El ser querido, de Rodrigo Sorogoyen, apuesta por la excelencia técnica y las interpretaciones de Javier Bardem y Victoria Luengo para explorar un conflicto familiar marcado por el abandono y la dificultad de reconciliarse. Sin embargo, su intento de evocar el cine de Ingmar Bergman se queda en una versión simplificada y descafeinada.
El Ser querido (2026)
Puntuación:★★★
Dirección: Rodrigo Sorogoyen
Reparto: Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs y Raúl Prieto
***screening de prensa***
Hace un año, Noruega nos dio una muestra de la herencia cinematográfica de Ingmar Bergman a través de Sentimental Value, una película que, a través del cine, presentaba un conflicto familiar cargado de daddy issues.
En 2026, el director español Rodrigo Sorogoyen muestra su versión de Bergman a través de la cinta El ser querido, una película que cuenta la historia de un director de cine español que, tras regresar a su país natal para filmar en el Sahara, decide incluir a su hija (a la que no ha visto en mucho tiempo y abandonó de niña) como la actriz principal de su filme, con el objetivo de acercarse y buscar la reconciliación. (¿Les suena familiar?).
El mayor problema de la cinta española es la pretensión de evocar el conflicto y el drama únicamente a través de la excelencia técnica, apartado en el que hay que reconocer que, en general, el cine español es impecable, especialmente en el sonido (el uso de silencios), así como en los close-ups de las expresiones, el manejo de cámara y las tonalidades en fotografía. No en balde, la cinta tiene dos secuencias (una conversación y otra que muestra el proceso del cine dentro del cine) que, si alguien gusta ponerlas como de lo mejor del año, no habría queja.
El principal problema de la película radica en la densidad de la narrativa y el conflicto, más allá de los clásicos daddy issues y la ya repetida historia de la dualidad del artista para sanar y condenarse en sus relaciones personales a través del arte. En Sentimental Value, el conflicto no solo se anclaba en la problemática relación entre padre e hija, así como en los símiles de sus caracteres, sino que planteaba un conflicto del director con respecto a la relación con su madre, extendiendo este asunto de manera intergeneracional. Adicionalmente, había un personaje puente, como la hermana, y la suplente incómoda (Elle Fanning).

El ser querido carece completamente de estos elementos, haciéndonos sentir que nos están sirviendo el mismo taco al pastor, pero con mucho menos carne y piña. Si por momentos sentíamos que la cinta noruega nos entregaba una versión light de Sonata de otoño, la cinta española se siente más adelgazada y descafeinada. Adicionalmente, la analogía del desierto es menos sutil que la de la casa (eso sí, al menos no se la tomó de Fanny y Alexander).
Irónicamente, la película funciona mejor cuando se aleja del conflicto familiar y se enfoca mucho más en el conflicto de su protagonista al dirigir su película, en un choque entre los antiguos métodos de trabajo y una modernidad que, a pesar del genio, no perdona los malos tratos. Quizás, si la cinta se hubiera enfocado más en ser una película sobre el cine dentro del cine y hubiera convertido el conflicto paternal en una trama secundaria, sería una cinta con más consistencia.
Lo que evita que esta película sea un despropósito termina siendo el registro actoral de Javier Bardem y Victoria Luengo, quienes, a través de la cascada de emociones, dotan de un plus fuerte a sus personajes, especialmente Victoria, quien tiene que ir y venir entre su propio personaje y el que este interpreta dentro de la película.
Salvada por la técnica y la actuación, El ser querido es otra de esas películas cuya fortaleza radica en lo visual y la interpretación, pero que carecen de fortaleza narrativa. Una versión simplista y frívola del bergmanismo, sin la peculiaridad y complejidad de una casa, e igual de seca y vacía que un desierto.