Resident Evil: Noche cero – Zach Cregger nos dice “Bienvenidos a Raccoon City”

Resident Evil: Noche Cero devuelve a la saga su espíritu de terror, supervivencia y absurdo con un ritmo frenético y muy disfrutable. Zach Cregger encuentra el equilibrio entre tensión y humor, mientras Austin Abrams construye un antihéroe torpe, vulnerable y carismático.
Resident Evil: Noche cero (2026)
Puntuación:★★½
Dirección: Zach Cregger
Reparto: Austin Abrams, Zach Cherry, Kali Reis, Paul Walter Hauser y Johnno Wilson.
Disponible en
 cines

Resident Evil encuentra una inesperada nueva vida para la saga al entender que adaptar un videojuego no significa necesariamente trasladar su historia a la pantalla, sino capturar la sensación de estar atrapado dentro de uno. Zach Cregger, después de Barbarian y Weapons, toma una franquicia que parecía agotada en el cine y la convierte en un thriller de terror ágil, tenso y sorprendentemente divertido, donde cada nueva decisión parece conducir inevitablemente a un problema todavía peor.

La película sigue a Bryan (Austin Abrams), un repartidor encargado de transportar órganos para trasplantes que acepta realizar una entrega adicional durante una tormenta de nieve. El dinero extra parece suficiente incentivo para enfrentarse a las carreteras congeladas, pero todo cambia cuando atropella accidentalmente a una misteriosa mujer. Lo que comienza como una mala noche de trabajo se transforma rápidamente en una pesadilla de supervivencia que lo llevará hacia Raccoon City y lo enfrentará con zombis y criaturas cada vez más aterradoras.

La gran virtud de Cregger está en convertir a Bryan en el centro emocional de la película. No es el héroe de acción tradicional ni un experto preparado para enfrentarse a monstruos. Es torpe, inseguro, algo ingenuo y constantemente superado por las circunstancias. En muchos sentidos, parece un jugador que acaba de comenzar una partida sin conocer todavía los controles. Y esa idea termina siendo uno de los mayores aciertos de la película.

Austin Abrams entiende perfectamente esa vulnerabilidad. Su interpretación combina humor, nerviosismo y una simpatía que permite acompañarlo incluso cuando sus decisiones no son precisamente las más inteligentes. Bryan intenta hacer lo correcto, aunque casi siempre lo haga de la peor manera posible. Esa humanidad convierte sus momentos de pánico en algo más que un recurso cómico y hace que la supervivencia tenga consecuencias reales para el espectador.

Cregger aprovecha además su experiencia en la comedia para construir un equilibrio muy particular entre terror y lo absurdo. La película sabe cuándo hacer que una situación resulte genuinamente amenazante y cuándo dejar que la torpeza de Bryan provoque una carcajada. No llega al nivel de irreverencia de Sam Raimi, pero sí comparte con Barbarian esa capacidad para encontrar humor en situaciones que, en principio, deberían resultar aterradoras.

El resultado tiene algo de After Hours de Martin Scorsese trasladado a una pesadilla de supervivencia, con una tormenta de nieve, zombis y criaturas mutantes sustituyendo la noche interminable de Manhattan. También hay ecos de The Thing y Alien en su manera de aislar al protagonista y convertir el entorno en una amenaza constante. Sin embargo, Cregger no intenta esconder estas influencias: las incorpora a una película que entiende muy bien el lenguaje del terror y, especialmente, el de los videojuegos.

Ahí está probablemente la diferencia fundamental con las anteriores adaptaciones cinematográficas de Resident Evil. Después de seis películas protagonizadas por Milla Jovovich, la saga había quedado asociada a una vertiente de acción cada vez más alejada de la experiencia de los juegos. Cregger opta por otra estrategia: no adapta directamente una de las historias de Capcom, sino que intenta recuperar la sensación de descubrir un mundo hostil, aprender sus reglas sobre la marcha y sobrevivir a encuentros cada vez más peligrosos.

No todo funciona con la misma fuerza. En su tramo final, Resident Evil: Noche Cero parece insinuar una transformación más profunda para Bryan, pero no termina de desarrollar por completo las implicaciones de ese cambio. Después de dedicar buena parte de la película a construir al personaje y conseguir que el público se encariñe con él, Cregger parece detenerse justo cuando podría llevar esa evolución un paso más lejos.

Aun así, el resultado funciona porque entiende algo esencial sobre Resident Evil: antes que una mitología que deba explicarse hasta el último detalle, es una experiencia basada en el miedo, la exploración, la sorpresa y la sensación permanente de que algo terrible está a punto de aparecer. Cregger consigue trasladar esa experiencia a la pantalla sin quedar atrapado por las adaptaciones anteriores.

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