Scare Out – Zhang Yimou se adentra en el thriller de espionaje más genérico de su carrera

Scare Out es probablemente la película menos Zhang Yimou de Zhang Yimou: un thriller de espionaje convencional, que aunque la historia resulta genérica, predecible y excesivamente acelerada por un montaje frenético, Yimou demuestra que su dominio visual permanece intacto.
Scare Out (2026)
Puntuación:★★★
Dirección: Zhang Yimou
Reparto: Jackson Yee, Zhu Yilong, Song Jia y Lei Jiayin
Disponible en VOD

Para mí, Dionar Hidalgo, encontrar una nueva película de Yimou siempre ha sido un acontecimiento. Ver una obra suya no es simplemente ir al cine: es volver a encontrarme con una mirada que llevo décadas admirando, con ese cine capaz de convertir un encuadre, un color o el movimiento de un cuerpo en algo que trasciende la historia que está contando. Por eso, cada vez que Yimou estrena una película, hay una parte de mí que vuelve a ser ese espectador que descubrió, hace muchos años, el poder que podía tener su cine.

Así llego a Scare Out: con las expectativas altísimas, sí, pero también con esa disposición que pocas películas consiguen provocar en mí. La de sentarme frente a la pantalla sabiendo que estoy ante el trabajo de uno de mis directores favoritos de todos los tiempos. Y cuando se trata de Zhang Yimou, eso tiene algo de acto de amor, pero también de reverencia. Y es por eso, que cuando veía su nueva película, el resultado fue extraño.

No porque sea una mala película en términos estrictamente técnicos, sino porque probablemente sea la película menos Zhang Yimou de Zhang Yimou. Y también, por desgracia, una de las más débiles de su carrera.

Yimou surgió de la llamada Quinta Generación del cine chino junto a nombres como Chen Kaige y Tian Zhuangzhuang. Sus primeras películas rompieron con buena parte del realismo socialista de generaciones anteriores y encontraron una identidad basada en la potencia visual, la exploración de la tradición, la violencia política, el deseo, la represión y, sobre todo, una sensibilidad profundamente cinematográfica. Ju Dou, Raise the Red Lantern y To Live convirtieron a Yimou en uno de los grandes nombres del cine de autor internacional.

Después llegó otra transformación. El director que había construido dramas de una belleza casi pictórica comenzó a experimentar con el cine wuxia y la espectacularidad: Hero, House of Flying Daggers y posteriormente Curse of the Golden Flower o Shadow demostraron que su obsesión por la composición podía convivir con el movimiento, la acción y las grandes producciones. Yimou pasó de ser un referente del cine de autor a convertirse también en un cineasta capaz de trabajar a escala monumental.

Ese proceso continuó hasta convertirlo en una figura institucional de enorme relevancia en China, especialmente después de dirigir las ceremonias de apertura y clausura de los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y, posteriormente, otros grandes espectáculos nacionales. El Yimou de hoy está muy lejos del joven cineasta que alguna vez fue considerado una figura heterodoxa dentro del cine chino. Y Scare Out parece ser, en cierta forma, la consecuencia definitiva de esa evolución.

La película sigue a un equipo de seguridad nacional que intenta descubrir quién está filtrando información altamente confidencial a fuerzas extranjeras. Una serie de operaciones fallidas hace que las sospechas comiencen a dirigirse hacia el propio equipo, mientras agentes, traiciones, tecnología y lealtades personales se cruzan en una investigación cada vez más complicada.

Sobre el papel, hay material suficiente para construir un thriller de espionaje paranoico. En la práctica, Scare Out se siente como una mezcla de Mission: Impossible, Infernal Affairs y el thriller tecnológico contemporáneo, con espías chinos, drones, inteligencia artificial y una ciudad futurista como escenario.

El problema no es que Yimou haga una película comercial. Ya ha demostrado muchas veces que puede hacerlo extraordinariamente bien. El problema es que esta vez parece desaparecer detrás del material.

La trama de agentes dobles, secretos y lealtades personales tiene una profundidad bastante limitada. Los personajes están construidos más como piezas de un mecanismo narrativo que como individuos complejos, mientras que la tecnología —drones, sistemas de vigilancia, inteligencia artificial— funciona principalmente como una excusa para poner a los personajes en movimiento.

Incluso el componente político resulta curiosamente superficial. La película está atravesada por una evidente visión de seguridad nacional y por una tensión entre China y fuerzas occidentales, pero no parece demasiado interesada en explorar las implicaciones ideológicas de ese conflicto. La propaganda está ahí, pero muchas veces funciona más como telón de fondo que como discurso articulado.

