La Captura convierte una insólita historia real en un thriller contenido que funciona mejor cuando se concentra en dos policías frente a un enemigo que conserva su poder incluso estando esposado. Alfonso Herrera y Noé Hernández destacan por su química, mientras Héctor Kotsifakis construye un Chapo efectivo desde la contención.
La Captura (2026)
Puntuación:★★★
Dirección: Chava Cartas
Reparto: Alfonso Herrera, Noé Hernández, Héctor Kotsifakis y Juan Pablo Cruz García
Disponible en Netflix
La Captura parte de una de esas historias reales que parecen inventadas por un guionista demasiado empeñado en acumular coincidencias: después de escapar de un operativo militar en Los Mochis y atravesar el sistema de drenaje, Joaquín “El Chapo” Guzmán terminó detenido por dos policías que perseguían un automóvil robado sin saber quién viajaba dentro. Chava Cartas toma el artículo de Héctor de Mauleón y realiza una decisión interesante: sacar al capo del centro para concentrarse en los agentes que, casi por accidente, terminan frente al hombre más buscado de México.
Y ahí está lo mejor de la película. La Captura entiende que la tensión no necesita necesariamente balazos, persecuciones o explosiones. Cuando Alfonso Herrera y Noé Hernández quedan encerrados en la patrulla con su inesperado prisionero, la película encuentra una escala mucho más efectiva: una noche, un vehículo y tres hombres conscientes de que cualquier decisión puede cambiarlo todo. La amenaza funciona precisamente porque el poder de El Chapo no desaparece cuando le ponen las esposas. Está agotado, sucio y rodeado de policías, pero sigue teniendo algo que ellos no: dinero, contactos y la capacidad de hacerles entender las consecuencias de enfrentarse a él.
Héctor Kotsifakis funciona especialmente bien desde esa contención. Su Chapo no necesita grandes discursos para dominar una escena; le basta con mirar, esperar y medir a quienes tiene enfrente. Alfonso Herrera y Noé Hernández, por su parte, construyen una dinámica convincente entre dos policías que reaccionan de maneras diferentes ante una situación que rápidamente supera cualquier procedimiento rutinario. Su química es uno de los elementos más sólidos de la película, especialmente cuando la desconfianza inicial comienza a transformarse en una complicidad nacida de la presión.
El problema es que Cartas no siempre confía en aquello que tiene entre manos. La película insiste en subrayar la tensión mediante música ominosa, primeros planos, contraluces y diálogos que explican demasiado las emociones de los personajes. La puesta en escena se mueve constantemente, pero no siempre consigue generar verdadero suspenso. El motel y la patrulla ofrecían espacios perfectos para construir una sensación de encierro y amenaza, pero la cámara y el montaje tienden a fragmentar el espacio en lugar de utilizarlo para incrementar la incertidumbre.

También hay un problema de ritmo. El arranque dedica demasiado tiempo a presentar a los personajes y su contexto antes de llegar al verdadero conflicto. Una vez que El Chapo entra en la ecuación, la película mejora considerablemente, pero para entonces ya ha gastado buena parte de su energía en una introducción que no consigue darle suficiente profundidad a los protagonistas.
La mayor contradicción de La Captura está, sin embargo, en su relación con la figura de El Chapo. La película intenta evitar convertirlo en el protagonista y centrar la atención en los hombres que lo detuvieron, pero continúa tratándolo con una solemnidad que alimenta precisamente el mito que parece querer desmontar. La realidad ofrecía una imagen mucho más poderosa: uno de los criminales más famosos del mundo, convertido por unas horas en un fugitivo embarrado que terminó esposado por unos policías que simplemente perseguían un auto robado. Hay algo casi absurdo en esa situación, y la película podría haber explotado mucho más esa ironía.
En cambio, La Captura vuelve a rodear al personaje de música, temor y gravedad. Quiere bajarlo del pedestal, pero antes vuelve a iluminarlo. Y esa decisión termina debilitando una de las ideas más interesantes de la historia: que incluso alguien que parece omnipotente puede quedar atrapado por una cadena de circunstancias completamente ordinarias.
Por eso, aunque La Captura funciona como thriller contenido y encuentra buenos momentos en la relación entre sus protagonistas, nunca alcanza a igualar la extrañeza de los hechos que la inspiran. Su mejor material está en lo pequeño: la patrulla, las miradas, el silencio, la amenaza de la corrupción y la imposibilidad de saber qué decisión es la correcta. Cuando confía en esos elementos, la película demuestra que no necesita acción para generar tensión. Cuando intenta convertirlos en un thriller de manual, termina atrapada en sus propios lugares comunes.