Un profesor de teatro frustrado y resentido canaliza su odio hacia quienes considera responsables de su fracaso personal, manipulando a sus alumnos con discursos conspirativos y radicales.
Sundance Film Festival CDMX | El Musical (2026)
Puntuación:★★★★
Dirección: Giselle Bonilla
Reparto: Will Brill, Gillian Jacobs, Rob Lowe, Nevada Jose y Michael Strassner
“Muchas personas sobrevaloran el poder del amor, pero subestiman el poder del odio”. Esta frase, dicha por el protagonista, refleja la esencia de la película El Musical.
Doug es un profesor de teatro de secundaria que vive esperando ser aceptado en un programa de doctorado en Nueva York. Frustrado por el poco reconocimiento de su talento y marcado por una personalidad introvertida, su mundo se viene abajo cuando descubre que su novio comienza a salir con un newbie del director de la escuela. A partir de ahí, urdirá un plan para sabotear las posibilidades de ganar un concurso de calidad académica y arruinar la carrera del individuo que le ha quitado el amor de su vida.
No conforme con eso, buscará transmitir ese odio a su clase. Al más puro estilo de Ola, les inculcará la idea de que la sociedad y el sistema quieren verlos fracasar, generando en ellos resentimiento y convirtiéndolos en un potencial grupo de radicales conspiracionistas.
La tesis de la película es clara y, a través de un baño de clases (un escenario bastante común para muchos), se cuestiona la capacidad manipuladora de las redes sociales y la desinformación, siendo un reflejo de lo que hemos visto en muchos noticieros recientemente: individuos renegados que, a pesar de su talento y esfuerzo, observan cómo nunca reciben la recompensa esperada, generando así odio. Y aunque hasta cierto punto tienen razón en señalar que muchas dinámicas no son meritocráticas y sí profundamente desiguales, no deja de ser peligroso hasta dónde puede escalar ese rencor, especialmente cuando influye en otros grupos y se convierte en un caldo de cultivo.

Si bien la premisa principal puede dar risa, en gracia a la comedia y a un estilo exagerado que un tópico tan turbio se vuelve digerible, permitiendo que la fábula se sienta orgánica. Adicionalmente, su guionista aprovecha este humor para burlarse de varios temas. De entrada, quizá la polémica más fuerte son los chistes alrededor del 9/11 y las teorías que apuntan a que fue un trabajo interno de Estados Unidos. Probablemente este tipo de satirización no caiga bien en gran parte del público estadounidense; sin embargo, el hecho de llevar lo absurdo, intentando convertirlo en un musical integrado por niños con poca o nula experiencia para hacer un video, es precisamente lo que aleja la película de cualquier mala intención. Al contrario, termina revelando la visión sociopolítica de su protagonista, anclándose un poco en lo que hizo Yorgos Lanthimos en Bugonia, asociando al resentido con un hombre fácilmente presa del conspiracionismo.
Pero la comedia negra no se limita solo a eso. Como parte de este discurso sobre cómo muchas veces la meritocracia es inexistente, la guionista también lanza un dardo hacia algunos temas actuales, especialmente la inclusión por cuota, a través de la sumisión de una niña de origen latino y su facilidad con el profesor. Sin duda, demuestra cómo, en ciertos contextos, esto puede llegar a ser incluso más importante para destacar que el propio talento.
