Girls Like Girls es un debut cálido y sensible de Hayley Kiyoko que encuentra sus mejores momentos cuando aborda el duelo, la familia y el descubrimiento de la identidad todo sostenido por Maya da Costa quien ofrece una interpretación especialmente emotiva.
Girls Like Girls (2026)
Puntuación:★★★
Dirección: Hayley Kiyoko
Reparto: Maya Da Costa, Myra Molloy, Levon Hawke, Hunter Dillon y Zach Braff
***screening de prensa***
Hay algo genuinamente cálido en Girls Like Girls. El debut de Hayley Kiyoko detrás de cámaras parte de una historia que conoce bien y que claramente significa mucho para ella: una adolescente que, mientras atraviesa el duelo por la muerte de su madre, descubre nuevos sentimientos al conocer a otra chica. La película tiene una sensibilidad evidente y una mirada afectuosa hacia el descubrimiento de la identidad, pero esa calidez no siempre encuentra la profundidad necesaria para sostener un largometraje.
Lo mejor aparece cuando Kiyoko deja que sus personajes hablen desde un lugar realmente vulnerable. La conversación entre Coley y su padre sobre sentirse insuficiente y poco amada es probablemente el momento más sincero de la película, porque conecta su proceso de autodescubrimiento con heridas familiares que vienen de mucho antes. Maya da Costa sostiene esa escena con una interpretación llena de sentimiento, capaz de comunicar mucho incluso cuando el guion no encuentra las palabras adecuadas. Es una actriz con una presencia particularmente expresiva, y la magnífica fotografía también ayuda a construir ese universo nostálgico y luminoso que propone la película.
El problema es que Girls Like Girls no consigue mantener esa honestidad durante todo su recorrido. Los conflictos familiares, las personalidades de las protagonistas y hasta su romance suelen sentirse apenas esbozados. No es que Coley y Sonya carezcan de química, sino que sus conversaciones mundanas pocas veces permiten entender realmente quiénes son o qué encuentran la una en la otra. El ritmo pesado tampoco ayuda, mientras algunos diálogos demasiado evidentes terminan subrayando emociones que habrían funcionado mejor si la película simplemente hubiera confiado en sus actrices.

También pesa sobre la película su propio origen. El videoclip de 2015 funcionaba precisamente porque condensaba en pocos minutos una historia de deseo, descubrimiento y represión, dejando que las imágenes hicieran buena parte del trabajo emocional. Al expandir ese universo hasta convertirlo en un largometraje, Kiyoko necesitaba construir personajes y conflictos con mayor complejidad. En cambio, algunas situaciones parecen existir únicamente para llevar a Coley y Sonya de un punto de la historia al siguiente. La nostalgia por aquel videoclip y por toda una generación de jóvenes que encontró en él una representación que necesitaba está presente en cada plano, pero esa conexión emocional con el material de origen no siempre se traduce en una película igualmente sólida por sí misma.
Hay, además, una diferencia interesante entre lo que la película quiere decir y la manera en que lo dice. Girls Like Girls parece entender que el descubrimiento de la sexualidad no ocurre de manera aislada, sino que está atravesado por la familia, el duelo, la autoestima y la necesidad de sentirse querido. Cuando consigue conectar esos elementos, aparece una película mucho más interesante. Cuando los convierte en simples obstáculos para el romance, se vuelve una historia adolescente bastante convencional. Esa irregularidad hace que sus mejores momentos resulten más frustrantes: demuestra que había una película mucho más profunda escondida dentro de esta.
Aun así, sería injusto negar el valor que puede tener una película como esta. Para muchas jóvenes queer, Girls Like Girls puede ser una historia importante de autoaceptación, deseo y orgullo, especialmente por la conexión emocional que Kiyoko mantiene con el material original. Como experiencia cinematográfica, sin embargo, se queda corta frente a la sensibilidad que promete. Es una película linda y por momentos muy sincera, pero también demasiado superficial; una obra que demuestra que Kiyoko tiene una mirada propia, aunque todavía necesita encontrar una forma más sólida de convertir esa sensibilidad en una historia verdaderamente profunda.