One to One: John & Yoko | Review

Kevin MacDonald y Sam Rice Edwards retrata a John Lennon y Yoko Ono en el convulso contexto de los años 70, tomando como eje el concierto One to One de 1972. Más que una biografía, es un fresco histórico-cultural que combina música, política y cultura pop.
One to One: John & Yoko (2024)
Puntuación: ★★★★
Dirección: Kevin Macdonald y Sam Rice-Edwards
Documental

En tiempos ya lejanos, cuando aún no existía la supercarretera de la información y otros medios como la radio solo ofrecían la parte sonora, la televisión fue el instrumento de comunicación más versátil para una generación que quería marcar distancia con las ideas de sus progenitores. Pero también, indiscutiblemente, fue el medio por el cual esos mismos padres se informaban y, muchas veces, reafirmaban sus ideologías.

Entendiendo el contexto de una época llena de cambios en muchos aspectos, y donde la televisión fue el escenario que, ya sea de manera objetiva o subjetiva, plasmaba estos acontecimientos, los directores Kevin MacDonald y Sam Rice Edwards construyen un relato en el que las acciones del entorno terminan moldeando a sus protagonistas, quienes se convierten en parte del cambio.

Como una simbiosis, no podemos entender la cultura pop de los 70 sin John Lennon ni Yoko Ono, pero incluso ellos mismos no se comprenderían del todo sin dibujar el contexto completo de la época.

A través de este paralelismo, los directores Kevin Macdonald y Sam Rice-Edwards construyen un documental centrado en un momento específico: los tumultuosos años 70. Como hecho ancla, establecen el concierto que John y Yoko ofrecieron en 1972 en el Madison Square Garden, a beneficio de los niños de la Escuela Willowbrook. A partir de ahí, se repasa el momento y cómo se llegó a él.

Y es que ese evento resalta dos elementos clave del documental: el contexto social (la situación en Willowbrook, una escuela para niños con discapacidades que los mantenía en condiciones deplorables, fue solo la punta del iceberg) y un Estados Unidos que comenzaba a ver la fragilidad de sus instituciones. Un gobierno con claras tendencias ultraconservadoras cometía atropellos que iban desde el espionaje hasta la represión de la libre expresión, sin poder terminar —y al contrario, extendiendo— un conflicto internacional (¿algo parecido a la actualidad, no creen?). La juventud pedía un cambio, y el rock and roll, junto con la cultura pop, eran su llave.

Todo este bagaje se muestra de forma dinámica en el documental, mediante un montaje de comerciales, momentos icónicos y eventos que marcaron la década. Así, no solo se centra en sus figuras principales, sino en la construcción de las mismas a partir del ambiente. Por eso, más que un simple documental biográfico, es casi un retrato histórico-cultural de la América de los 70.

Y aunque se detiene a describir el contexto, no deja de lado a los protagonistas. De las aportaciones más destacables, quizá la más importante sobre John Lennon sea esa transición de vivir en Reino Unido a Estados Unidos, además de una exploración creativa y social de su etapa post-Beatles. También se subraya su importancia como figura pública en la lucha por los derechos sociales y contra las injusticias del gobierno de Nixon, sin necesidad de mitificarlo ni otorgarle un aura cuasi divina.

Pero quizá la reivindicación más destacada del documental —y no es casualidad que su nombre anteceda al de su marido— es la figura de Yoko Ono. El filme le dedica una gran parte del retrato interpersonal de la pareja. Y no es para menos: la artista japonesa ha sido objeto de un escrutinio público feroz, señalada como la responsable de la separación del cuarteto de Liverpool, sin que se hable mucho del machismo mediático que sufrió.

El documental retoma esta parte, no solo dando voz a Yoko sobre cómo vivió esa marea de odio popular, sino también explorando aspectos íntimos de su vida (como el tema de su hija) para mostrar su lado humano y vulnerable. La cinta adquiere aquí cierto tono irónico: resulta curioso cómo los fanáticos de un grupo e individuo que pregonaban el amor y el respeto hacia el prójimo se volcaron en un machismo que culpó únicamente a Yoko (sin responsabilizar a John) por la separación. El documental incluso plantea la pregunta: suponiendo que Yoko hubiera sido la causa de la disolución, ¿merecía esa oleada de odio? La respuesta es un rotundo no.

A nivel visual, destacan dos elementos: la recreación ficticia del lobby en Nueva York donde vivieron John y Yoko (solo del espacio), y las secuencias de llamadas telefónicas, con transcripciones coloridas de las conversaciones entre la pareja, su representante y algunos periodistas.

Además, el documental no descuida la parte musical. Cada momento del concierto One to One se muestra con el tiempo justo y el ritmo adecuado.

Un documental que, a pesar de malabarear varias tramas a su alrededor, encuentra el equilibrio en su narrativa, separando la construcción social del retrato íntimo de sus protagonistas y la parte musical. En conjunto, es una película sólida con múltiples ángulos: un espectáculo musical de uno de los artistas más icónicos, la reivindicación de una figura injustamente quemada en la hoguera pública y, como relleno del pastel, un resumen histórico de los primeros años del mandato de Nixon y sus consecuencias culturales y sociales. Comparado con la actualidad, parece que la historia estadounidense (y la mundial) tiende a repetirse, por lo cual uno se hace las siguientes preguntas: 

¿El machismo ha disminuido al punto de que los casos como lo de Yoko ya son minoría?

¿En el mundo actual se respetan las garantías individuales de todos los seres humanos o se ha radicalizado más el odio hacia algunas minorías?

¿Se ha mejorado con respecto a lo que fue el gobierno de Richard Nixon o seguimos teniendo esa estirpe de gobiernos que satanizan lo diferente y promueven un status quo?

Pero, sobre todo: ¿War is Over?

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