Olga | Review

La entrada para los Premios Óscar de Suiza en la ceremonia pasada es un drama deportivo, con tintes políticos, donde los sueños de una gimnasta se cruzan con la cruda realidad.

Olga (2021)
Puntuación: ★★★★
Dirección: Elie Grappe
Reparto: Anastasiia Budiashkina, Sabrina Rubtsova, Caterina Barloggio, Théa Brogli, Jérôme Martin, Tanya Mikhina y Alicia Onomor
Disponible: Estreno en cines

Los dramas deportivos siguen una estructura similar; es común identificarse con relatos donde, con base en esfuerzo y valentía, se alcanzan los diversos objetivos impuestos. Si bien, Olga, la exitosa película europea que se estrenó en la Semana de Realizadores en Cannes, bebe de esta fórmula, se enriquece gracias a las capas que la atmósfera y la seriedad de

La sinopsis es sencilla pero efectiva al situar a la audiencia ante el conflicto principal del filme: año 2013. Una gimnasta de 15 años, de nombre Olga, vive dividida entre Suiza, donde se entrena para el Campeonato Europeo previo a los Juegos Olímpicos, y Ucrania, donde su madre, periodista, está cubriendo los acontecimientos del Euromaidán.

De manera inevitable, el contexto político-social que se vive en la actualidad europea, tenso y complejo, le otorga un valor adicional al filme, el cual no escatima en esfuerzos al momento de contar una historia sobre la necesidad de un sentido de pertenencia y las implicaciones de dejar atrás familia y amigos, con tal de perseguir un sueño. Este argumento suena conocido, es la realidad de miles al rededor del mundo y la película comprende esto, realizando una aproximación llena de humanismo y respeto hacia estas temáticas, evitando complacencias o sentimentalismos innecesarios.

El relato se desarrolla durante el ya mencionado Euromaidán (conocido también como la Revolución de la Dignidad), un conjunto de revueltas y manifestaciones que tuvieron lugar en Ucrania, en el año 2013, las cuales a la larga derivaron en la expulsión del presidente Víktor Yanukóvich y, cronológicamente, en el comienzo de la crisis que desencadenó el conflicto actual con Rusia.

Es evidente la apuesta de Elie Grappe, en donde, desde la dirección, las actrices involucradas fluyen con sus propias palabras y no se encuentran apegadas a un guion estricto, lo que otorga mayor naturalidad y dinamismo, sobre todo en las secuencias de entrenamientos o competencias, las cuales son uno de los mayores aciertos del filme, debido a que el montaje favorece la generación de reacciones genuinas en los close-ups.

La discriminación y conflictos internos experimentados por Olga son, en su mayoría, creíbles; sus compañeras dentro de la selección Suiza no ven con buenos ojos que una extranjera sea parte del representado patrio y las dificultades para adaptarse a una nueva cultura mientras practica un deporte exigente como la gimnasia.

Sin dudas, la libertad de la cámara y la utilización de planos en 360 grados hace posible captar la experiencia de la protagonista y su búsqueda de equilibrio, agilidad y vértigo. Por otro lado, el filme no cuenta con una cinematografía especial y en el apartado técnico su ejecución es limpia, reflejando que las verdaderas intenciones de la obra van más por el lado del storytelling, más que por el aspecto visual.

En resumidas cuentas, Olga es un filme que funciona, la dirección es acertada, la actuación de Anastasia Budiashkina como protagonista es excelente y refleja compromiso, mientras que las escenas competitivas y el fuerte contenido emocional dan forma a una cinta necesaria y relevante.


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