Caballo salvaje nueve — El humor negro de Martin McDonagh vuelve a cabalgar

Caballo salvaje nueve confirma el talento de Martin McDonagh para combinar humor negro, diálogos afilados y personajes llenos de contradicciones interpretados por John Malkovich y Sam Rockwell que tienen una química extraordinaria.
Caballo Salvaje Nueve (2026)
Puntuación:★★★★
Dirección: Martin McDonagh
Reparto: 
Sam Rockwell, John Malkovich, Steve Buscemi, Mariana di Girolamo, Ailin Salas y Parker Posey
***screening de prensa***

Martin McDonagh vuelve a un territorio que conoce bien: el de los personajes incómodos, las relaciones atravesadas por contradicciones y un humor negro que puede resultar tan divertido como cruel. En Caballo salvaje nueve (Wild Horse Nine), el cineasta construye una historia que utiliza las operaciones encubiertas de la CIA y el Chile de 1973 como telón de fondo, aunque su verdadero interés está en dos hombres que, entre conversaciones mordaces y situaciones absurdas, comienzan a enfrentarse a aquello que han sido y a lo que todavía les queda por hacer.

John Malkovich y Sam Rockwell son el corazón de la película. Como Chris y Lee, dos agentes veteranos enviados desde Santiago a la Isla de Pascua, ambos encuentran un terreno ideal para desplegar esa química que nace de sus diferencias. Rockwell interpreta a un hombre impulsivo, carismático y orgulloso de su propia imagen, mientras Malkovich aporta el cansancio de alguien que parece haber pasado demasiado tiempo conviviendo con sus propios fantasmas. Sus discusiones, provocaciones y comentarios políticamente incorrectos sostienen buena parte del relato, pero debajo de esa dinámica también existe una amistad que se ha mantenido a pesar del desgaste, las mentiras y los años de complicidad.

McDonagh sabe cómo sacar partido de esa relación. Sus diálogos tienen filo, los intercambios rara vez siguen el camino esperado y el humor aparece en los momentos más incómodos, incluso cuando la violencia o la crueldad amenazan con cambiar el tono de una escena. Hay algo familiar en esta combinación, reconocible para quienes disfrutan de En Brujas o Los espíritus de la isla: personajes que intentan ocultar sus heridas detrás de una actitud desafiante, mientras el absurdo de sus conversaciones revela mucho más de lo que están dispuestos a admitir. La película encuentra sus mejores momentos cuando permite que Malkovich y Rockwell se enfrenten verbalmente, se provoquen y dejen entrever el afecto que existe entre ellos.

Sin embargo, Caballo salvaje nueve no se limita a jugar con la personalidad de sus protagonistas. La proximidad del golpe militar de Augusto Pinochet y el trabajo de la CIA en Chile introducen una dimensión política que vuelve más incómoda la historia. La operación de los agentes forma parte de una maquinaria de intervención que contribuye a desestabilizar un país en vísperas de una tragedia histórica. McDonagh conoce las consecuencias de aquello que sus personajes representan, pero evita convertir la película en un thriller político convencional. Prefiere observar cómo estos hombres se relacionan con su pasado, con sus responsabilidades y con una realidad que parece avanzar hacia un desenlace inevitable.

Esa elección tiene sus virtudes, aunque también marca una de las limitaciones del filme. El contexto histórico aporta peso a la narración, pero queda en segundo plano frente a las preocupaciones personales de Chris y Lee. Las figuras que representan el cambio político, en particular las jóvenes estudiantes chilenas interpretadas por Mariana di Girolamo y Ailín Salas, funcionan como una presencia que cuestiona las certezas de los protagonistas, aunque sus perspectivas no siempre reciben la misma profundidad. La película resulta más interesante cuando observa las contradicciones de sus dos agentes que cuando intenta desarrollar el conflicto ideológico que los rodea.

También hay una cuestión incómoda en la manera en que McDonagh trabaja el machismo de sus personajes. Buena parte de las provocaciones y comentarios ofensivos forman parte de esa personalidad exagerada que el director utiliza para provocar risas, pero no siempre existe una distancia suficiente entre la película y la autocomplacencia de los hombres que retrata. En algunos pasajes, el humor parece disfrutar demasiado de sus excesos sin encontrar una segunda lectura que los vuelva más reveladores. La irreverencia, una de las grandes fortalezas del cineasta, corre así el riesgo de convertirse en un recurso que se sostiene por inercia.

Afortunadamente, el reparto consigue mantener el interés incluso cuando el guion pierde algo de equilibrio. Malkovich construye un Chris que combina arrogancia, vulnerabilidad y una sensación de agotamiento que va más allá de su trabajo como agente. Rockwell, por su parte, aprovecha su energía habitual para darle a Lee una presencia expansiva, casi teatral, sin perder de vista las emociones que se esconden detrás de su seguridad. Steve Buscemi y Parker Posey completan el conjunto con intervenciones que aportan humor y personalidad, aunque son los dos protagonistas quienes cargan con el peso de la película.

La Isla de Pascua también se convierte en algo más que un escenario exótico. La fotografía de Ben Davis aprovecha sus paisajes abiertos, sus acantilados, sus praderas y la presencia imponente de los moáis para crear un contraste con los espacios grises y rígidos de Santiago. La textura visual, con una apariencia granulada que evoca los años setenta, le da al relato un carácter áspero, mientras que la música de Carter Burwell incorpora matices de western y sonoridades del Pacífico. Esa combinación acompaña la sensación de estar ante una especie de última cabalgata para dos hombres que empiezan a comprender que su pasado no puede permanecer enterrado para siempre.

El problema es que la película no siempre consigue que todas sus piezas encajen con la misma precisión. Hay momentos en los que el trasfondo político, la reflexión sobre la memoria y la relación entre los protagonistas parecen avanzar por caminos distintos. Aun así, cuando McDonagh concentra su atención en ellos, recupera esa capacidad para mezclar la comedia más corrosiva con una melancolía inesperada. Entre una broma de mal gusto y una discusión aparentemente trivial, aparece la posibilidad de que estos hombres estén llegando al final de una etapa sin saber muy bien qué hacer con lo que queda de sus vidas.

Caballo salvaje nueve no alcanza la contundencia de los mejores trabajos de Martin McDonagh, pero conserva buena parte de aquello que hace reconocible su cine. El humor negro, los diálogos afilados y la química entre sus protagonistas ofrecen suficientes motivos para acompañar esta historia, incluso cuando sus excesos terminan por restarle fuerza. Es una película irregular, con una mirada política que pudo desarrollarse mejor y una representación de la masculinidad que por momentos se regodea demasiado en sus propias provocaciones. Pero Malkovich y Rockwell consiguen que el viaje tenga encanto: detrás de sus burlas y su brutalidad, todavía queda una amistad capaz de sobrevivir a las mentiras, al desgaste y a la certeza de que el mundo que conocían está a punto de desaparecer.

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