After: Almas perdidas | Review

After We Fell (2021)
Puntuación: ½
Dirección: Castille Landon
Reparto: Josephine Langford, Hero Fiennes-Tiffin, Arielle Kebbel, Mira Sorvino y Louise Lombard
Disponible: Estreno en Cines

La franquicia de After con cada entrega se va colocando la medalla en ser considerada como la peor de la historia en la industria del cine.

Inspirada en los bestsellers de Anna Todd, la tercera entrega de la saga adolescente vuelve a padecer los mismos problemas que sus predecesoras: por un lado, la falta de profundidad creando momentos que no van a nada y el otro es la poca sensualidad que proyecta la historia. La cero química en sus protagonistas sigue siendo lo más evidente en pantalla.

La historia de Tessa (Josephine Langford) y Hardin (Hero Fiennes Tiffin), una joven pareja que se conocen, se enamoran, se pelean, se reconcilian con gritos, sexo y peleas. Así una y mil veces, siguen en su siguiente entrega sin demasiadas vueltas argumentales más que aquellas que juegan con excusas para las peleas y reencuentros sin chispa.

Pero con todo eso debemos agregar lo que ocurre a la vista del espectador (no hablo del gran problema de contar una historia tóxica sin fundamentos), en esta tercera parte el reparto de secundarios ha sido sustituido por otros sin escrúpulos, prácticamente nadie que salió en la primera o segunda parte está aquí, cosa que ya era un problema que se vio en la entrega anterior, pero para la nueva película fue peor.

Teniendo todo esto en cuenta, no es de extrañar que esta tercera parte vuelve a fallar en no tener una personalidad, y que nuevamente la historia que Anna Todd propone no tenga fundamentos lógicos, o con algún indicio que los temas que plantean vayan a cierto punto. El problema no es contar una historia sobre las relaciones tóxicas, si no tocar el tema y no dar un mensaje positivo, y está nueva película es donde peor este tratado.

La primeraAfter: Aquí empieza todo plantea ese conflicto y se enfoca en las «inseguridades» femeninas de Tessa en contraposición a lo que representaba Hardin, en su secuela After: En mil pedazos, destruida lo poco que había construido en su primera parte y se entregaba más a lo tóxico como era las sospechas y las desconfianzas. Pero en la tercera va a un límite que se multiplica por mil entre los celos y las inseguridades de ambos personajes, y ahora se le suma un ingrediente más: la distancia, por ende, la toxicidad que juega la historia es peor.

Si a todo eso mismo le sumamos los infinitos agujeros de guión que carga la trama como la aparición del padre de Tessa que no va ningún punto (de verdad que nadie leyó este guión antes de grabar) y solo busca redimir en cierta medida la figura oscura de Hardin, que lo que ocupa este personaje es ir a terapia urgentemente.

El montaje es atropellado, con largas escenas de sexo sin mucho glamur, ni encanto que se alargan como una eterna agonía que no aportan nada a la historia (si es que realmente hay una que contar), dejando en claro que cuando tenemos a Tessa y Hardin, lo demás resulta totalmente irrelevante.

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