El afinador – Leo Woodall demuestra que su talento va mucho más allá del carisma

Daniel Roher debuta en la ficción con un thriller de bajo perfil que encuentra su mayor fortaleza en sus personajes. Gracias a la química entre Leo Woodall y Dustin Hoffman, El afinador equilibra crimen, romance y música en una historia cálida, entretenida y sorprendentemente humana.
El afinador (2025)
Puntuación:★★
½
Dirección: Daniel Roher
Reparto: Leo Woodall, Havana Rose Liu, Dustin Hoffman, Lior Raz y Jean Reno 
Disponible en VOD

Daniel Roher debuta en la ficción con El afinador (Tuner) sin la necesidad de reinventar el thriller o la comedia romántica. En lugar de apostar por giros espectaculares o una tensión constante, el director encuentra un equilibrio sorprendentemente natural entre ambos géneros. Lo que comienza como la historia de un joven afinador de pianos con una extraordinaria sensibilidad auditiva termina convirtiéndose en un relato sobre el talento, la identidad y las decisiones que pueden alterar una vida para siempre. Es una película de ritmo pausado que encuentra su mayor fortaleza en los personajes y en el placer de acompañarlos durante su recorrido.

Niki (Leo Woodall) vive condicionado por la hiperacusia, un raro trastorno que le hace percibir cualquier sonido con una intensidad insoportable. Siempre lleva tapones para los oídos y ha aprendido a convertir esa condición en una herramienta de trabajo como afinador de pianos. Junto a Harry Horowitz (Dustin Hoffman), un veterano del oficio que lo ha acogido como aprendiz y compañero, recorre Nueva York restaurando el sonido perfecto de instrumentos que, al igual que sus protagonistas, necesitan pequeños ajustes para seguir funcionando.

Desde sus primeras escenas, la película demuestra que no le interesa acelerar el conflicto. Roher dedica tiempo a observar la rutina de ambos afinadores, sus conversaciones dentro de una vieja camioneta y la paciencia casi artesanal con la que desempeñan un oficio poco habitual en el cine. Esa decisión termina siendo uno de los mayores aciertos del filme. Antes que un thriller criminal, El afinador funciona como un estudio de personajes donde el espectador comprende quiénes son estas personas antes de enfrentarlas al peligro.

El hallazgo narrativo aparece cuando Niki descubre que su extraordinario oído también le permite abrir cajas fuertes. La idea podría haber derivado fácilmente hacia un ejercicio de acción convencional, pero el guion de Robert Ramsey y Daniel Roher mantiene los pies en la tierra. Incluso cuando la historia introduce al calculador Uri (Lior Raz), un empresario de seguridad que aprovecha su negocio para planificar robos, el interés nunca reside únicamente en los golpes criminales, sino en cómo esa nueva habilidad obliga a Niki a cuestionar quién quiere ser.

La película encuentra un tono muy particular que recuerda, por momentos, al cine de los hermanos Safdie, aunque despojado de la ansiedad que caracteriza obras como Good Time o Uncut Gems. Aquí no existe una sensación permanente de caos. Roher apuesta por una narrativa mucho más relajada, donde incluso las secuencias criminales conservan un aire sereno. Es un thriller que nunca pierde de vista la humanidad de sus personajes y que permite respirar entre cada giro de la historia.

Uno de los aspectos más atractivos del filme es la relación entre Harry y Niki. Dustin Hoffman entrega una interpretación cálida y entrañable, alejándose de cualquier figura paternal autoritaria para construir un mentor lleno de pequeños gestos y silencios. Harry representa la experiencia, pero también la serenidad que solo ofrecen los años. Su amistad con Niki transmite una naturalidad poco frecuente, construida a partir de conversaciones cotidianas, bromas y una complicidad que nunca necesita ser explicada.

Leo Woodall confirma el enorme carisma que ya había mostrado en series como The White Lotus y One Day, aunque aquí decide contener buena parte de ese magnetismo para interpretar a un personaje introvertido y constantemente sobreestimulado por el ruido del mundo. Su actuación encuentra fuerza precisamente en esa contención. Niki observa más de lo que habla y escucha más de lo que cualquier persona sería capaz de soportar. Woodall consigue transmitir esa sobrecarga sensorial sin convertirla en un recurso exagerado ni en el rasgo que define por completo al personaje.

Visualmente, Roher apuesta por una puesta en escena sobria que privilegia los espacios cotidianos y la observación de los detalles. La ciudad nunca se convierte en un personaje dominante; funciona como el escenario silencioso donde los protagonistas desarrollan un oficio casi invisible. La fotografía acompaña ese tono contenido, mientras que la música de Marius De Vries y Will Bates evita manipular emocionalmente al espectador y complementa con discreción el universo sonoro que define toda la película.

Si existe una debilidad importante, aparece cuando la trama criminal comienza a seguir caminos relativamente previsibles. Desde el momento en que Uri descubre el talento de Niki para abrir cajas fuertes resulta fácil anticipar buena parte del desarrollo de la historia. El guion no encuentra demasiadas sorpresas en ese aspecto y algunos conflictos avanzan siguiendo estructuras bastante conocidas dentro del género.

Sin embargo, esa previsibilidad nunca termina afectando de forma decisiva la experiencia. La razón es sencilla: el interés de El afinador nunca depende exclusivamente del suspenso. Lo que mantiene la atención es el tiempo que pasamos con Harry y Niki, dos personajes obsesivos, meticulosos y profundamente vulnerables cuya compañía resulta mucho más atractiva que el propio misterio criminal. Las mejores escenas no son aquellas donde se abre una caja fuerte, sino las conversaciones aparentemente intrascendentes dentro de la camioneta o los momentos de concentración absoluta mientras afinan un piano.

Puede que El afinador sea una película modesta y que no aspire a redefinir ninguno de los géneros que aborda. Tampoco lo necesita. Daniel Roher demuestra un pulso narrativo seguro en su debut como director de ficción y entiende que las historias más memorables suelen construirse a partir de personajes que sentimos reales. Con el carisma contenido de Leo Woodall, la enorme presencia de Dustin Hoffman y una sensibilidad poco habitual para encontrar belleza en los pequeños gestos, Tuner termina siendo una película tan delicada como uno de los instrumentos que sus protagonistas intentan mantener siempre en perfecta armonía.

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