esa promesa se convierte en una nueva forma de cautiverio, lo que queda es una lucha profundamente dolorosa por recuperar la propia identidad.