Velocidad salvaje | Review

Shawn Simmons, intenta revivir el cine de acción automovilístico que termina siendo una imitación caduca y sin identidad. Samara Weaving queda desaprovechada en un papel plano, y su poca química con Karl Glusman no salvan el filme.
Velocidad Salvaje (2025)
Puntuación: ★
Dirección: Shawn Simmons
Reparto: Samara Weaving, Karl Glusman, Steve Zahn, Randall Park y Andy García 
Disponible en Disney plus

A estas alturas, cuando Hollywood ya exprimió hasta la última gota del cine de acción automovilístico con Rápidos y Furiosos y sus incontables derivados, resulta desconcertante que Disney decida lanzar Velocidad Salvaje, un producto de segunda mano disfrazado de estreno relevante. Con un presupuesto de 50 millones de dólares —que supera con creces a propuestas mucho más estimulantes de la temporada—, la película de Shawn Simmons no ofrece más que un espectáculo vacuo, una imitación rancia de Tarantino y Guy Ritchie sin chispa, sin veneno, y sin el más mínimo interés en aportar algo nuevo al género.

El problema de la película no está en la falta de acción: Simmons sabe filmar persecuciones con energía, y de vez en cuando logra que el caos luzca cinematográfico. El verdadero desastre es que todo lo que las rodea se siente anacrónico, como si la película hubiera estado almacenada en una bóveda desde 2009 esperando ser desechada en streaming. La estructura de “un último golpe antes de escapar” es tan gastada que ni siquiera los giros iniciales, ingeniosos en apariencia, logran disfrazar lo previsible de su desarrollo. Lo que al principio amaga con ser irreverencia termina reducido a un cúmulo de diálogos que confunden vulgaridad con humor y a un sentimentalismo impostado que remata el film con torpeza.

Samara Weaving, carismática en mejores proyectos, aquí queda atrapada en un papel que no exige nada más que posar tras el volante y fingir dureza con un acento falso. Su supuesta química con Karl Glusman resulta tan forzada como la motivación de su personaje: nunca queda claro por qué alguien tan lista como Edie seguiría sacrificando todo por un ex que roza la caricatura. Andy García, Randall Park, Steve Zahn y compañía desfilan como meros cameos de “ese actor que conozco”, incapaces de rescatar la monotonía del relato.

Simmons, en su debut cinematográfico, demuestra la misma falta de huella que en sus trabajos televisivos (Wayne, The Continental). El guion parece diseñado más para cumplir un checklist de clichés que para construir una historia con identidad propia. Sí, hay persecuciones trepidantes, explosiones vistosas y un par de giros que en el papel suenan audaces. Pero todo se derrumba porque la película jamás encuentra un tono: demasiado seria para funcionar como sátira, demasiado hueca para sostenerse como thriller, demasiado torpe para ser divertida.

Al final, Velocidad Salvaje confirma lo peor de cierta tendencia en Hollywood actual: gastar fortunas en un proyecto que ni el público pidió ni el género necesitaba. Simmons no ofrece un debut prometedor, sino una copia degradada de copias ya olvidadas. Su película es ruido, humo, y velocidad en círculos: un viaje que promete adrenalina pero termina varado en el mismo camino trillado de siempre.

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