Aída y vuelta | Review

Más que una simple reunión nostálgica, Aída y vuelta utiliza el universo de la serie para reflexionar sobre la industria televisiva, los límites del humor y el paso del tiempo, todo sostenido por una gran Carmen Machi. 
Aída y vuelta (2026)
Puntuación:★★★½
Dirección: Paco León
Reparto: Carmen Machi, Paco León, Miren Ibarguren, Mariano Peña, Eduardo Casanova, David Castillo y Secun de la Rosa
Disponible en cines

Construida a partir del universo de Aída, la nueva película escrita y dirigida por Paco León —junto a Fer Pérez, a partir de una historia concebida con Henar Álvarez— no funciona como simple reunión nostálgica ni como episodio alargado para fans. Es, más bien, un ejercicio de metacine que utiliza un fenómeno televisivo popular para reflexionar sobre el paso del tiempo, los límites del humor y la maquinaria industrial que sostiene la comedia.

Desde mi lugar, habiendo visto apenas episodios sueltos de la serie (en Costa Rica nunca tuvo una presencia fuerte), la experiencia no se basa tanto en la nostalgia como en la curiosidad por el dispositivo. Y allí la película encuentra su mayor virtud: alterna el rodaje de un supuesto nuevo capítulo con escenas detrás de cámaras, donde los actores interpretan versiones ficcionalizadas de sí mismos. El resultado es un juego constante entre personaje e intérprete, entre ficción de barrio y realidad laboral.

La química entre Carmen Machi y el resto del elenco —incluido el propio Paco León— sigue siendo palpable, incluso para quien no tiene una relación afectiva profunda con la serie original. Esa complicidad sostiene muchas escenas y permite que el film transite con naturalidad entre el homenaje y la distancia crítica. No se trata de repetir fórmulas, sino de preguntarse qué significa seguir haciendo lo mismo veinte años después.

Uno de los ejes más interesantes gira en torno al deseo del personaje/actriz de Machi de abandonar la serie para explorar otros proyectos. La reacción de la producción —incluida la posibilidad de recurrir a tecnología deepfake para “sustituirla”— funciona como comentario mordaz sobre la prescindibilidad del actor en la industria contemporánea. La idea de que el rostro pueda ser replicado sin el cuerpo ni la voluntad del intérprete conecta la comedia con debates actuales sobre derechos laborales y digitalización.

La película también se atreve a revisar el humor que hizo famosa a la serie. Lo que en los 2000 era incorrección desparpajada hoy se enfrenta a una sensibilidad más vigilante. El guion no esquiva ese choque generacional; al contrario, lo convierte en motor dramático. Hay discusiones sobre cancelación, denuncias de acoso y responsabilidad pública que, sin abandonar el tono ligero, sitúan la comedia en un contexto contemporáneo más complejo. A ratos, esa voluntad de abarcar demasiado diluye el ritmo, pero también le otorga una capa reflexiva que trasciende el simple reencuentro.

Formalmente, el film adopta una puesta en escena funcional, más centrada en el intercambio actoral que en la experimentación visual. El plató y el barrio ficticio de Esperanza Sur se convierten en espacios simbólicos: lugares donde el tiempo parece detenido mientras el mundo exterior cambia. Esa tensión entre permanencia y transformación es, en el fondo, el verdadero tema de la película.

Para quienes crecieron con la serie, Aída seguramente opere como un espejo emotivo. Para espectadores más distantes, como es mi caso, funciona mejor como comedia industrial autoconsciente, interesada en pensar el trabajo del cómico y la fama como formas de precariedad encubierta. No todas las capas tienen el mismo peso, y algunos guiños pueden perder fuerza fuera del contexto español, pero el conjunto se sostiene gracias a su honestidad y a la complicidad del elenco.

Más que un producto derivado, la película se afirma como una reflexión ligera pero pertinente sobre el oficio de hacer reír en tiempos donde reír ya no es tan sencillo. Entre homenaje y autocrítica, Paco León consigue que el regreso no sea solo celebración, sino también pregunta.

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