Ha-chan, Shake Your Booty! combina humor, fantasía y romance en una historia sobre el duelo y la posibilidad de volver a empezar, donde Rinko Kikuchi destaca como una mujer que intenta reconstruir su vida tras perder a su esposo, mientras su relación con un profesor de baile despierta emociones que creía olvidadas.
FICM 2026 | Ha-chan, Shake Your Booty! (2026)
Puntuación: ★★★½
Dirección: Josef Kubota Wladyka
Reparto: Rinko Kikuchi, Alberto Guerra, Alejandro Edda, YOU, Yoh Yoshida y Damián Alcázar
Haru y Luis han construido una vida alrededor del baile, con sus propios rituales, recuerdos y una pasión que parece mantenerlos al margen del mundo exterior. Pero la muerte repentina de Luis obliga a Haru a enfrentarse a una existencia que ya no reconoce. En Ha-chan, Shake Your Booty!, Josef Kubota Wladyka mezcla humor, fantasía y melancolía para explorar el duelo y la posibilidad de volver a encontrar el amor. El resultado es una película excéntrica que encuentra en Rinko Kikuchi una protagonista magnética y profundamente humana.
Tras perder a su compañero de vida, Haru se aísla de sus seres queridos y se aferra a la sensación de que Luis todavía la acompaña, incluso a través de un cuervo gigante que aparece por las noches. Su hermana y su prima intentan ayudarla a recuperar el contacto con el mundo, y el regreso a las clases de baile abre una nueva etapa cuando conoce a Fedir (Alberto Guerra), su atractivo instructor. La fascinación inicial pronto se convierte en un vínculo emocional más complejo, marcado por los celos, las expectativas y las dificultades de aprender a vivir sin la persona que antes ocupaba todo su universo.
Esa llegada de Fedir, introduce una nueva dimensión en el proceso de duelo de Haru. Su relación comienza desde la complicidad que nace en la pista, pero poco a poco se transforma en una atracción que la protagonista no sabe muy bien cómo manejar. Después de haber compartido una vida tan íntima con Luis, volver a desear a otra persona implica enfrentarse a sentimientos contradictorios: la ilusión de empezar de nuevo, la culpa de imaginar un futuro sin su marido y el temor de que abrirse al amor signifique traicionar aquello que compartieron.

Fedir tampoco representa una salida sencilla. Su situación sentimental, marcada por un matrimonio abierto con una reconocida bailarina de salón, introduce una serie de tensiones que Haru no siempre está preparada para comprender. La relación despierta sus inseguridades y la lleva a actuar de maneras cuestionables, pero también expone algo esencial de su personaje: su necesidad de sentirse querida y de encontrar un lugar propio en una vida que ha perdido su centro. La película no presenta este vínculo como una solución mágica al duelo, sino como parte de un proceso confuso, en el que el deseo de avanzar convive con la dificultad de aceptar que el pasado no puede recuperarse. Aunque el desarrollo romántico por momentos se inclina hacia lo fantástico y lo caprichoso, la interpretación de Rinko Kikuchi permite percibir la vulnerabilidad que hay detrás de las decisiones de Haru.
Uno de los aspectos más distintivos de la película es su diseño visual. La casa de Haru y Luis, llena de fotografías, medallas y discos de vinilo, funciona como un santuario de la vida que compartieron. Su vestuario de inspiración setentera y su particular peinado refuerzan la impresión de que ambos habitan una burbuja propia, alejada del presente. Estos detalles no son meramente decorativos: ayudan a comprender por qué a Haru le resulta tan difícil abandonar un mundo que, aunque ya no existe como antes, sigue siendo el lugar donde se siente protegida.
Kikuchi sostiene la película con una interpretación llena de encanto, vulnerabilidad y humor. Haru no atraviesa el duelo de una manera ordenada ni toma siempre las mejores decisiones, especialmente cuando sus sentimientos por Fedir comienzan a complicarse. Sin embargo, la película observa sus contradicciones con calidez y evita juzgarla por intentar encontrar consuelo en una nueva relación. Las coreografías, los momentos imaginarios y la presencia del cuervo aportan una dimensión fantástica que convive con emociones muy reconocibles.
Aunque algunos pasajes rozan el exceso y el desenlace apuesta por una resolución bastante complaciente, Ha-chan, Shake Your Booty! encuentra una sensibilidad genuina en su combinación de absurdo, romance y tristeza. Es una historia sobre aprender a convivir con la ausencia sin renunciar a la posibilidad de experimentar algo nuevo. Y cuando Haru vuelve a bailar, el gesto adquiere un significado que va más allá de la música: no se trata de dejar atrás a Luis, sino de descubrir que todavía puede existir una vida después de la pérdida.