Lo verdaderamente interesante es observar qué hace Yimou con todo eso. Porque incluso cuando el material es genérico, el hombre sigue demostrando que técnicamente juega en otra liga. Scare Out está llena de planos aéreos, movimientos imposibles de cámara, persecuciones, edificios iluminados, pantallas, drones atravesando rascacielos y composiciones diseñadas para convertir una ciudad contemporánea en un gigantesco tablero de espionaje. Hay imágenes que parecen directamente extraídas de una película de ciencia ficción. Yimou continúa teniendo un ojo privilegiado para encontrar belleza en el espacio y para convertir la arquitectura en parte de la acción. El problema aparece en el montaje.

La película está editada con una velocidad casi desesperada. Los planos duran apenas unos segundos y la cámara cambia constantemente de posición, incluso durante conversaciones que no necesitarían semejante despliegue. Cada frase parece exigir un nuevo ángulo, cada movimiento una nueva toma. El resultado termina siendo paradójico: una película construida para generar tensión que, por exceso de estímulos, muchas veces no permite sentirla.

Yimou parece querer convertirse por momentos en Tony Scott, pero sin encontrar el mismo sentido del ritmo. Todo está acelerado desde el comienzo, por lo que las escenas no tienen espacio para crecer. Si cada momento tiene la misma intensidad, ninguno termina sintiéndose verdaderamente importante. Es una pena porque cuando Scare Out se detiene un instante, aparece el cineasta que conocemos.

Hay momentos de acción extraordinariamente diseñados, movimientos de cámara que recuerdan al Yimou de sus grandes espectáculos wuxia y una capacidad casi instintiva para transformar una persecución convencional en algo visualmente atractivo. La última parte, llena de giros y revelaciones, lleva esa tendencia al extremo: una especie de pirueta narrativa constante donde cada revelación intenta superar a la anterior. Pero ahí también aparece otra de las debilidades del filme: la película confunde complejidad con profundidad.

Hay muchos secretos, muchas traiciones y demasiadas piezas moviéndose al mismo tiempo, pero pocas de ellas consiguen generar verdadero peso emocional. La historia quiere que desconfiemos de todos, aunque rara vez consigue que nos importe demasiado quién está mintiendo. Y eso es particularmente extraño en un director cuya filmografía ha estado tan marcada por las emociones humanas detrás de los grandes conflictos.

En Raise the Red Lantern, el color, la arquitectura y los rituales hablaban de poder y sometimiento. En Ju Dou, la composición visual convertía el deseo y la represión en una experiencia física. En Hero, incluso la espectacularidad estaba ligada a una reflexión sobre la violencia, el sacrificio y el poder. En One Second o Full River Red, el artificio visual seguía acompañado de una identidad autoral reconocible. En Scare Out, en cambio, cuesta encontrar esa segunda capa. Y quizá ahí esté lo verdaderamente fascinante de la película: no necesariamente en lo que cuenta, sino en lo que representa dentro de la carrera de Yimou.

Estamos ante un director que ha pasado de ser uno de los grandes outsiders del cine chino contemporáneo a convertirse en uno de sus maestros institucionales. Scare Out parece llevar esa transformación hasta su punto más extremo: Yimou ya no está utilizando el género para hablar de algo más; está utilizando todo su conocimiento técnico para ejecutar el género.

Eso no significa que haya perdido su talento. Todo lo contrario. Su talento está prácticamente intacto. Lo que parece haber cambiado es aquello que quiere hacer con él. Y quizá por eso Scare Out sea tan desconcertante para quienes hemos seguido su carrera. Es difícil mirar sus imágenes y no reconocer al maestro. Pero también es difícil encontrar en ellas al cineasta que alguna vez nos hizo enamorarnos de su cine.

Scare Out es un thriller de espionaje competente, espectacular y técnicamente impresionante, pero demasiado genérico para estar firmado por alguien como Zhang Yimou. Una película que demuestra que su dominio de la imagen sigue intacto, mientras deja una pregunta mucho más incómoda: ¿qué ocurre cuando uno de los grandes autores del cine deja de necesitar decir algo para demostrar que sabe perfectamente cómo filmarlo?

Quizás por eso duele un poco más. Porque incluso cuando Yimou hace una película menor, seguimos esperando encontrar al maestro detrás de ella.

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