Lukas Dhont construye en Cobarde un conmovedor romance queer ambientado en la Primera Guerra Mundial, donde dos jóvenes soldados encuentran en el amor una forma de resistencia frente a la brutalidad de su entorno.
FICM 2026 | Cobarde (2026)
Puntuación: ★★★★
Dirección: Lukas Dhont
Reparto: Emmanuel Macchia, Valentin Campagne, Jonas Wertz y Jef Jacobs
Lukas Dhont encuentra en Cobarde (Coward) una forma distinta de acercarse al cine bélico. En lugar de concentrarse exclusivamente en la violencia del combate, el director belga desplaza la mirada hacia dos jóvenes soldados que descubren el amor en medio de la Primera Guerra Mundial. A través de su relación, construye una historia sobre el deseo, la libertad y la dificultad de vivir abiertamente en un mundo que impone sus propias reglas sobre la masculinidad y la identidad. Es una película profundamente hermosa y conmovedora, que encuentra en los momentos más pequeños algunas de sus mayores victorias y convierte el amor en una forma de resistencia frente a la brutalidad de la guerra.
La historia nos sitúa en 1916. Pierre (Emmanuel Macchia) es un joven soldado belga que acaba de llegar al frente con la intención de demostrar su valor. Sin embargo, pronto descubre que la guerra está muy lejos de cualquier ideal heroico. Entre las órdenes, el miedo y la muerte, conoce a Francis (Valentin Campagne), un soldado que lidera un grupo de compañeros dedicados a montar espectáculos teatrales para levantar el ánimo de las tropas. En ese pequeño espacio de creatividad y libertad, Pierre encuentra una compañía distinta y, sobre todo, una conexión inesperada con Francis.
La relación entre ambos se desarrolla en un entorno donde la supervivencia parece ser la única prioridad. Sin embargo, mientras los soldados enfrentan la posibilidad constante de morir, Pierre y Francis descubren una intimidad que les permite experimentar algo parecido a la libertad. Sus encuentros clandestinos, las miradas y los momentos que consiguen compartir adquieren un significado especial precisamente porque todo a su alrededor parece estar condenado a desaparecer. Dhont comprende que no necesita recurrir a grandes declaraciones para transmitir la profundidad de ese vínculo. La emoción surge de la cercanía entre los personajes y de la posibilidad de encontrar a alguien con quien sentirse verdaderamente comprendido.

Uno de los elementos más interesantes de Cobarde es la presencia del grupo teatral. Las representaciones organizadas por Francis funcionan como un pequeño refugio frente al horror cotidiano, pero también como un espacio donde las normas de género y masculinidad pueden ponerse en cuestión. Los soldados interpretan personajes femeninos, utilizan vestuarios y se permiten una expresividad que difícilmente encontrarían fuera del escenario. Lo llamativo es que sus actuaciones son celebradas por sus compañeros, quienes encuentran en ellas una forma de entretenimiento y alivio. Sin embargo, esa aparente libertad tiene límites: mientras el grupo puede celebrar la representación artística de la diversidad, la relación sentimental entre Pierre y Francis debe mantenerse oculta. En esa contradicción, la película encuentra una de sus observaciones más interesantes sobre la hipocresía de las estructuras sociales.
Dhont también consigue que la guerra funcione como algo más que un telón de fondo. La violencia está presente en los cuerpos, en el agotamiento, en los compañeros que no regresan y en el sonido distante de las explosiones. No necesita convertir cada enfrentamiento en una gran secuencia de acción para transmitir la devastación del conflicto. Por el contrario, la distancia con la que observa el combate permite que la historia conserve su intimidad y que el espectador comprenda cuánto significa ese pequeño espacio de humanidad que los protagonistas consiguen construir.
La fotografía de Frank van den Eeden es fundamental en ese sentido. La película establece un contraste visual entre las noches amenazantes del frente y los días iluminados por una luz que resalta la juventud y la fragilidad de los soldados. Hay una atención especial a los cuerpos, los movimientos y los gestos, que permite contemplar a estos hombres más allá de sus uniformes y de la imagen rígida que la guerra impone sobre ellos. La música de Valentin Hadjadj acompaña esa sensibilidad sin imponerse sobre las emociones, mientras que las representaciones teatrales aportan momentos de ligereza y vitalidad que enriquecen el conjunto.
Las interpretaciones son otro de los grandes motivos para dejarse llevar por la película. Emmanuel Macchia debuta en la pantalla grande con una actuación especialmente sensible como Pierre, un joven reservado que descubre una parte de sí mismo a través de su relación con Francis. Valentin Campagne, por su parte, aporta carisma, espontaneidad y una personalidad magnética a un personaje que parece encontrar en el escenario la libertad que no puede tener en su vida cotidiana. La química entre ambos es extraordinaria. Sus personajes se sienten como dos personas que realmente se han encontrado en el momento menos esperado, y esa conexión hace que uno se involucre profundamente en su historia.

La película también plantea una reflexión sobre el significado de la cobardía. En un contexto donde el heroísmo se mide por la disposición a combatir y sacrificar la propia vida, Dhont propone otra forma de valentía: la de reconocer los sentimientos, permitirse amar y encontrar la libertad de ser uno mismo, incluso cuando el entorno parece negarla. Para Francis, el final de la guerra no representa necesariamente una promesa de felicidad, pues también significa regresar a una sociedad cuyas convenciones podrían volver a asfixiarlo. Esa idea le añade una dimensión especialmente dolorosa a una historia que, por momentos, parece encontrar en el frente un refugio tan improbable como contradictorio.
Cobarde confirma la sensibilidad de Lukas Dhont para explorar los vínculos masculinos y las emociones que suelen permanecer ocultas detrás de las convenciones sociales. Es una historia de amor queer extraordinariamente conmovedora, sostenida por dos interpretaciones magníficas, una fotografía de gran belleza y una puesta en escena que encuentra luz incluso en medio de la devastación. Su tramo final alcanza una elegancia emocional difícil de olvidar, demostrando que, incluso cuando el mundo parece empeñado en separar a dos personas, el amor puede convertirse en una de las formas más profundas de resistencia. Una película hermosa, dolorosa y llena de humanidad, que merece un lugar entre los grandes romances del cine reciente.