¡Behemoth! Una vida. En piezas. — Pedro Pascal destaca en el nuevo drama de Tony Gilroy

Lo nuevo de Tony Gilroy, sigue a Alex Serian (Pedro Pascal), un virtuoso violonchelista que regresa a Los Ángeles después de veinte años y debe enfrentarse a los conflictos familiares y personales que han marcado su vida.
FICM 2026 | ¡Behemoth! (2026)
Puntuación: ★★★
Dirección: Tony Gilroy
Reparto: Pedro Pascal, Olivia Wilde, Eva Victor, Alexa Swinton, Kaya Ralla y Will Arnett

Tony Gilroy reúne en ¡Behemoth! Una vida. En piezas. varios elementos que podrían sostener un drama interesante: un músico de enorme talento, una familia marcada por las exigencias artísticas y un pasado que sigue condicionando el presente. Sin embargo, la película no siempre consigue que esas piezas funcionen en conjunto. Su estructura fragmentada, los saltos temporales y algunos conflictos que apenas llegan a desarrollarse hacen que la historia pierda fuerza, aunque encuentra en Pedro Pascal y, sobre todo, en su apartado musical razones suficientes para mantener el interés.

Pascal interpreta a Alex Serian, un violonchelista que regresa a Los Ángeles después de veinte años fuera. El deterioro de la salud de su madre, la distancia con su hermano y las relaciones sentimentales que han marcado su vida lo obligan a reencontrarse con un pasado del que nunca terminó de desprenderse. Alex pertenece a una familia de músicos reconocidos, pero ese legado parece haber sido tanto una oportunidad como una carga. La película plantea una tensión interesante entre la vocación y la obligación de estar a la altura de una tradición familiar, aunque no siempre profundiza lo suficiente en sus consecuencias.

Pedro Pascal ofrece una interpretación convincente, especialmente cuando el personaje encuentra en la música una forma de expresar aquello que no consigue comunicar con palabras. Su manejo del violonchelo aporta naturalidad al papel y ayuda a comprender la relación casi absoluta que Alex mantiene con su oficio. No obstante, el guion lo presenta con frecuencia como un hombre alrededor del cual giran las mujeres de su vida, sin concederles siempre la profundidad necesaria para que sus propias historias tengan peso. Algunos encuentros y romances terminan pareciendo episodios aislados, más útiles para completar la cronología del protagonista que para enriquecer su evolución.

La película gana interés cuando Alex establece una relación con músicos más jóvenes, particularmente con Viviana, la hija adolescente de una antigua pareja. A través de ella surge una reflexión más atractiva sobre el talento, la herencia artística y la posibilidad de transmitir conocimientos sin imponer las mismas expectativas que marcaron una infancia. Alexa Swinton aporta sensibilidad al personaje y permite que el relato encuentre una dimensión emocional que no siempre está presente en sus conflictos familiares y sentimentales. Es en ese vínculo donde Alex empieza a descubrir que su experiencia puede tener un valor que va más allá de su propio reconocimiento profesional.

El apartado musical es, sin duda, uno de los mayores aciertos. La participación de compositores como Michael Abels, Michael Giacchino, James Newton Howard y Alan Silvestri, junto con los demás integrantes del equipo musical, contribuye a construir una experiencia sonora rica y expresiva. El montaje de sonido también destaca por la manera en que acompaña las imágenes y potencia determinadas escenas. Cuando Tony Gilroy reduce las explicaciones y confía en la música, la película encuentra una personalidad mucho más definida. La fotografía de Damián García complementa esa búsqueda sin ocultar las irregularidades del conjunto.

El problema es que la fragmentación narrativa no siempre se traduce en profundidad. Hay transiciones que dificultan seguir el desarrollo de los acontecimientos, personajes secundarios que quedan relegados y conflictos que parecen anunciar una importancia que finalmente no alcanzan. La película tiene ideas interesantes sobre la familia, la vocación y las relaciones entre generaciones, pero no todas encuentran un desarrollo satisfactorio.

¡Behemoth! Una vida. En piezas. termina siendo una propuesta irregular que funciona mejor por sus interpretaciones y su riqueza sonora que por la construcción de su historia. Pedro Pascal sostiene a un protagonista complejo y la música consigue darle fuerza a momentos que el guion deja a medio camino. Tony Gilroy encuentra destellos de una película más interesante, aunque no siempre logra que todas sus piezas encajen.

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