Couture (Alta Costura) – Angelina Jolie encuentra en París uno de los personajes más íntimos de su carrera

Alice Winocour utiliza el universo de la alta costura para construir un drama íntimo sobre mujeres que enfrentan cambios profundos en sus vidas, donde Angelina Jolie ofrece uno de sus trabajos más vulnerables de su carrera.
Coutures (2025)
Puntuación:★★★½
Dirección: Alice Winocour
Reparto: Angelina Jolie, Anyier Anei, Louis Garrel, Ella Rumpf, Finnegan Oldfield y Vincent Lindon
Disponible en VOD

La moda suele ser retratada en el cine desde el espectáculo, el glamour o la superficialidad pero Couture, la nueva película escrita y dirigida por Alice Winocour, toma una ruta diferente. Aunque la Semana de la Moda de París funciona como escenario principal, la directora francesa utiliza ese universo para explorar algo mucho más complejo: la vulnerabilidad femenina, el miedo al paso del tiempo, la enfermedad, la identidad y la búsqueda de un lugar propio en un mundo que constantemente observa, mide y juzga a las mujeres.

La película entrelaza las historias de tres personajes que parecen habitar realidades distintas, pero que terminan conectadas por inquietudes similares. Maxime, una directora de cine estadounidense que llega a París para filmar una pieza relacionada con la moda, recibe un diagnóstico que sacude su existencia. Ada, una joven modelo procedente de Sudán del Sur, que intenta abrirse camino en una industria tan fascinante como hostil. Y Angèle, una maquilladora que sueña con convertirse en escritora, mientras lucha contra el desprecio de quienes consideran que las historias nacidas en los bastidores de la moda carecen de valor artístico.

Sin embargo, el verdadero centro gravitacional de la película es Angelina Jolie.

Existe algo particularmente fascinante en ver a una de las grandes estrellas de Hollywood integrarse con tanta naturalidad en una producción francesa de sensibilidad claramente europea. Durante años, la imagen de Jolie estuvo asociada a grandes producciones comerciales, personajes icónicos y una presencia pública que parecía más grande que cualquier papel. Incluso en trabajos recientes de mayor prestigio, como Maria de Pablo Larraín, seguía existiendo una cierta distancia entre la actriz y el personaje. Couture rompe parcialmente con esa percepción.

Alice Winocour encuentra en Jolie una fragilidad poco habitual. Maxime es una mujer que intenta mantener el control mientras su mundo comienza a desmoronarse silenciosamente. La noticia de su enfermedad no provoca grandes estallidos emocionales ni escenas diseñadas para el lucimiento interpretativo. Por el contrario, la directora apuesta por los gestos mínimos, las pausas y las miradas. Jolie comprende perfectamente ese registro y entrega una actuación contenida, vulnerable y profundamente humana, probablemente una de las más íntimas de su carrera reciente.

La decisión resulta aún más interesante porque la experiencia personal de la actriz inevitablemente dialoga con el personaje. El historial médico que ha marcado su vida añade una capa de autenticidad a una interpretación que nunca cae en el melodrama. Maxime no es una víctima ni una heroína; es una mujer enfrentándose a la incertidumbre mientras intenta seguir adelante.

Pero si hay un elemento que aporta una energía inesperada a la película es la relación entre Jolie y Louis Garrel.

Garrel interpreta a Anton, el director de fotografía que acompaña a Maxime durante el rodaje. Desde sus primeras escenas juntos surge una química difícil de ignorar. No se trata de una tensión romántica convencional ni de una relación construida a partir de diálogos explícitos. Lo que existe entre ellos es una conexión más sutil, basada en la confianza, la admiración mutua y una sensualidad que se filtra en cada intercambio de miradas.

Pocas veces una película reciente ha conseguido transmitir tanta intimidad entre dos personajes sin recurrir constantemente a la verbalización de sus sentimientos. Jolie y Garrel poseen una presencia magnética que transforma incluso las escenas más sencillas. Cuando comparten pantalla, Couture encuentra una dimensión emocional que va más allá de sus múltiples líneas narrativas. Es una química basada en la experiencia, en la melancolía y en la conciencia de dos personas que entienden que el tiempo siempre está avanzando.

Formalmente, Winocour mantiene la elegancia visual que ha caracterizado buena parte de su filmografía. La directora observa el universo de la moda desde dentro, fascinada por su belleza pero también consciente de sus contradicciones. Los cuerpos son constantemente observados, medidos y evaluados. La película establece paralelismos entre el proceso de confección de un vestido y la manera en que la sociedad examina el cuerpo femenino. Una cinta métrica rodeando el cuello o las muñecas de una modelo termina dialogando visualmente con los procedimientos médicos que enfrenta Maxime.

La moda aparece entonces como un espacio ambiguo. Es un lugar de creación artística, pero también un entorno que exige perfección permanente. Winocour intenta exponer esas tensiones sin recurrir a discursos evidentes, aunque no siempre logra la misma profundidad en todas sus historias.

De hecho, una de las principales debilidades de Couture surge precisamente de su estructura coral. La directora desea otorgar el mismo peso a Maxime, Ada y Angèle, pero el resultado es irregular. Cada vez que la película alcanza una conexión emocional particularmente fuerte con alguno de sus personajes, la narración se desplaza hacia otro. Este movimiento constante genera una sensación de fragmentación que impide que algunas líneas argumentales alcancen todo su potencial dramático.

La historia de Ada aporta una mirada valiosa sobre las desigualdades que atraviesan la industria de la moda, mientras que Angèle representa la lucha por encontrar una voz creativa propia. Sin embargo, ambas terminan orbitando alrededor de la poderosa presencia de Jolie. Es difícil escapar a la sensación de que Maxime pertenece a una película más sólida y emocionalmente compleja que la que finalmente vemos.

Aun así, Winocour consigue que todas estas piezas converjan en un desenlace visualmente extraordinario. El desfile final abandona el realismo para acercarse a una experiencia casi onírica. La moda deja de ser un simple espectáculo para transformarse en una representación emocional de los conflictos que han atravesado las protagonistas. El viento, la música, los movimientos ralentizados y la puesta en escena adquieren una dimensión casi gótica que libera finalmente las emociones que la película había mantenido contenidas durante gran parte de su recorrido.

Quizás Couture no siempre logra equilibrar sus múltiples ambiciones narrativas. Por momentos, su discurso sobre la industria de la moda resulta menos incisivo de lo que pretende y algunas de sus historias quedan apenas esbozadas. Sin embargo, Alice Winocour vuelve a demostrar su extraordinaria sensibilidad para retratar mujeres enfrentadas a procesos de transformación personal. Y, sobre todo, confirma algo que muchos espectadores habían olvidado: cuando encuentra el proyecto adecuado, Angelina Jolie sigue siendo una intérprete capaz de llenar la pantalla con una mezcla única de misterio, vulnerabilidad y magnetismo. En compañía de un Louis Garrel igualmente brillante, la actriz encuentra aquí uno de los trabajos más maduros y emocionalmente ricos de los últimos años. 

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