Viene y va – Una historia de amor que encuentra en las olas su mejor metáfora

Viene y va convierte una historia de amor juvenil en una reflexión sobre la pérdida, el duelo y aquello que permanece cuando alguien se va. Su animación, especialmente en las secuencias de surf, aporta una belleza visual que conecta con la metáfora del océano y las olas.
Viene y va (2026)
Puntuación:★★½
Dirección: Phuong Mai Nguyen
Voces: Will Sharpe, Stephanie Hsu, Johnny Young, Alejandro Antonio Ruiz, Griffin Puatu, Taiana Tully, Nisa Ward, Karen Strassman, Marie-France Arcilla, Yeni Alvarez y Jacki Jing
***screening de prensa***

El océano puede ser un lugar para enamorarse, pero también para aprender a despedirse. En Viene y va (In Waves), Phuong Mai Nguyen utiliza el surf como el espacio donde comienza una historia de amor y, posteriormente, como una forma de afrontar la pérdida. Adaptada de la novela gráfica autobiográfica de AJ Dungo, la película encuentra en el movimiento de las olas una metáfora sencilla pero efectiva sobre la vida, el duelo y esos recuerdos que permanecen incluso cuando alguien ya no está.

AJ es un adolescente tímido de Los Ángeles que disfruta dibujar y practicar skateboarding. Su vida cambia cuando conoce a Kristen, una joven apasionada por el surf que poco a poco consigue sacarlo de su zona de confort. Entre tablas, playas y paseos junto al Pacífico, ambos construyen una relación que parece tener todo el futuro por delante. Hasta que Kristen recibe un diagnóstico de cáncer que transforma por completo sus vidas.

La película podría haberse limitado a contar una historia convencional de amor adolescente interrumpida por una enfermedad, y en varios momentos se acerca peligrosamente a ese terreno. Sin embargo, Nguyen encuentra una herramienta narrativa particularmente adecuada para contarla: el agua. Las olas, el surf y el océano no son simplemente escenarios bonitos, sino espacios donde los personajes encuentran libertad, intimidad y una manera de enfrentarse a aquello que no pueden controlar.

Visualmente, Viene y va es una película hermosa. Nguyen utiliza colores intensos, fondos de apariencia pictórica y una animación de líneas muy definidas que conserva cierta sensación artesanal. Las secuencias de surf son especialmente logradas: el movimiento del agua permite que la animación abandone por momentos la representación realista y se convierta en algo casi onírico. La película sabe aprovechar la fluidez del océano para transmitir sensaciones que serían mucho más difíciles de expresar únicamente mediante los diálogos.

También resulta interesante la estructura narrativa. La historia de AJ y Kristen se combina con momentos ambientados en el futuro, donde él viaja en una camioneta junto al mar y dibuja los recuerdos de su relación. A esto se suman breves pasajes sobre los orígenes del surf en Hawái, presentados con una estética más desaturada y contemplativa. Estas interrupciones amplían las posibilidades temáticas de la película, aunque no siempre terminan integrándose de manera completamente orgánica con la historia principal.

Porque el mayor problema de Viene y va está en su guion. La relación entre AJ y Kristen resulta genuinamente entrañable, pero la película no siempre consigue profundizar en ellos más allá de la enfermedad que termina definiendo buena parte de su historia. Los amigos aparecen como una red de apoyo importante, pero tienen poco espacio para desarrollarse, mientras que los padres prácticamente permanecen al margen de un conflicto que podría haber aportado nuevas dimensiones a la historia.

Algo similar ocurre con Kristen. Su personalidad, su energía y su determinación están presentes, especialmente en su relación con el surf, pero muchas veces la conocemos principalmente a través de AJ. Esto hace que su enfermedad termine ocupando demasiado espacio dentro de la construcción del personaje, cuando habría sido interesante conocer más de quién era ella independientemente de su relación y de lo que le estaba ocurriendo.

A pesar de ello, la película consigue transmitir con honestidad la sensación de aferrarse a los momentos que importan. AJ tiene que aprender que acompañar a alguien no significa detener su propia vida, y que seguir adelante tampoco implica olvidar. El surf funciona entonces como una extensión de ese aprendizaje: cada ola llega, desaparece y da paso a otra, pero ninguna puede repetirse exactamente de la misma manera.

Viene y va puede ser sentimental y, en algunos momentos, demasiado predecible, pero su sinceridad termina jugando a su favor. Phuong Mai Nguyen construye una película visualmente delicada y emocionalmente accesible, donde el océano se convierte en escenario, refugio y metáfora. No siempre profundiza todo lo que podría en sus personajes, pero encuentra suficientes imágenes y momentos de verdad para que la historia permanezca después de que llega la última ola.

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