Respirando bajo el agua aborda la violencia doméstica desde una mirada íntima y profundamente humana, explorando especialmente el daño psicológico y emocional que deja el abuso. A través de la interpretación contenida y brillante de Carla Juri.
Respirando bajo el agua (2024)
Puntuación:★★★½
Dirección: Éric Lamhène
Reparto: Carla Juri, Véro Tshanda Beya Mputu y Luc Schiltz
Disponible: Festival de cine europeo
La violencia doméstica ha sido retratada innumerables veces en el cine, pero pocas películas consiguen acercarse a ella con la honestidad silenciosa y la sensibilidad emocional que propone Respirando bajo el agua, el debut cinematográfico del director luxemburgués Éric Lamhène. Lejos de construir un relato sensacionalista o apoyarse únicamente en el impacto físico de la agresión, la película encuentra su fuerza en aquello que permanece invisible: el desgaste psicológico, la culpa interiorizada, la dependencia emocional y el miedo constante que sobreviven incluso después de escapar.
Desde sus primeros minutos, la película deja claro que el horror del maltrato no siempre necesita golpes explícitos para manifestarse. Emma, interpretada con enorme contención por Carla Juri, llega a un refugio para mujeres víctimas de violencia tras una sospechosa caída por las escaleras. La escena hospitalaria funciona como un detonante narrativo poderoso porque evidencia la negación que acompaña muchas veces a las víctimas. Emma no se reconoce completamente dentro del concepto tradicional de “mujer maltratada” porque su esposo nunca la golpeó directamente. Y es precisamente ahí donde la película encuentra uno de sus mayores aciertos: desmontar la idea limitada de que la violencia solo existe cuando deja marcas visibles.
El guion, escrito por Lamhène junto a Lee Rae Lyn, se construye como un mosaico de experiencias femeninas reales, y esa estructura coral le permite a la película respirar humanidad. Cada mujer del refugio carga heridas distintas, pero todas comparten la misma sensación de haber sido despojadas lentamente de sí mismas. Khadij, Esperanza y Sascha no funcionan únicamente como personajes secundarios; representan distintas formas de supervivencia y resistencia frente a un sistema de abuso que opera desde el control emocional, económico y psicológico. La solidaridad femenina aparece entonces no como un discurso forzado, sino como una necesidad vital.
Uno de los aspectos más interesantes de la puesta en escena es la manera en que el refugio es filmado. Lejos de convertirse en un espacio sombrío o deprimente, el lugar está lleno de caos cotidiano, niños jugando, colores vivos y plantas trepando por las escaleras. La fotografía de Lee Rae Lyn encuentra belleza en los pequeños detalles y convierte ese refugio en un símbolo de reconstrucción emocional. Es un espacio herido, pero vivo. La cámara acompaña a las mujeres con cercanía y respeto, evitando invadirlas o convertir su dolor en espectáculo. El resultado es una experiencia profundamente íntima.
Sin embargo, aunque la película mantiene casi siempre un tono sobrio y honesto, en ciertos momentos cae en una ligera tendencia a subrayar demasiado sus mensajes sobre el empoderamiento femenino. Algunas escenas parecen diseñadas para reforzar explícitamente la idea de superación, perdiendo por instantes la sutileza que domina el resto del relato. Aun así, estos pequeños excesos emocionales nunca terminan por romper la sinceridad de la obra, porque el corazón de la película permanece siempre en sus personajes y en la vulnerabilidad con la que son retratados.
Al final, el debut de Éric Lamhène destaca precisamente por su capacidad de observar a sus personajes con empatía y sin juicios fáciles. No busca ofrecer soluciones simplistas ni construir heroínas perfectas, sino mostrar el complejo proceso de sanar cuando las heridas no siempre son visibles. Con sensibilidad, humanidad y un poderoso trabajo actoral, Respirando bajo el agua se convierte en un retrato sincero y conmovedor sobre mujeres que intentan volver a respirar después de haber vivido demasiado tiempo ahogadas emocionalmente.
