Idiotas es una comedia negra caótica y sorprendentemente divertida que encuentra su mayor fortaleza en una dupla protagonista tan incompetente como entrañable, especialmente por un Dave Franco desatado y entregado.
Idiotas (2026)
Puntuación:★★★½
Dirección: Macon Blair
Reparto: Dave Franco, O’Shea Jackson Jr., Mason Thames, Kiernan Shipka, Nicholas Braun y Peter Dinklage
Disponible en cines
Hay algo deliciosamente absurdo en Idiotas: dos hombres de poca monta, con más problemas personales que habilidades para resolverlos, reciben el sencillo encargo de llevar a un adolescente a rehabilitación. Lo que parece un trabajo fácil termina convirtiéndose en una pesadilla de violencia, drogas, decisiones estúpidas y personajes cada vez más extraños. Pero debajo de ese caos, Macon Blair construye una comedia negra que tiene bastante más intención de la que su premisa podría sugerir.
Davis (O’Shea Jackson Jr.) y Mark (Dave Franco) son, en esencia, dos perdedores. Uno intenta aferrarse a una cierta idea de moralidad y hacer las cosas bien, mientras el otro parece haber renunciado por completo a cualquier responsabilidad. No son héroes ni particularmente competentes, pero precisamente ahí está buena parte del encanto de la película: Blair los presenta como tipos comunes atrapados en una situación que los supera, obligándolos a convivir con alguien que resulta ser mucho más peligroso que ellos.
Ese alguien es Sheridan (Mason Thames), un adolescente rico enviado a rehabilitación no por consumir drogas, sino por sus problemas de comportamiento. Y rápidamente queda claro que estamos ante algo mucho más perturbador que un simple niño malcriado. Sheridan carece de empatía y, peor todavía, no parece sentir ningún remordimiento por lo que hace. Thames aprovecha muy bien esa dimensión siniestra del personaje, convirtiéndolo en una presencia impredecible que puede resultar graciosa en un momento y verdaderamente inquietante al siguiente.
La película funciona especialmente bien cuando enfrenta a estos tres personajes y deja que sus miserias choquen entre sí. Dave Franco está particularmente inspirado, entregando una interpretación física, vulgar y completamente desatada que prácticamente se roba la película. Su Mark intenta proyectar una dureza que claramente no posee, y esa inseguridad termina siendo mucho más divertida que cualquier chiste elaborado. Jackson Jr., por su parte, encuentra el equilibrio perfecto entre ingenuidad y frustración, haciendo que Davis sea el corazón inesperadamente sensible de esta pareja de idiotas, lástima que no llega a los niveles de Franco y Thames, siendo este el eslabón más débil de la película.

Blair además tiene la inteligencia de no seguir una estructura demasiado predecible. El viaje se va desviando hacia lugares cada vez más absurdos, aparecen personajes secundarios que parecen salidos de otra película y la violencia escala de maneras inesperadas. Algunas de estas desviaciones funcionan mejor que otras y, por momentos, la película puede sentirse algo dispersa, pero también es esa sensación de estar permanentemente a punto de perder el control la que le da buena parte de su personalidad.
Debajo de las bromas, la violencia y el humor escatológico aparece una crítica social bastante afilada. Sheridan es producto de un mundo privilegiado que puede tratar sus problemas como una anomalía, mientras Davis y Mark sobreviven en un nivel social completamente diferente. La aparición de Irina (Kiernan Shipka), por ejemplo, introduce una inesperada nota de humanidad en medio del desastre y permite que Blair amplíe su mirada hacia la desigualdad económica sin convertir la película en un sermón.
En ese sentido, Idiotas se parece a los personajes que retrata: es desordenada, vulgar, torpe y a veces toma decisiones cuestionables, pero tiene suficiente personalidad para salir adelante. Blair no busca convertir este caos en una gran reflexión, sino encontrar algo de humanidad entre una colección de personas bastante miserables.
El resultado es una comedia negra irregular pero genuinamente divertida, sostenida principalmente por sus actores y por la capacidad de Blair para convertir una premisa sencilla en una cadena de situaciones cada vez más disparatadas. Y aunque el título pueda parecer una descripción bastante simple de sus protagonistas, termina siendo casi una declaración de principios: aquí nadie sabe realmente lo que está haciendo, y probablemente por eso resulta tan entretenido verlos intentarlo.