La isla olvidada – Una explosión de imaginación que convierte el caos en diversión

La isla olvidada convierte una historia sobre la amistad y el miedo a crecer en una aventura animada desbordante de imaginación, humor y folclore filipino. Su espectacular propuesta visual y su energía frenética son su mayor atractivo, aunque en ocasiones terminan opacando el componente emocional.
La isla olvidada (2026)
Puntuación:★★½
Dirección: Joel Crawford y Januel Mercado
Voces: H.E.R., Liza Soberano, Dave Franco, Manny Jacinto, Jenny Slate y Dolly de León
Disponible en
 cines

¿Qué ocurre cuando la amistad que construimos durante la infancia se enfrenta, por primera vez, a la posibilidad de desaparecer? La isla olvidada (Forgotten Island) convierte esa pregunta bastante universal en una aventura desquiciada por un mundo de criaturas mitológicas, humor absurdo y una animación que parece empeñada en llenar cada segundo de la pantalla. Joel Crawford y Januel Mercado construyen una película que no inventa una historia particularmente nueva, pero sí encuentra una manera muy estimulante de contarla.

Jo y Raissa son mejores amigas desde niñas. Su vínculo nació gracias a su fascinación por Nakali, una misteriosa isla de la que la abuela de Jo asegura haber regresado después de visitarla en su juventud. Años después, cuando ambas están a punto de terminar el colegio, sus caminos comienzan a separarse: Raissa se prepara para estudiar en Estados Unidos, mientras Jo permanece en su pueblo sin tener muy claro qué quiere hacer con su vida.

En su última noche juntas, las dos encuentran la entrada a Nakali y terminan atrapadas en este mundo habitado por criaturas del folclore filipino. El problema es que despiertan sin recordar qué ocurrió durante las últimas horas: Raissa tiene unas enormes alas, Jo luce un misterioso tatuaje y un hombre-perro llamado Raww asegura haber compartido con ellas una noche de aventuras que ninguna puede recordar. Recuperar la llave que las llevará de vuelta a casa será solo el comienzo del problema.

Lo más atractivo de La isla olvidada es que su imaginación visual parece no tener freno. La película pertenece claramente a esa nueva generación de animación que ha dejado atrás la estética digital más uniforme para experimentar con movimientos, diseños y composiciones mucho más cercanas a la animación 2D, el anime y la estética de Spider-Man: Un nuevo universo. Aquí prácticamente todo puede deformarse, transformarse o romper las reglas establecidas unos segundos antes.

Ese exceso es deliberado. Hay chistes escondidos en cada plano, personajes que aparecen y desaparecen a toda velocidad y una cantidad de estímulos que puede resultar abrumadora. Pero cuando uno entra en el ritmo de la película, esa saturación se convierte precisamente en parte de su encanto. La animación y la comedia funcionan juntas, convirtiendo muchos de los gags en algo que depende tanto de lo que ocurre en pantalla como de los diálogos.

Además, el uso del folclore filipino le proporciona una personalidad que la diferencia de otras aventuras animadas recientes. Nakali está poblada por criaturas como Manananggal, Duwende y Tiyanak, reinterpretadas desde una perspectiva humorística que no elimina su conexión con la cultura que las originó. La comida, el idioma, las tradiciones familiares y las historias transmitidas entre generaciones también tienen un peso importante dentro de la película.

El punto más débil aparece precisamente donde la película debería ser más emotiva. La relación entre Jo y Raissa funciona como columna vertebral de la historia, especialmente por la ansiedad que provoca la llegada de la adultez y la posibilidad de tomar caminos distintos. Sin embargo, el guion está mucho más interesado en el caos de Nakali que en profundizar en ese conflicto. Algunos de los momentos emocionales más importantes funcionan, pero no siempre se sienten completamente construidos.

Afortunadamente, la película tiene suficiente energía, imaginación y personalidad para compensarlo. Dave Franco destaca especialmente como Raww, mientras el resto de criaturas aporta nuevos momentos de humor y diseños memorables. Todo parece estar construido para que el espectador nunca sepa exactamente qué va a aparecer en el siguiente plano.

La isla olvidada no reinventa la historia de dos amigos que deben aceptar que crecer significa cambiar, pero la envuelve en una aventura visualmente desbordante y culturalmente particular. Puede ser demasiado ruidosa y frenética para algunos espectadores, pero esa misma energía es la que la convierte en una experiencia diferente dentro de la animación comercial. Una película que quizás no aprovecha todo el potencial emocional de su historia, pero que tiene algo cada vez más difícil de encontrar: una identidad propia y muchas ganas de jugar con ella.

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