Psycho Killer es un thriller fallido que, tras años de desarrollo, llega sin identidad ni tensión. Con personajes planos, un guion débil y un desenlace poco impactante.
Pyscho Killer (2026)
Puntuación:★
Dirección: Gavin Polone
Reparto: Georgina Campbell, James Preston Rogers, Grace Dove, Logan Miller y Malcolm McDowell
Disponible en VOD
Psycho Killer, dirigida por Gavin Polone y escrita por Andrew Kevin Walker, carga con el peso de una larga gestación que, lejos de jugar a su favor, evidencia uno de sus mayores problemas: es una película que parece haber perdido su razón de existir en el camino. Lo que alguna vez pudo haber sido un thriller atractivo dentro del boom post-Se7en termina convertido en un producto desangelado, incapaz de generar tensión, interés o identidad propia.
La historia sigue a una agente de policía que decide perseguir a un asesino en serie tras el asesinato de su esposo, también oficial. A partir de ahí, la película se construye como una investigación que alterna entre la protagonista y el propio criminal, insinuando una conexión más profunda entre los crímenes. Sin embargo, la premisa nunca logra sostenerse. Lo que debería ser un relato de obsesión, duelo y persecución se diluye rápidamente en una sucesión de escenas sin peso dramático, donde los eventos ocurren, pero rara vez importan.
Georgina Campbell lidera el film como la agente Jane, pero su personaje carece de la profundidad necesaria para sostener la narrativa. Más que una figura impulsada por el dolor o la obsesión, se siente como un vehículo funcional que avanza la trama sin matices.
El mayor problema de Psycho Killer no es su ejecución, sino su concepción. Después de casi dos décadas de desarrollo, múltiples intentos de producción y cambios de rumbo, lo que llega a pantalla es una versión diluida, sin urgencia ni personalidad, como si el proyecto hubiera sobrevivido únicamente por inercia.

Narrativamente, la película fracasa en su intento de construir suspenso. Los asesinatos se acumulan, pero carecen de impacto; no generan tensión ni consecuencias. El horror está completamente desactivado, y el thriller nunca alcanza un ritmo que justifique su progresión. Cada giro narrativo parece diseñado para avanzar la historia, pero no para enriquecerla.
La estructura, que alterna entre protagonista y antagonista, podría haber sido efectiva, pero aquí ambos personajes comparten un mismo problema: la ausencia de profundidad. No hay una psicología clara, ni un conflicto interno que sostenga sus decisiones. Esto provoca que el enfrentamiento central carezca de peso, convirtiéndose en un trámite más que en un clímax.
Desde el punto de vista tonal, la película queda atrapada en un limbo incómodo. No es lo suficientemente oscura para funcionar como thriller, ni lo suficientemente inquietante para ser terror. Este punto intermedio —donde no hay sustos, pero tampoco tensión sostenida— termina por vaciar la experiencia.
En este contexto, la dirección de Polone resulta funcional, pero sin carácter. No hay una propuesta visual o narrativa que compense las debilidades del guion. La película avanza, sí, pero sin nunca justificar por qué debía existir.
El final es el otro caos, cuando llegamos a ese punto, se nota que el filme intenta cerrar el misterio planteado desde el inicio, pero lo hace de manera abrupta y sin verdadero peso dramático. La revelación, lejos de sorprender, se percibe como una obligación narrativa más que como una consecuencia orgánica. En lugar de elevar la historia, el desenlace confirma sus limitaciones: no hay profundidad, no hay impacto, y, sobre todo, no hay una idea lo suficientemente fuerte que sostenga todo lo anterior.
Psycho Killer es el ejemplo de un proyecto que, tras años de desarrollo, termina perdiendo todo aquello que pudo haberlo hecho interesante. Ni como thriller ni como película de terror logra funcionar, quedando atrapada en una mediocridad que resulta más desconcertante que ofensiva.
Más que un desastre espectacular, es algo quizás peor: una película completamente olvidable.
