Angelina Jolie adapta la novela de Alessandro Baricco sostenido por las interpretaciones de Salma Hayek y Demián Bichir en un drama sobre las heridas que deja la violencia y la forma en que víctimas y victimarios conviven con sus consecuencias.
Without Blood (2024)
Puntuación:★★½
Dirección: Angelina Jolie
Reparto: Salma Hayek, Demian Bichir, Juan Minujín y Andrés Delgado
***screening de prensa***
El problema de Without Blood no está en lo que quiere decir, sino en cuánto tiempo necesita para decirlo. Angelina Jolie adapta la novela de Alessandro Baricco con la intención de explorar las consecuencias de la violencia mucho después de que las balas dejan de sonar, pero su película termina atrapada entre el melodrama, el western y una conversación demasiado consciente de su propio significado.
El prólogo es, con diferencia, lo mejor de la película. En una granja aislada, un grupo de hombres llega con la intención de ejecutar una venganza y Jolie filma el enfrentamiento con una crudeza que no necesita demasiadas explicaciones. La cámara permanece cerca de la violencia, observa sus consecuencias y convierte el espacio en una especie de escenario de western donde nadie parece tener realmente el control. Incluso hay imágenes de considerable fuerza, como el plano secuencia de un hombre arrastrado por el suelo mientras unos jinetes avanzan detrás de él.
Es ahí donde Without Blood encuentra una tensión que después le cuesta recuperar. Años más tarde, Nina (Salma Hayek Pinault) se acerca al puesto de lotería donde trabaja Tito (Demián Bichir), y lo que inicialmente parece una conversación casual se transforma en el encuentro entre dos personas unidas por aquella noche de violencia. Él era entonces un joven involucrado en el ataque; ella, una niña que sobrevivió a la masacre.
La premisa permite una reflexión interesante sobre cómo la violencia transforma a víctimas y victimarios, y sobre la manera en que una guerra continúa existiendo en las personas mucho después de haber terminado. Jolie también introduce una diferencia importante entre las experiencias de ambos personajes: mientras Tito puede intentar construir una vida y representar cierta normalidad, Nina carga con consecuencias que atraviesan su identidad, su cuerpo y su relación con el mundo.

El problema es que la película decide explicar buena parte de todo esto mediante largos diálogos. Nina y Tito pasan buena parte del metraje relatándose acontecimientos que ocurrieron durante los años que los separaron, y la estructura de flashbacks interrumpe constantemente la conversación sin que siempre exista una verdadera necesidad dramática. Lo que podría haberse convertido en un duelo verbal cargado de tensión termina sintiéndose, por momentos, como una sucesión de explicaciones sobre aquello que la película quiere que comprendamos.
Hay momentos en los que Jolie confía demasiado en el gesto, en la música o en la composición visual para subrayar emociones que ya están presentes en el diálogo. El tono sepia, la luz dorada, los reflejos sobre los lentes y las calles mojadas convierten Without Blood en una película cuidadosamente diseñada, pero también evidencian cierta necesidad de embellecer una historia cuyo contenido pide mayor austeridad.
Hay, además, una curiosa contradicción en la decisión de mantener el conflicto deliberadamente indefinido. La intención es evidente: convertir la historia particular de Nina y Tito en una reflexión sobre cualquier guerra. Pero esa falta de contexto también le resta fuerza. La violencia necesita un mundo concreto alrededor para adquirir verdadero peso, y aquí la indefinición termina haciendo que buena parte del conflicto se sienta abstracto.
Eso resulta especialmente evidente porque Without Blood parece querer deconstruir los géneros que utiliza. Hay elementos de western, melodrama de los años cincuenta e incluso cierto aire de thriller de espionaje. La película parece preguntarse qué sucede cuando las historias que tradicionalmente convierten la violencia en espectáculo se detienen a observar lo que queda después. La idea es atractiva, pero Jolie no siempre consigue convertirla en lenguaje cinematográfico; en ocasiones simplemente parece estar reproduciendo los mismos códigos que pretende cuestionar.

Salma Hayek y Demián Bichir hacen un trabajo comprometido con material que les exige sostener largos intercambios de diálogo. Bichir encuentra algunos matices en Tito, particularmente en la culpa y el cansancio de un hombre que ha pasado décadas intentando convivir con sus decisiones. Hayek, por su parte, transmite bien la mezcla de vulnerabilidad, determinación y misterio de Nina, aunque el guion le entrega demasiadas líneas que explican aquello que sus gestos ya podían comunicar.
Lo más interesante termina llegando precisamente cuando la película deja de explicar. El desenlace abandona la necesidad de ofrecer una respuesta clara y permite que Nina y Tito queden suspendidos en una situación donde ya no resulta evidente qué harán con todo aquello que han cargado durante décadas. Es un final incómodo y, al mismo tiempo, sorprendentemente liberador, porque por primera vez la película parece aceptar que algunas heridas no necesitan una conclusión perfectamente formulada.
Without Blood tiene buenas ideas y momentos visualmente poderosos, pero Jolie no consigue sostener la tensión del prometedor prólogo durante el resto de la película. Su reflexión sobre la violencia, la culpa y las consecuencias de la guerra es válida, pero queda sepultada bajo diálogos demasiado extensos, una estructura narrativa irregular y un estilo visual que a veces parece más interesado en embellecer el trauma que en dejarlo respirar.