Enola Holmes 3 vuelve a ofrecer una aventura entretenida, pero confirma las limitaciones que la franquicia ha arrastrado desde su inicio: un guion saturado de temas, un montaje excesivamente acelerado y unas actuaciones protagonistas planas.
Enola Holmes 3 (2026)
Puntuación:★★½
Dirección: Philip Barantini
Reparto: Millie Bobby Brown, Henry Cavill, Helena Bonham Carter, Louis Partridge y Himesh Patel
Disponible en Netflix
Después de tres películas, la sensación sigue siendo la misma: Enola Holmes es una franquicia con mucho potencial y pocas ganas de arriesgar. Lo que comenzó como una propuesta fresca para darle protagonismo a la hermana de Sherlock Holmes continúa refugiándose en una fórmula demasiado segura, donde el humor, la aventura y los comentarios sociales rara vez alcanzan la profundidad que prometen. Esta tercera entrega intenta ampliar el universo llevando la historia hasta Malta y construyendo el caso más ambicioso de Enola, pero termina repitiendo muchas de las debilidades que han acompañado a la saga desde el principio.
Dirigida por Philip Barantini, con guion de Jack Thorne y basada en las novelas de Nancy Springer, la película sitúa a Enola en medio de una investigación que inicia con su viaje a Malta para contraer matrimonio con Tewkesbury y rápidamente se transforma en una carrera para encontrar a Sherlock Holmes, desaparecido en circunstancias misteriosas. Sobre esa base se construye una historia que también intenta abordar el colonialismo británico, las diferencias de clase, el papel de la mujer dentro del matrimonio, la independencia de Malta, conspiraciones militares y conflictos familiares. La ambición es evidente, pero el desarrollo nunca consigue estar a la altura de todas esas ideas.
El mayor problema de Enola Holmes 3 vuelve a ser el mismo que ha perseguido a la franquicia desde el inicio: confunde cantidad de temas con profundidad narrativa. Cada nuevo conflicto parece más interesante que el anterior, pero ninguno encuentra el espacio suficiente para desarrollarse con verdadero peso dramático. El misterio principal pierde fuerza porque constantemente debe detenerse para dar paso a nuevas subtramas, mientras que las reflexiones sociales aparecen más como obligaciones del guion que como elementos que nazcan de forma orgánica de la historia.

Si algo había distinguido a las entregas anteriores era su capacidad para mantener un equilibrio relativamente funcional entre el misterio y el entretenimiento. Aquí ese balance se rompe por completo. La película parece empeñada en no dejar respirar al espectador. Los constantes flashbacks, muchos de ellos recordando escenas vistas apenas minutos antes o recapitulando acontecimientos de películas anteriores, terminan interrumpiendo el flujo narrativo. En lugar de generar tensión o ayudar a comprender la investigación, ralentizan el avance del caso y transmiten una preocupante falta de confianza en la capacidad del público para seguir la historia por sí mismo.
La dirección de Philip Barantini tampoco termina de encontrar el tono adecuado para este universo. Aunque conserva parte del dinamismo que caracteriza su filmografía, el montaje acelerado y el exceso de estímulos visuales terminan jugando en contra de la película. En varios momentos, la edición parece responder más al ritmo frenético impuesto por el consumo de videos cortos en redes sociales que a las necesidades propias de un relato detectivesco. Una historia de misterio necesita observar, construir sospechas y permitir que las pistas respiren; aquí todo sucede con tanta rapidez que muchas escenas pierden impacto antes de que el espectador pueda procesarlas.
El cambio de escenario tampoco aporta el aire fresco que prometía. Malta ofrece un contexto histórico y visual sumamente atractivo, especialmente por su relación con el dominio británico y las tensiones políticas de la época. Sin embargo, la película desaprovecha gran parte de ese potencial. Más allá de algunos paisajes y una correcta recreación de época, el país termina funcionando únicamente como un decorado intercambiable, sin desarrollar una identidad visual tan marcada como la que Londres ofrecía en las entregas anteriores.

Donde la película sí mantiene cierta consistencia es en varios de sus personajes secundarios. Henry Cavill continúa ofreciendo una versión de Sherlock Holmes que resulta más cercana y menos distante que otras adaptaciones del personaje. Su relación con Enola sigue siendo una de las dinámicas más entretenidas de la saga, especialmente cuando aflora ese instinto protector frente al compromiso matrimonial de su hermana. Helena Bonham Carter vuelve a aportar el caos y la excentricidad que caracterizan a la madre de Enola, mientras Himesh Patel consigue que Watson deje de sentirse como un simple acompañante para ganar una presencia mucho más activa dentro de la investigación.
Sin embargo, resulta frustrante que la pareja protagonista siga siendo uno de los puntos más débiles de la franquicia. Millie Bobby Brown conoce perfectamente los gestos y la personalidad de Enola, pero su interpretación continúa sintiéndose rígida y limitada emocionalmente. Su ruptura constante de la cuarta pared mantiene parte del encanto del personaje, aunque ya comienza a sentirse más como una obligación de la franquicia que como un recurso realmente efectivo. Más evidente todavía es el caso de Louis Partridge. Su Tewkesbury vuelve a transmitir muy poco más allá de una presencia elegante frente a la cámara. Su actuación permanece prácticamente inalterable durante toda la película, con una expresividad mínima que dificulta conectar con los conflictos internos que el guion intenta desarrollar. Incluso en las escenas que deberían fortalecer el componente romántico, la química entre ambos protagonistas nunca termina de despegar. Partridge continúa pareciendo más un maniquí vestido de aristócrata que un personaje con verdadera vida propia.
Eso no significa que la película carezca por completo de virtudes. Su humor sigue funcionando en varios momentos, las secuencias de acción mantienen un ritmo entretenido y el misterio ofrece suficientes giros para sostener el interés durante buena parte del metraje. Además, resulta positivo que la historia continúe colocando a Enola como una protagonista dueña de sus propias decisiones, explorando las dudas que le genera el matrimonio sin convertir ese conflicto en un simple romance convencional.
Después de tres entregas, Enola Holmes continúa siendo una franquicia ligera y fácil de consumir, pero también demasiado conformista. Sus películas parecen tener miedo de abandonar una fórmula que claramente funciona para Netflix, aunque esa misma comodidad les impida evolucionar de verdad. Enola Holmes 3 entretiene, sí, pero también confirma que la saga sigue instalada en una zona de confort donde las buenas ideas nunca alcanzan el desarrollo que merecen. Quizá sea suficiente para quienes disfrutan de estos personajes, pero difícilmente convencerá a quienes siguen esperando una película que realmente haga justicia al enorme potencial de la detective más joven de la familia Holmes.