Everything Went Fine | Review

André Dussollier y Sophie Marceau destacan como un padre y una hija cuya complicada relación cambia cuando él le pide ayuda para morir. Lo nuevo de François Ozon es un drama de doble filo.

Everything Went Fine (2021)
Puntuación: ★★★½
Dirección: François Ozon
Reparto: Sophie Marceau, André Dussollier, Geraldine Pailhas, Hanna Schygulla, Charlotte Rampling y Grégory Gadebois
Disponible: VOD Google Play

François Ozon a lo largo de su carrera que creado obras que destacan por invitar a la provocación al cuestionamiento humano, y en su último trabajo visto en el festival de Cannes del 2021 sigue en la misma regla al abordar de una manera discreta y conmovedora un tema tan delicado como es la eutanasia y la muerte asistida.

Ozon juega con en la delgada línea sobre un tema que todavía en la sociedad moderna es un tabú y es ahí donde el curioso título del filme roza ese sentimentalismo o falta de ello ¿qué es exactamente lo que al final ha ido «bien»?, y podemos decir que puede hacer referencia a ese acto final de lucha y decisión del personaje principal.

El veterano actor André Dussollier, interpreta a André, un industrial jubilado rico y socialmente bien conectado. Este sufre un derrame cerebral y el hombre vigoroso, guapo, pero cruelmente mordaz que vemos en un flashback se ve reducido a un estado triste en un hospital: su rostro y su ojo derecho están caídos. Lo visita regularmente su hija Emmanuelle, o Manue como le dicen otros, interpretada magistralmente por la gran Sophie Marceau. Ella es evidentemente su favorita, a pesar de sus agonizantes recuerdos de su crueldad hacia ella cuando era una niña.

Ese favoritismo que tiene André hacia su hija le lleva a solicitarle una última petición, y es poder morir como él quiere: debe organizar su eutanasia. Esto significa que tiene que ponerse en contacto con las organizaciones suizas pertinentes y establecer los acuerdos con los abogados para que no los envíen a prisión.

Las semanas pasan desde que el padre le pide dicha tarea a su hija, pero lo curioso es que André va mejorando con el pasar de los días, pero esa mejora es solo alimentada debido a que el hombre guarda en su moral el poder morir tranquilamente y así encontrar su paz en la muerte. El debate entre dar una muerte diga y la persona que le ayuda es el tema que busca plantear Ozon en todo momento, pero todo se conflicto termina quedando de manera superficial.

Lo que hace la cinta es jugar con los sentimientos de Manue, ya que cuando era niña, ella había fantaseado con matar a su padre, pero con las vueltas de la vida es su progenitor quien le pide esa ayuda, el cual la mujer se debate con vida o el destino le están concediendo sin darse cuenta ese horrible deseo de la infancia. La petición se complica cuando el enfadado y herido ex compañero de André, Gérard (Grégory Gadebois) se entera de lo que está pasando.

Otro punto que toca el filme y lo deja en la mesa sin darle el tratamiento que merece es el tema de las clases sociales, la riqueza y la arrogancia, ya que en una escena Manue le dije a André que su muerte costará 10.000 euros, y este le contesta: “¿Cómo se las arreglan los pobres?”, a lo que Manue responde: “Esperan a morir”, aquí se abre otro debate que la cinta nunca busca profundizar, ¿quiénes tienen derecho a una muerte digna y tranquila?

Ozon crea el debate, más nunca lo cuestiona, simplemente toma el camino fácil sobre al irse sobre la exploración de una relación entre un padre y una hija que tiene que tomar una decisión difícil con respecto al tema de la calidad de vida, cosa que si desarrolla y los actores principales dan todo, y es lo que sostiene a la cinta: el filme no tiene intención de discutir, debatir o coaccionar el tema de la eutanasia y la muerte asistida o el derecho nuestro consentimiento siendo emocional al respecto.

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