‘Quería que fuera una película viva’: Olivia Wilde nos revela cómo The Invite se convirtió en una de las propuestas más personales de su carrera

¿Cómo se construye una película “viva”? Olivia Wilde nos lo contó en una conversación con la prensa internacional, donde reveló el proceso creativo detrás de The Invite, una de las apuestas más originales y comentadas del cine este año.

Hay una frase que Olivia Wilde repitió varias veces durante la conferencia de prensa internacional de The Invite, y probablemente resume mejor que cualquier sinopsis lo que representa esta película.

“Quería que fuera una pieza viva, que respirara y cambiara mientras la hacíamos.”

Fue una conversación de casi una hora con periodistas de todo el mundo, en la que Algo Más Que Cine estuvo presente, y donde Wilde habló menos de la historia y mucho más del proceso. No parecía una directora promocionando su nueva película; hablaba como alguien que finalmente había encontrado la manera de hacer el cine que llevaba años imaginando.

Esa pasión atraviesa cada decisión de The Invite, desde su rodaje en 35 mm hasta la libertad que tuvieron Seth Rogen, Penélope Cruz y Edward Norton para reinventar constantemente sus personajes.

Basada en la película española Sentimental, de Cesc Gay, y adaptada por Rashida Jones y Will McCormack, la cinta llega de la mano de A24 como una de las propuestas más estimulantes de este año: una comedia dramática sobre dos parejas cuya aparente estabilidad comienza a desmoronarse durante una simple cena. Pero reducirla a esa premisa sería quedarse únicamente con la superficie.

Mucho más que un remake

Antes incluso de leer el guion, Wilde decidió ver la película original española.

Quería entender por qué una historia tan sencilla había logrado trascender fronteras y ser adaptada en distintos países.

“Pensé que debía haber algo profundamente auténtico en ella para conectar con culturas tan diferentes”, explicó. Sin embargo, desde el principio tuvo claro que no quería hacer una copia.

La directora encontró en la adaptación el espacio perfecto para experimentar con un método de trabajo que llevaba años soñando: ensayos extensos, improvisación, rodaje en orden cronológico y un guion que evolucionara todos los días junto con los actores. “El guion cambió muchísimo desde la primera lectura hasta el último día de rodaje”, confesó.

Ese proceso convirtió a los intérpretes en auténticos coautores de la película.

El cine como organismo vivo

Uno de los aspectos que más sorprendió durante la conversación fue descubrir que The Invite prácticamente se construyó delante de la cámara. Las escenas crecían durante los ensayos. Los diálogos cambiaban. Los personajes encontraban nuevas dimensiones. Y Wilde dirigía reaccionando a todo ello.

“Era como editar la película mientras la estábamos filmando”, explicó.

Para la directora, el mayor reto consistía en mantener el equilibrio entre la espontaneidad y una planificación extremadamente rigurosa. Todo estaba cuidadosamente diseñado —la puesta en escena, los movimientos de cámara, la iluminación— para que, dentro de ese marco, los actores pudieran sentirse completamente libres.

El resultado es una película que nunca parece seguir una coreografía. Más bien transmite la sensación de estar observando relaciones humanas desarrollándose en tiempo real.

En una época donde incluso las grandes producciones han abandonado el celuloide, Wilde tomó una decisión poco habitual. The Invite fue filmada íntegramente en película de 35 mm. Y no solo eso, la directora reveló que asumió personalmente el costo del material porque no concebía hacer esta película de otra manera.

Más tarde, cuando A24 adquirió el proyecto, Annapurna le reembolsó la inversión, pero para entonces la decisión ya estaba tomada. Según Wilde, el celuloide cambia completamente la energía de un rodaje. La cantidad limitada de película obliga a todos —actores, técnicos y directora— a trabajar con un nivel de concentración diferente. “Cuando el rollo empieza a pasar por la cámara ocurre algo casi mágico. Todo el equipo entra en la misma frecuencia”, explicó.

Lejos de limitar la improvisación, considera que el formato hace que las decisiones creativas sean más precisas. Y lamenta que muchas comedias actuales hayan perdido parte de su riqueza visual precisamente por haber abandonado el cine en película.

Penélope Cruz y un personaje construido desde cero

Si hay alguien que sorprendió especialmente a Wilde durante el proceso fue Penélope Cruz. La actriz española no llegó simplemente a interpretar un personaje. Lo construyó. El nombre de Piña ni siquiera existía cuando comenzaron los ensayos. Fue apareciendo junto con el personaje. Penélope decidió transformarse físicamente con una peluca rubia porque necesitaba sentirse completamente distinta.

“Necesito alejarme de mí para encontrarla”, le dijo a la directora. Muchas de las escenas más recordadas de la película nacieron directamente de sus improvisaciones. La seducción en la oficina, la música de Sade, las conversaciones en español, la explosiva discusión final e incluso el monólogo sobre la perimenopausia surgieron gracias a sus aportes durante los ensayos. Para Wilde, el ADN creativo de Penélope está presente en toda la película. Y no duda en afirmar que hoy admira aún más a la actriz de lo que ya lo hacía.

Otra de las grandes revelaciones de la conversación fue descubrir que la película originalmente comenzaba desde el punto de vista del personaje de Angela, pero Wilde cambió completamente la estructura, ya que sentía que el vacío emocional de Joe era el verdadero punto de partida de la historia; y cuando imaginó a Seth Rogen interpretándolo, todo terminó de encajar.

La directora no ocultó su entusiasmo. “Creo sinceramente que es el mejor trabajo de su carrera”, aseguró. Incluso comparó el momento artístico del actor con la etapa más brillante de Albert Brooks, una influencia evidente en la construcción del personaje.

Una película sobre decir la verdad

Aunque la campaña de promoción ha vendido The Invite como una comedia sobre sexo y parejas abiertas, Wilde insiste en que el corazón de la historia está en otro lugar.

“La película habla mucho más de las relaciones que del sexo.”

Durante el desarrollo del proyecto, la directora trabajó junto a la reconocida terapeuta Esther Perel, cuya visión sobre las relaciones contemporáneas terminó impregnando toda la película. La idea de que una pareja puede atravesar varias relaciones distintas sin dejar de estar unida fue una de las grandes inspiraciones del filme. La propia Wilde reconoce que hacer esta película cambió su forma de entender el amor. La volvió menos cínica.

Y asegura que, después de verla con público, ha escuchado a muchas personas decir que quieren regresar al cine acompañadas por su pareja.

La consolidación de Olivia Wilde

Después de Booksmart y Don’t Worry Darling, Olivia Wilde demuestra que no le interesa repetirse. Si aquellas películas hablaban sobre crecer o romper con las estructuras impuestas, The Invite profundiza en otra pregunta igual de incómoda: ¿qué ocurre cuando dejamos de reconocer la vida que hemos construido?

Escucharla hablar sobre esta película deja una impresión muy clara. Más que promocionar un estreno, Wilde parece estar defendiendo una manera de entender el cine. Una donde el riesgo creativo, la colaboración con los actores y el placer de descubrir la historia durante el rodaje pesan más que la perfección del control absoluto.

En un año donde buena parte de las conversaciones cinematográficas giran alrededor de franquicias y grandes espectáculos, The Invite recuerda que cuatro actores, un apartamento y un guion dispuesto a transformarse pueden ser suficientes para construir una de las películas más estimulantes de 2026.

Y después de escuchar a Olivia Wilde explicar cómo nació cada decisión detrás de ella, resulta imposible no verla como una de las obras más personales —y también más valientes— de su carrera.

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