Alberto Vázquez busca cuestionar la realidad y el sentido de la vida en un mundo dominado por múltiples crisis, construyendo un relato oscuro y simbólico donde lo tierno y lo perturbador conviven constantemente.
Decorado (2025)
Puntuación:★★★½
Dirección: Alberto Vázquez
Reparto animado
Disponible en Movistar
Hay películas que invitan a escapar de la realidad. Decorado, en cambio, hace exactamente lo contrario: la desarma. El nuevo largometraje de Alberto Vázquez no busca consuelo ni respuestas fáciles, sino incomodar, cuestionar y, en última instancia, dejar al espectador suspendido en una duda constante: ¿y si todo, absolutamente todo, fuera un decorado?
Partiendo de su propio cortometraje homónimo, el film amplía su universo hacia una fábula existencial profundamente oscura. Arnold —un ratón en crisis— funciona como vehículo para explorar un mundo donde lo cotidiano se vuelve sospechoso y la realidad parece resquebrajarse desde dentro. Lo que comienza como una paranoia íntima pronto se transforma en una lectura mucho más amplia: una crítica feroz al presente.
El guion, firmado por Vázquez junto a Francesc Xavier y Manuel Ruiz, no se limita a una sola crisis. Las acumula. Crisis existencial, económica, emocional, climática, social. Todo convive en un universo dominado por una lógica ultracapitalista que aplasta cualquier posibilidad de sentido. En ese contexto, la sospecha de Arnold no parece del todo irracional: el mundo es absurdo porque está construido sobre estructuras igualmente absurdas.
Visualmente, Decorado es uno de sus mayores logros. La animación en 2D apuesta por lo simbólico, con escenarios que evocan espacios teatrales, artificiales, casi opresivos. Cada plano parece diseñado para reforzar la idea central: nada es completamente real. Puede que no todos los recursos funcionen con la misma fuerza, pero la personalidad estética es innegable. Hay una intención clara en cada trazo, en cada color, en cada vacío.

Ese universo conecta con la tradición de otras obras que han cuestionado la realidad como construcción, desde The Truman Show hasta 1984, pero Vázquez lo lleva a un terreno más áspero, más desesperanzado. Aquí no hay escapatoria clara, ni redención posible.
El tono es otro de sus elementos más interesantes. Oscila entre el humor negro y la angustia existencial, creando una sensación inestable que, lejos de ser un defecto, se convierte en parte del discurso. Cuestionar la realidad implica perder el control, y la película transmite precisamente eso: una incomodidad persistente, casi física.
En esa mezcla también aparece una de las grandes virtudes del cine de Vázquez: la convivencia entre lo tierno y lo perturbador. Como ya ocurría en Unicorn Wars o Psiconautas, los niños olvidados, la belleza surge de lo grotesco, de lo triste, de lo incómodo. Decorado refina aún más esa fórmula, logrando una obra que es a la vez más accesible en su forma y más cruel en su fondo.
No todo es perfecto. Por momentos, su discurso puede sentirse excesivo, incluso reiterativo en su acumulación de miserias. Y su apuesta radical —narrativa y estética— puede alejar a parte del público. Pero esas decisiones también son las que le dan identidad. Decorado no busca agradar: busca decir algo, aunque incomode.
El resultado, es que Decorado es una obra radical, incómoda y profundamente contemporánea. Una antifábula existencial que confirma a Alberto Vázquez como una de las voces más singulares —y necesarias— de la animación actual.
