Carmen Maura, retrata con calidez la resistencia de una mujer de 79 años que se niega a abandonar su hogar en Tánger.
Calle Málaga (2025)
Puntuación: ★★★½
Dirección: Maryam Touzani
Reparto: Carmen Maura, Marta Etura, Ahmed Boulane y María Alfonsa Rosso
Disponible en VOD
El debut en español de Maryam Touzani, con guion coescrito junto a Nabil Ayouch, propone una historia sencilla pero cargada de resonancias: una mujer de 79 años que se niega a abandonar la ciudad donde ha vivido casi toda su vida. María Ángeles, interpretada por una magnética Carmen Maura, habita Tánger no como extranjera, sino como parte orgánica de su tejido cotidiano. Cuando su hija Clara (Marta Etura), desde Madrid, decide vender el apartamento familiar por necesidad económica, el conflicto no es solo inmobiliario: es existencial.
Touzani enmarca el relato como una obra luminosa sobre la resiliencia y la alegría de vivir en la vejez. Hay una calidez evidente en la manera en que la cámara —con la fotografía de Virginie Surdej— tiñe Tánger de naranjas y rosas, transformando fachadas, mercados y calles en un espacio casi afectivo. La ciudad no es decorado: es memoria, identidad, pertenencia. La película entiende que para muchas personas mayores el hogar no es solo un techo, sino un archivo emocional.
La narrativa avanza con una previsibilidad reconfortante. María, obligada a abandonar su piso e ingresar en una residencia, regresa a escondidas y pacta con el anticuario Abslam (Ahmed Boulane) la recompra progresiva de sus muebles. Este gesto —recuperar objeto por objeto— funciona como metáfora transparente: reconstruir la vida pieza a pieza. En el proceso, surge una relación amorosa tardía que Touzani filma con una delicadeza poco habitual cuando se trata de cuerpos envejecidos. La intimidad sexual entre María y Abslam, mostrada sin burla ni morbo, constituye uno de los mayores aciertos del filme: reivindica el deseo en la tercera edad sin convertirlo en provocación gratuita.
Sin embargo, donde la película gana en calidez, pierde en profundidad dramática. Algunos personajes secundarios quedan esbozados más que desarrollados, y ciertas escenas —como las conversaciones con la Hermana Josefa, amiga de la infancia convertida en monja de clausura— parecen dispositivos narrativos más funcionales que orgánicos. A diferencia de otros trabajos del tándem Touzani-Ayouch, aquí se percibe menos la sensación de mundo más allá del encuadre. La comunidad hispanohablante en el norte de Marruecos, rica en matices históricos y culturales, apenas se explora.
El conflicto generacional entre María y Clara, no obstante, ofrece uno de los ejes más interesantes. La película invita a reflexionar sobre la brecha entre quienes priorizan la estabilidad económica y quienes defienden la permanencia afectiva. ¿Qué significa escuchar realmente los deseos de nuestros mayores? ¿Hasta qué punto confundimos cuidado con imposición? Calle Málaga no formula estas preguntas como reproche, sino como suave llamado a la empatía.
Es cierto que el desenlace no sorprende y que el recorrido dramático resulta ligero, incluso prescindible en algunos tramos. Pero la presencia de Carmen Maura eleva el conjunto. Con una energía indomable, mezcla de picardía y vulnerabilidad, sostiene cada escena con magnetismo natural. Su María Ángeles no es una anciana frágil ni una caricatura entrañable: es una mujer que ha decidido envejecer sin pedir permiso, fiel a sus reglas y a su geografía emocional.
Al final, Calle Málaga, puede que no explote todas las posibilidades sociohistóricas de su premisa, ni que sus personajes secundarios alcancen la complejidad deseada. Pero en su apuesta por celebrar la autonomía en la vejez, el derecho a permanecer y la persistencia del deseo, encuentra una sinceridad que conmueve. No es una obra mayor, pero sí una amable oda a la dignidad de elegir dónde —y cómo— vivir los últimos capítulos de la propia historia.