La nueva Scary Movie recupera gran parte de la identidad que la franquicia perdió tras la salida de los hermanos Wayans. A través de una sátira dirigida tanto al cine de terror contemporáneo como a las guerras culturales actuales, la película vuelve a apostar por el humor irreverente.
Scary Movie 6 (2026)
Puntuación:★★★½
Dirección: Michael Tiddes
Reparto: Anna Faris, Regina Hall, Marlon Wayans y Shawn Wayans,
Disponible en cines
Lo primero que sorprende de Scary Movie: Terroríficamente incorrecta no es que vuelva Ghostface, ni que regresen Cindy, Brenda, Ray o Shorty. Lo verdaderamente inesperado es descubrir que la película tiene algo que decir sobre el momento actual del cine y de la cultura popular. No porque esté interesada en construir un gran discurso, sino porque entiende que la mejor forma de hablar sobre una industria obsesionada con reciclar ideas es convirtiéndose ella misma en parte del chiste.
Después de trece años de ausencia y más de dos décadas desde que la franquicia se convirtió en un fenómeno cultural, la saga regresa con algo que había perdido hace mucho tiempo: la presencia de los hermanos Wayans. Y esa diferencia se nota desde los primeros minutos. No porque la película sea necesariamente más inteligente o sofisticada que sus predecesoras, sino porque vuelve a recuperar esa sensación de irreverencia que hizo funcionar a las primeras entregas. Aquí nadie parece preocupado por quedar bien con nadie. La misión es disparar en todas las direcciones y ver cuántos objetivos caen por el camino.
La historia vuelve a tomar como punto de partida el universo de Scream, aunque en realidad funciona más como una excusa para enlazar una larga cadena de parodias sobre el cine de terror contemporáneo. Desde el llamado “terror elevado” hasta franquicias que se resisten a morir, pasando por secuelas, precuelas, remakes, reboots, requels y cualquier otra variación posible de una propiedad intelectual explotada hasta el cansancio. La película entiende perfectamente que Hollywood lleva años viviendo de la nostalgia y decide convertir esa dependencia en uno de sus blancos favoritos.

Lo más interesante es que también se ríe de sí misma. Scary Movie sabe que forma parte del mismo fenómeno que critica. Su regreso responde exactamente a la misma lógica comercial que cuestiona durante buena parte de su metraje. En lugar de ignorarlo, la película lo incorpora a los chistes y encuentra ahí algunos de sus momentos más efectivos. Esa autoconsciencia termina convirtiéndose en una de sus mayores fortalezas.
El regreso de Anna Faris y Regina Hall confirma algo que la saga parecía haber olvidado durante años: gran parte del éxito de Scary Movie nunca dependió únicamente de las parodias. Dependía de ellas. Cindy y Brenda siguen funcionando porque ambas actrices entienden perfectamente el tono absurdo del universo que habitan. Cada aparición suya aporta una energía que eleva incluso los chistes menos inspirados y recuerda por qué sus personajes terminaron convirtiéndose en iconos de la comedia de principios de los 2000.
La película tampoco pierde tiempo intentando ser elegante. Su humor sigue apostando por la exageración, el absurdo, la incorrección política y la provocación directa. Los Wayans vuelven a burlarse de prácticamente cualquier tema imaginable: la cultura de la cancelación, el movimiento #MeToo, las guerras culturales en redes sociales, las contradicciones generacionales, el activismo performativo y la obsesión contemporánea por convertir cualquier discusión en una batalla ideológica. Algunas bromas funcionan mejor que otras, pero lo importante es que la película nunca parece operar desde el cálculo. Puede equivocarse, pero rara vez parece temerosa.
Esa libertad también se traslada a las parodias cinematográficas. Películas recientes como The Substance, Longlegs, Terrifier, M3GAN o incluso fenómenos alejados del terror sirven como materia prima para una sucesión constante de sketches que encuentran en la exageración su principal herramienta cómica. No todos alcanzan el mismo nivel de inspiración, pero la variedad ayuda a mantener el ritmo y evita que la película dependa de una única referencia.

Por supuesto, nada de esto significa que la película esté libre de problemas. La narrativa es apenas funcional y existe únicamente para conectar una parodia con la siguiente. Los personajes evolucionan poco o nada, las situaciones obedecen a la lógica del gag antes que a cualquier coherencia dramática y algunas secuencias se extienden más de lo necesario. Pero también sería injusto exigirle algo que nunca ha sido parte de la identidad de la franquicia. Las mejores entregas de Scary Movie siempre funcionaron como colecciones de bromas sostenidas por una historia mínima, y esta nueva película entiende perfectamente esa tradición.
Quizá lo más valioso sea que llega en un momento donde gran parte de la comedia comercial parece haber perdido confianza en sí misma. Mientras muchas producciones contemporáneas optan por un humor cada vez más seguro, más contenido y más preocupado por evitar riesgos, Scary Movie: Terroríficamente incorrecta decide volver a la provocación como principio creativo. No siempre acierta, pero al menos intenta algo que cada vez resulta menos habitual: incomodar, exagerar y reírse de temas que otras películas prefieren rodear con cautela.
No estamos ante una reinvención de la franquicia ni ante una obra que vaya a cambiar la historia de la comedia. Tampoco necesita hacerlo. Su mayor logro consiste en recuperar un espíritu que parecía perdido. La película entiende que el mejor homenaje posible a Scary Movie no es la nostalgia, sino la capacidad de seguir siendo irresponsablemente divertida. Y en una época donde casi todo parece diseñado para evitar el conflicto, hay algo refrescante en una película que sigue encontrando placer en cruzar líneas que otros prefieren no tocar.
