David Wain apuesta por una comedia disparatada que mezcla celebridades, enredos románticos y humor absurdo en una aventura por Hollywood con una Zoey Deutch destaca por su naturalidad y energía.
Gail Daughtry y el vale por un rollo VIP (2026)
Puntuación:★★★
Dirección: David Wain
Reparto: Zoey Deutch, John Slattery, Ken Marino, Miles Gutierrez-Riley, Jon Hamm, Ben Wang y Sabrina Impacciatore
***screening de prensa***
David Wain construye su nueva comedia alrededor de una premisa que parece sacada de una conversación entre amigos que ha perdido cualquier contacto con la realidad. En Gail Daughtry y el vale por un rollo VIP (Gail Daughtry and the Celebrity Sex Pass), una peluquera de Kansas ve cómo su relación de toda la vida se desmorona cuando su prometido se acuesta con Jennifer Aniston, la celebridad que figuraba en su lista de permitidos. Decidida a equilibrar la balanza, Gail emprende un viaje a Los Ángeles con la intención de acostarse con Jon Hamm, el famoso que ella habría elegido para semejante excepción. El problema es que lo que comienza como una venganza sentimental termina convirtiéndose en una aventura descontrolada que involucra celebridades, asesinos, conspiraciones y una colección de personajes que parecen haber llegado desde distintas películas.
La idea en sí, tiene potencial para una comedia que se burle tanto de las relaciones modernas como de la obsesión de Hollywood con las celebridades, pero Wain parece más interesado en llevar el disparate hasta sus últimas consecuencias que en encontrar una dirección clara para su historia. La película salta de una ocurrencia a otra, introduciendo personajes y situaciones que rara vez tienen tiempo de desarrollarse antes de que aparezca el siguiente chiste. Esa velocidad le permite mantener cierta energía, aunque también evidencia sus limitaciones: no todas las bromas funcionan y algunas secuencias se prolongan mucho más de lo que su remate puede justificar. Hay momentos en los que el humor resulta genuinamente efectivo, pero otros parecen depender únicamente de que el espectador acepte lo absurdo de la situación como suficiente motivo para reírse.
Parte de esa irregularidad tiene que ver con la dificultad para identificar qué está intentando satirizar la película. Wain, conocido por trabajar con la comedia de parodia en títulos como Wet Hot American Summer y They Came Together, vuelve a recurrir a un humor consciente de su propia estupidez. Sin embargo, aquí la burla no termina de encontrar un objetivo definido. La historia parece querer reírse de las comedias de acción, de la maquinaria de las celebridades y de ciertas convenciones románticas, pero esas ideas quedan relegadas a un segundo plano frente a la necesidad de encadenar situaciones extravagantes. El resultado tiene más de una sucesión de ocurrencias entre amigos que de una sátira construida con precisión.

Eso no significa que la película carezca de momentos divertidos. Su reparto se entrega por completo al juego, incluso cuando el material no está a la altura de su entusiasmo. Los cameos y las apariciones de figuras conocidas aportan una parte importante del atractivo, aunque también existe una sensación de que algunos de esos invitados se divierten más participando en el chiste que el público observándolo. Las mejores escenas son aquellas en las que la película encuentra una idea cómica concreta y sabe explotarla, en lugar de confiar exclusivamente en lo inesperado de sus personajes o en la presencia de una celebridad.
En medio de todo ese caos, Zoey Deutch es el principal punto de apoyo de la película. Su Gail podría haber quedado reducida a una protagonista ingenua arrastrada por una sucesión de disparates, pero la actriz le aporta una energía y una naturalidad que permiten acompañarla incluso cuando la historia empieza a perder el rumbo. Deutch entiende el tono exagerado de la propuesta sin convertir a su personaje en una simple caricatura, y su compromiso con la aventura consigue que algunas de las situaciones más ridículas tengan cierto encanto. Miles Gutierrez-Riley, por su parte, funciona como un buen acompañante dentro de este recorrido, mientras que las apariciones del resto del reparto contribuyen a mantener la sensación de que cualquier cosa puede ocurrir a continuación.
También hay una intención de convertir Hollywood en un territorio donde la fama transforma a las personas en objetos de deseo y donde acercarse a una celebridad parece una misión que justifica cualquier locura. Jon Hamm se convierte en el centro de esa obsesión, aunque la película utiliza su figura principalmente como el objetivo de la aventura y no desarrolla demasiado lo que esa fantasía dice sobre Gail. Su crisis sentimental es el detonante de toda la historia, pero queda rápidamente desplazada por la persecución, los enredos y las bromas. La película no necesita convertirse en un drama sobre la fidelidad, pero sí habría ganado con una mirada más ingeniosa a la relación entre el despecho, las fantasías románticas y la idea de que una revancha puede reparar una herida.
Al final, Gail Daughtry y el vale por un rollo VIP es una comedia que funciona a ratos, capaz de provocar algunas risas cuando encuentra el ritmo adecuado, pero demasiado irregular para sostener su propia locura durante todo el metraje. David Wain demuestra que todavía sabe reunir a un grupo de intérpretes dispuestos a jugar con el absurdo, aunque esta vez la improvisada sensación de diversión termina trasladándose también a la escritura. Hay ideas que podrían haber dado mucho más de sí, chistes que necesitaban otra vuelta y una sátira que nunca termina de tomar forma. Zoey Deutch consigue que valga la pena acompañar a Gail durante parte del viaje, pero ni su carisma ni el entusiasmo del reparto bastan para convertir esta disparatada aventura en una comedia verdaderamente memorable.