INK — El precio de vender la noticia como espectáculo

Danny Boyle reconstruye el ascenso de The Sun y el nacimiento de un modelo periodístico basado en el escándalo y la provocación con un Jack O’Connell y un Guy Pearce destacando en un thriller dinámico que explora la ambición, el poder de los medios y sus dilemas éticos.
FICM 2026 | INK (2026)
Puntuación: ★★★½
Dirección: Danny Boyle
Reparto:  Jack O’Connell, Guy Pearce, Claire Foy y  Christopher Fulford
La prensa no necesitó abandonar sus redacciones para cambiar las reglas del juego: bastó con descubrir que la indignación, el sexo y el escándalo podían vender más que la información rigurosa. En INK, Danny Boyle reconstruye el ascenso de The Sun a finales de los años sesenta y el nacimiento de una fórmula editorial que transformaría el periodismo británico. Con su energía visual característica, el director convierte esa historia en un espectáculo tan fascinante como incómodo, protagonizado por hombres que entendieron el poder de los medios mucho antes de que las redes sociales hicieran del sensacionalismo una presencia cotidiana.

La película sigue a Larry Lamb (Jack O’Connell), un periodista ambicioso que recibe la oportunidad de revitalizar The Sun, el periódico adquirido por el magnate Rupert Murdoch (Guy Pearce). Convencido de que la prensa tradicional ha perdido el contacto con la gente común, Lamb apuesta por una publicación más atrevida, accesible y provocadora, con titulares impactantes y contenidos capaces de despertar la curiosidad de lectores que otros diarios parecen ignorar. Lo que comienza como una operación para recuperar las ventas pronto se convierte en una transformación mucho más profunda: el éxito empieza a medirse por la capacidad de captar la atención, incluso cuando eso implica cruzar límites éticos.

Uno de los mayores aciertos de Danny Boyle es evitar que sus protagonistas aparezcan desde el principio como simples villanos. Larry Lamb tiene carisma, intuición y una capacidad extraordinaria para reconocer aquello que el público quiere leer. Su inconformismo resulta comprensible dentro de un sistema periodístico rígido, donde las jerarquías y las convenciones han dejado poco espacio para nuevas ideas. Jack O’Connell aprovecha esa contradicción con una interpretación magnética, construyendo a un hombre cuya energía y determinación pueden resultar contagiosas incluso cuando sus decisiones empiezan a revelar una cara más inquietante.

Guy Pearce, por su parte, interpreta a Murdoch con una frialdad que contrasta con el entusiasmo de su colaborador. Su personaje comprende que el periódico no es únicamente un negocio: también es una herramienta de influencia. La relación entre ambos se convierte así en uno de los motores del relato, pues sus intereses coinciden mientras el crecimiento de The Sun promete beneficios y poder, pero empiezan a divergir cuando las consecuencias de sus métodos amenazan con escapar de su control. Claire Foy completa el núcleo principal como Jules Davies, una periodista que participa en el proyecto y aporta una mirada crítica a las decisiones editoriales. Su presencia también evidencia las dificultades de las mujeres para abrirse camino en un entorno dominado por hombres y por sus propias reglas de poder.

En el apartado visual, Boyle imprime a INK un ritmo frenético que recuerda por momentos al cine de atracos. La fotografía de Alwin H. Küchler recurre a colores intensos, encuadres inquietos y movimientos que acompañan la velocidad con la que Lamb reúne a su equipo y transforma el periódico. Las redacciones se convierten en espacios de competencia constante, donde cada idea parece una apuesta y cada titular una oportunidad para adelantarse a los rivales. La música de Daniel Pemberton refuerza esa sensación de urgencia, haciendo que el proceso de creación editorial tenga la intensidad de una operación que puede cambiarlo todo.

Sin embargo, la película no se limita a celebrar el ingenio comercial de sus protagonistas. A medida que el periódico gana influencia, sus métodos empiezan a mostrar el costo de convertir la atención pública en el principal objetivo. La cobertura del secuestro de Muriel McKay, esposa de un ejecutivo vinculado a Murdoch y confundida por sus captores con la esposa del magnate, introduce un conflicto que obliga a cuestionar la distancia entre una noticia impactante y la responsabilidad de informar. Lo que antes parecía una estrategia audaz adquiere consecuencias humanas concretas, y las dudas que surgen dentro del equipo revelan las contradicciones de un modelo que había presentado la provocación como una forma de conectar con la gente.

Es en ese punto donde INK pierde parte de la espontaneidad que impulsa su primera mitad. La película pasa de observar el atractivo de una revolución editorial a subrayar sus consecuencias, y algunas de sus conclusiones resultan demasiado explícitas. La conexión entre el sensacionalismo de The Sun y la cultura contemporánea de los clics y las redes sociales es pertinente, pero el cierre insiste en una idea que el desarrollo previo ya había dejado bastante clara. En lugar de confiar plenamente en las contradicciones de sus personajes, Boyle se acerca por momentos a una conclusión moral que reduce la complejidad de lo que venía construyendo.

Aun con esa irregularidad, la película plantea una reflexión relevante sobre la responsabilidad de los medios y la facilidad con la que una estrategia comercial puede terminar condicionando la manera en que una sociedad consume información. Lamb no necesita inventar el interés por el escándalo; comprende que ese interés existe y aprende a explotarlo a una escala mayor. El problema aparece cuando satisfacer la curiosidad del público deja de ser una herramienta y se convierte en el principio que determina qué merece publicarse y cómo debe contarse.

INK encuentra su mayor fuerza en la tensión entre el entusiasmo de una revolución periodística y el daño que puede producir cuando el éxito se impone sobre cualquier consideración ética. Jack O’Connell y Guy Pearce sostienen un relato dinámico, mientras Danny Boyle demuestra su habilidad para convertir un proceso histórico en cine vibrante y provocador. Aunque su tramo final explica demasiado lo que sus imágenes y personajes ya habían conseguido expresar, la película deja una pregunta difícil de esquivar: ¿qué ocurre cuando la prensa descubre que el escándalo vende y empieza a tratar esa certeza como una justificación para todo lo demás?

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