La cumbre de los dioses | Review

Desde Francia llega la última joya de la animación, estrenada en el célebre Festival de Cannes, disponible en la plataforma streaming de Netflix.

La cumbre de los dioses (2021)
Puntuación: ★★★★
Dirección: Patrick Imbert
Reparto: Francois Dunoye, Damien Boisseau, Éric Herson-Macarel, Marc Arnaud y Cédric Dumond
Disponible: Netflix

Ser innovador es un reto, sobre todo en un terreno tan saturado como lo es el cine de animación, donde cada mes tenemos estrenos de películas respaldadas por grandes estudios y productoras, que tratan de lo mismo y se valen de fórmulas para ser exitosas. La Cumbre de los Dioses, es una adaptación francesa en 2D, dirigida y coescrita por Patrick Imbert, basada en la aclamada serie de manga del mismo nombre, escrita por Jirô Taniguchi. Esta obra es una bocanada de aire fresco, la cual se distancia de apuestas mainstream y abraza un estilo propio, más pequeño y cautivador; cercano a la visión original de su autor. 

Los fanáticos de la animación disfrutarán de esta película, su apartado visual es atractivo desde el primer encuadre, se combinan fondos fijos fotorrealistas con escenarios bien plasmados, que destacan en las secuencias ubicadas en las montañas, generando vértigo y ansiedad en el espectador, todo esto mientras los paisajes plasmados en pantalla se encuentran llenos de belleza en su composición.

La trama no es compleja, sino más bien realista. Un fotógrafo apasionado llamado Fukamachi Makoto se obsesiona con la cámara perdida de George Mallory, escalador real que murió en el famoso Monte Everest en 1924. El protagonista cree que al revelar el rollo de esta cámara sería posible demostrar que Mallory alcanzó la cumbre y falleció en el descenso, lo que lo convertiría en el primer hombre en lograr tal hazaña.

A partir de ahí, Makoto busca con desesperación al alpinista extremo retirado Habu Jôji, dueño de dicha cámara, cuya historia se relata en tiempo pasado a través de la lectura de publicaciones en revistas y periódicos. Gracias a esta premisa sencilla, la obra construye su narración apoyándose en el misterio, lo que permite ir descubriendo la trágica vida de Habu y la necesidad de Makoto por encontrarle, tanto por motivos profesionales como emocionales.

“Algunos buscan significado en sus vidas, yo no. Escalar es lo único que me hace sentir vivo”

Esta frase resume de acertada manera la motivación detrás del accionar de los protagonistas del filme, quienes realizan sus arriesgadas hazañas sin buscar fama o lucro, lo hacen porque es su manera de sentirse vivos, a pesar de que el peligro es latente. No es posible impedir que una persona haga lo que desea, la curiosidad humana no puede ser detenida y esto aplica para cualquier ámbito en la vida cotidiana.

Por momentos, la trama principal del relato se pierde, la atención se desvía hacia los flashbacks que muestran la historia de Habu, en donde la historia cobra mayor relevancia, por lo que el verdadero significado del filme queda claro hasta el tercer acto. El ritmo es pausado, carece de sobresaltos o escenas de acción, por lo que el visionado puede tornarse denso, este tipo de obras requieren fuego lento ya que muchas escenas se enfocan en planos quietos, acompañados por música y escasos diálogos. Esto puede impacientar a algunos espectadores, sin embargo, su corta duración de hora y media, sumado a una hermosa banda sonora, recompensará a la audiencia.

En un instante, el personaje de Habu experimenta una tragedia, la cual compromete su vida y sus principios, al grado de perder dos de sus dedos. No volverá a ser el mismo y esto queda demostrado de buena manera, ya que mientras atraviesa la ciudad, las luces a su alrededor se apagan, todo pierde color conforme él se acerca, no está avanzando, solo se mueve en piloto automático, sensación que se refuerza gracias a sólidas decisiones audiovisuales en la conformación de planos, los cuales se modifican según el estado emocional de sus personajes e incrementan la sensación de soledad o desamparo, según sea el caso.

El largometraje utiliza un recurso, más propio del cine de autor, que le funciona, donde en diversas situaciones, los personajes no hacen más que caminar o alimentarse, sin necesidad de generar o emitir algún sonido, lo que favorece la introspección y va acorde con el lema “mostrar, no contar”, una técnica implementada con la finalidad de permitir al espectador sentir la historia a través de acciones, gestos, pensamientos y sentimientos, en lugar la exposición literal de los hechos.

El mayor acierto de la película es que no resulta necesario amar el alpinismo o los deportes extremos para comprender las intenciones y mensajes de “La Cumbre de los Dioses”, debido a que el relato en general está muy bien montado. Recomiendo no perderse esta buena producción francesa, sobre todo si buscan algo diferente dentro del vasto catálogo de Netflix. 

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