«DUNE», Denis Villeneuve redefine la palabra épico

Ambientada miles de años en el futuro, “Duna” cuenta la historia de Paul Atreides, un joven impulsado por el destino en una lucha de poder intergaláctica.  Hijo del amado y aguerrido gobernante, Duque Leto, y de la poderosa sacerdotisa guerrera, Lady Jessica, Paul tendrá que superar la prueba definitiva: vencer su miedo cuando el destino ‒y poderosas fuerzas invisibles‒ le arrastren inexorablemente a las arenas del remoto planeta Arrakis. 

Arrakis ‒sede de una civilización humana indígena llamada Fremen y conocida por estos nativos como Duna‒ ha sido objeto de una feroz disputa durante generaciones.  La humanidad lucha por el control de la Especia, un recurso natural raro, muy valorado y que expande la mente, de la  que dependen los viajes espaciales, el conocimiento, el comercio y la existencia humana.  Pero los que buscan cosechar la Especia deben sobrevivir al calor inhóspito del planeta, a las huracanadas tormentas de arena y a los monolíticos gusanos de arena, a los que se teme con la misma reverencia que a los dioses.

Creada para la gran pantalla por el director nominado al Oscar, Denis Villeneuve, “Duna” se basa en la novela de Frank Herbert de 1965, considerada uno de los libros más influyentes del siglo XX y a la que se atribuye la inspiración de muchas de las mejores películas de todos los tiempos.

«Descubrí el libro en mi adolescencia y recuerdo estar totalmente fascinado por su poesía, por lo que decía sobre la naturaleza, la verdadera protagonista de Duna», relata Villeneuve.  «En aquella época, yo estudiaba ciencias, pensaba que podría ser cineasta o biólogo, así que la forma en que Frank Herbert abordaba la ecología en el libro me resultaba tan fresca, tan rica, tan poética, tan poderosa.  Su visión de la naturaleza era absolutamente fascinante: todos esos hermosos ecosistemas que creó.  Su exploración del impacto y el caos causado por el colonialismo fue un retrato del siglo XX que sigue siendo relevante hoy en día.  Y en medio de todo esto había un joven luchando con su identidad, tratando de encontrar su camino en el mundo, como yo mismo lo estaba haciendo.  La manera en que Paul descubre su identidad a través de otra cultura fue sorprendente para mí».

La adaptación de Villeneuve a la gran pantalla sumerge al público en esta historia profundamente conmovedora sobre la llegada a la mayoría de edad de Paul, que tiene como telón de fondo las rivalidades familiares, los enfrentamientos tribales, la opresión social y el desastre ecológico en el implacable y austero planeta, creando una experiencia cinematográfica fantástica que es a la vez épica e íntima.

Los productores Mary Parent y Cale Boyter llevaban tiempo trabajando para conseguir los derechos de la novela ‒finalmente lo consiguieron al llegar ellos mismos a Legendary‒ cuando Parent se topó con una entrevista que había concedido Villeneuve.  Recuerda: «Mientras leía, más o menos en el tercer párrafo, Denis dijo que su sueño era hacer “Duna”.  Pensé: «¿Estás bromeando?  Esto es fantástico».  Nunca me había pasado eso, leer que el director con el que soñaste para tu proyecto quiere hacerlo».

Capturar la riqueza de los misterios ocultos dentro de la historia y las vulnerabilidades y fortalezas dicotómicas de los personajes de Herbert que los hacen tan relacionables dentro de una historia de tal envergadura sería una empresa mayúscula.  Por lo tanto, a la hora de estructurar el guion, todos estuvieron de acuerdo en que para hacer justicia al libro se necesitaría más de una película.  «La historia es enorme», dice Boyter, «así que lo primero que pensamos fue en dividir el libro.  Eso nos facilitó mucho la tarea de adaptarlo al formato del guion».

Los aclamados guionistas Jon Spaihts y Eric Roth, al igual que Villeneuve, se encargaron de la difícil adaptación.  Spaihts afirma: «Esta fue la oportunidad de mi vida.  La primera vez que leí Duna fue probablemente a los 12 o 13 años y a esa edad me impactó casi como si se tratara de una escritura; me pareció una de las cosas más profundas que había leído y se convirtió en una de mis lecturas anuales, como El señor de los anillos y otro par de obras de ficción fundamentales.  Llegué a conocerla increíblemente bien y una experiencia sorprendente para mí al trabajar en el guion fue que todo lo que necesitaba hacer era empezar una escena y mi cerebro se limitaba a trazar el diálogo.  Sabía exactamente dónde iba línea por línea».

«Era un fanático», afirma Roth.  «Era uno de esos libros que conocía especialmente bien cuando era adolescente.  Me pareció que la construcción del mundo era increíble, y también el glosario ‒el lenguaje‒ que salía de la imaginación de Herbert.  Y un elemento importante para mí era el aspecto social y su visión del cambio medioambiental.  Tiene todos los ingredientes que se unen para crear una maravillosa alquimia narrativa: lo que le ocurre al planeta Arrakis, las tramas padre‒hijo y madre‒hijo, el hecho de que las mujeres sean muy poderosas… Parece moderno y de pronto muy apremiante, y él lo escribió en los años 60».

La atemporalidad de la novela homérica y la asombrosa capacidad de su autor para predecir el futuro son indiscutibles.  Dentro de las distintas facciones del universo de Duna están los Mentats, que son como computadoras humanas; los Navegantes, que pueden predecir la alineación de las estrellas para determinar los viajes espaciales; y las Bene Gesserit, mujeres que representan el aspecto más religioso de la humanidad y son capaces de influir en los acontecimientos, así como de tomar decisiones que ayudan a mantener el equilibrio en el universo.  Luego están las Grandes casas de Atreides y Harkonnen, que se disputan el control de la Especia, un recurso mágico y adictivo que permite ver el futuro y es el elemento más poderoso y preciado del universo de Duna y lo que hace tan valiosa a la propia Arrakis.  Por último, los Fremen son los habitantes tribales de Arrakis que respetan la tierra.  Han sido relegados al estatus de ciudadanos de segunda clase, pero Paul, un noble hijo de la Casa Atreides, se siente de alguna manera espiritualmente atraído por una de ellos, Chani.

Una vez que los realizadores tuvieron un proyecto que captaba plenamente la amplitud y la profundidad de la historia, les correspondió a Villeneuve y a su equipo creativo determinar cómo llevar a cabo la hazaña de plasmarlo todo en la película.  El productor Joe Caracciolo Jr. quedó impresionado por el planteamiento y observó: «Esta película tiene guerra, intriga, opresión y manipulación de forma masiva, luchas de poder y las posibilidades ilimitadas del potencial humano.  Y sí, enormes gusanos de arena.  Sin embargo, Denis dejó claro desde el principio que no quería depender en gran medida de los efectos visuales, excepto cuando fuera absolutamente necesario.  Los tenemos, pero su enfoque era conseguir todo lo posible en cámara, con luz real, reflejos y sombras reales, y una interacción real con la Tierra y la arena y el polvo».

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