La fiera – Miguel Bernardeau y Carlos Cuevas ayudan a elevar una historia que pierde altura en tierra

La Fiera destaca por su solvencia técnica y unas impresionantes secuencias de salto BASE que transmiten con fuerza el vértigo y el peligro. Sin embargo, su desarrollo dramático es más limitado, con personajes apenas esbozados y conflictos personales que no alcanzan suficiente profundidad.
La fiera (2026)
Puntuación:★★
Dirección: Salvador Calvo
Reparto: Carlos Cuevas, Miguel Bernardeau, Miguel Ángel Silvestre y Candela González
Disponible en
 Netflix

La Fiera encuentra su mayor virtud cuando simplemente deja volar a sus personajes. Salvador Calvo se adentra en el mundo del salto BASE con traje de alas y construye una película que entiende que, en este caso, el espectáculo no necesita demasiados adornos: basta con un cuerpo lanzándose al vacío, una montaña acercándose a toda velocidad y la certeza de que cualquier error puede ser el último. Las secuencias de vuelo son el gran triunfo de la película, filmadas con buen pulso y una notable capacidad para transmitir velocidad, vértigo y peligro.

La historia de Carlos Suárez, Darío Barrio y Álvaro Bultó sirve como punto de partida para un homenaje a una generación de deportistas que encontró en el riesgo una forma particular de entender la vida. La llamada “Fatality List”, que registra a quienes mueren practicando estas disciplinas, introduce una presencia ominosa que atraviesa el relato. Y esa dimensión adquiere todavía más peso al recordar que Suárez, referente real del grupo y doble de riesgo durante el rodaje, murió mientras la película se encontraba en producción.

Calvo consigue transmitir muy bien la camaradería entre quienes comparten esta pasión y la extraña mezcla de miedo y euforia que acompaña cada salto. Las montañas, los bosques y los paisajes suizos no funcionan únicamente como escenarios espectaculares: se convierten en espacios hermosos precisamente porque también representan una amenaza. La fotografía, el montaje y el trabajo físico de Miguel Bernardeau, Carlos Cuevas y Miguel Ángel Silvestre sostienen buena parte de la credibilidad de estas escenas.

El problema aparece cuando la película aterriza. El guion de Alejandro Hernández intenta convertir la experiencia de estos deportistas en un drama convencional, pero los conflictos personales quedan apenas esbozados. Relaciones sentimentales, problemas familiares y proyectos frustrados aparecen más como información biográfica que como verdaderos motores dramáticos. Sabemos qué les ocurre, pero no siempre sentimos que los conozcamos lo suficiente para que sus pérdidas o decisiones tengan el peso emocional que deberían.

Por eso La Fiera termina funcionando mejor como un documental recreado que como un drama plenamente desarrollado. La película transmite con convicción la singularidad de quienes encuentran en el peligro una manera de sentirse vivos, pero no profundiza con la misma precisión en las personas detrás de esa obsesión. Bernardeau y Cuevas consiguen sostener el componente emocional, aunque el desarrollo de sus personajes resulta insuficiente.

Aun así, hay algo genuino en la mirada de Calvo. Más que presentar a estos hombres como simples temerarios, entiende que para ellos el riesgo forma parte de una manera de vivir más intensamente. La Fiera es, finalmente, una película más poderosa cuando está en el aire que cuando intenta explicar lo que ocurre en tierra. Sus imágenes consiguen transmitir la emoción del vuelo; sus personajes, en cambio, se quedan a medio camino de alcanzar esa misma altura.

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