Ira Sachs construye un drama íntimo y conmovedor sobre el amor, la enfermedad y la fragilidad de la vida. Rami Malek, Tom Sturridge y Luther Ford sobresalen por su química y unas interpretaciones llenas de sensibilidad.
FICM 2026 | The Man I Love (2026)
Puntuación: ★★★★
Dirección: Ira Sachs
Reparto: Rami Malek, Tom Sturridge, Rebecca Hall, Luther Ford y Ebon Moss-Bachrach
Ira Sachs vuelve a explorar uno de los temas que han atravesado buena parte de su filmografía: las relaciones afectivas y la manera en que el amor se transforma cuando la enfermedad y la posibilidad de la pérdida comienzan a ocuparlo todo. En The Man I Love, el director sitúa su historia en Nueva York a finales de los años ochenta, en una época marcada por la crisis del sida, para seguir a un artista que intenta recuperar su vida después de haber estado cerca de la muerte. Pero Sachs no construye una película dominada únicamente por la tragedia. Su mirada se concentra en los momentos que todavía merecen ser vividos, en los vínculos que sostienen a sus personajes y en la posibilidad de encontrar belleza incluso cuando el futuro parece cada vez más incierto. El resultado es un drama profundamente triste y hermoso, que conmueve por su sensibilidad y por la humanidad con la que observa a quienes lo habitan.
Rami Malek interpreta a Jimmy George, un actor, cantante y performer de la escena artística independiente neoyorquina que acaba de salir del hospital después de atravesar una grave complicación de salud relacionada con el VIH. A pesar de su estado, Jimmy intenta retomar su actividad teatral y volver a conectar con el mundo que dejó atrás. A su lado está Dennis (Tom Sturridge), su pareja de toda la vida, quien se ha convertido también en su principal cuidador. Su relación está marcada por una mezcla de amor, paciencia, preocupación y cansancio, mientras Dennis intenta acompañarlo sin arrebatarle la libertad de tomar sus propias decisiones.
La dinámica cambia con la llegada de Vincent (Luther Ford), un joven vecino que comienza a sentirse atraído por Jimmy y que introduce una nueva energía en su vida. Para él, este encuentro representa una oportunidad inesperada de experimentar nuevamente el deseo, la emoción y la posibilidad de enamorarse. Sin embargo, también genera tensiones con Dennis, que conoce mejor que nadie la fragilidad de Jimmy y las consecuencias que pueden tener algunas de sus decisiones. Sachs no convierte este triángulo afectivo en un conflicto convencional, sino en una exploración de distintas formas de amar, cuidar y acompañar a alguien cuya vida está atravesada por una enfermedad que amenaza con arrebatárselo todo.
Uno de los mayores aciertos de la película está en la manera en que retrata esa intimidad. Sachs no juzga a sus personajes ni intenta imponer una postura moral sobre sus comportamientos. Jimmy quiere seguir viviendo bajo sus propios términos, incluso cuando quienes lo rodean consideran que está llevando su cuerpo demasiado lejos. Dennis, por su parte, debe convivir con el miedo constante de perder al hombre que ama, mientras intenta respetar su autonomía. Vincent representa una forma de deseo más impulsiva, casi idealista, que contrasta con la experiencia y las preocupaciones de quienes llevan más tiempo compartiendo la vida con Jimmy. Es en esas contradicciones donde la película encuentra buena parte de su riqueza emocional.

Rami Malek ofrece una interpretación especialmente vulnerable y liberada. Su Jimmy es un personaje complejo, lleno de contradicciones, que puede pasar de la vitalidad y el entusiasmo a la fragilidad más dolorosa. El actor consigue transmitir esa necesidad desesperada de seguir sintiéndose vivo, sin convertirla en una representación exagerada del sufrimiento. Tom Sturridge está igualmente extraordinario como Dennis. Su trabajo se construye desde los pequeños gestos, las miradas y una preocupación que pocas veces necesita expresarse directamente. Hay una ternura particular en la manera en que observa a Jimmy, como si intentara conservar cada instante que todavía pueden compartir. Luther Ford completa este núcleo con una interpretación que aporta frescura y espontaneidad, y cuya química con Malek y Sturridge termina siendo uno de los grandes atractivos de la película.
También resulta fundamental la reconstrucción de Nueva York a finales de los años ochenta. La fotografía de Josée Deshaies utiliza luces, colores y espacios para recuperar una época en la que la vida cultural y nocturna convivía con el miedo, la incertidumbre y la pérdida. La música ocupa un lugar central en la narración: Jimmy es un artista y las canciones forman parte de su identidad, de sus relaciones y de su manera de experimentar el mundo. Por eso, The Man I Love tiene algo de musical, aunque no responda necesariamente a las convenciones del género. Sus interpretaciones y momentos musicales funcionan como extensiones de los sentimientos de los personajes, aportando una energía que contrasta con la tristeza que atraviesa la historia.
Es cierto que el director opta por una narración fragmentaria, construida a partir de encuentros, conversaciones, fiestas y momentos cotidianos, y que esa estructura puede exigir cierta paciencia. No todo está explicado de inmediato y algunas decisiones de los personajes pueden resultar difíciles de comprender. Sin embargo, esa aparente sencillez permite que la película encuentre su mayor fuerza en lo que permanece entre escenas: las miradas, los silencios y los gestos de afecto que revelan cuánto significa una persona para otra. Sachs reserva su momento más devastador para una secuencia en la que Jimmy, durante una actuación, comienza a enfrentarse a la pérdida de sus propias capacidades. Es un instante de enorme intensidad, sostenido por el trabajo de Malek y por la sensibilidad del director, que evita caer en el sentimentalismo fácil.
The Man I Love es una película profundamente conmovedora sobre el amor, la enfermedad y la fragilidad de la existencia, pero también sobre la resistencia de quienes se niegan a renunciar a la belleza de estar vivos. Ira Sachs encuentra en sus personajes una humanidad extraordinaria y construye una elegía íntima sobre una época marcada por el sida, sin reducir sus vidas a la tragedia. Rami Malek, Tom Sturridge y Luther Ford forman un núcleo interpretativo de enorme química, mientras que la música, la fotografía y el vestuario —que merece una mención especial— terminan de darle a la película una identidad visual y emocional muy atractiva. Un drama triste, luminoso y hermoso que deja una huella mucho después de terminar.