La Invitación – La orgía emocional de Olivia Wilde

Olivia Wilde construye en La Invitación una comedia negra que utiliza el morbo y las dinámicas sexuales no convencionales como punto de partida para explorar temas mucho más profundos relacionados con la intimidad, la frustración emocional y la comunicación en pareja.
Sundance Film Festival CDMX | La Invitación (2026)
Puntuación:★★★★
Dirección: Olivia Wilde
Reparto: Seth Rogen, Olivia Wilde, Penelope Cruz y Edward Norton

En los últimos años, en el mundo del séptimo arte, hemos visto una evolución alrededor del discurso de las prácticas sexuales (bondage, sadomasoquismo, tríos). Lejos han quedado los relatos tipo 50 Sombras de Grey, que se quedaban en la superficialidad y poco ahondaban en los aspectos psicológicos de sus personajes para acercarse a estas formas de expresión de su sexualidad.

La invitación es otra película que, a simple vista, parece ser un retrato superficial, apostando más por una comedia esquizofrénica y gamberra, muy al estilo de esas cintas de los 2000 que tomaban un tema escatológico o tabú para hacer cuantos chistes alrededor del morbo; nada más lejos de la realidad.

La trama de la película gira alrededor de Joe y Angela, un matrimonio venido a menos que, en las últimas fechas, se pelea por casi todo, quienes invitan a su departamento a sus vecinos, Pina y Hawk, una pareja de recién casados que organizan orgías en su departamento y que consideran seriamente invitar a Joe y Angela a formar parte de ellas.

Aunque la trama es predecible, es de esas películas donde lo que importa es el viaje y no tanto los secretos y misterios que vaya desentrañando la película. Esto se debe gracias a dos factores: una buena escritura de personajes y la cohesión de las relaciones entre estos cuatro integrantes en pantalla y, por supuesto, el ritmo de la película. Resalta que la mayoría del metraje está rodada en una sola locación y que únicamente Joe, Angela, Hawk y Pina son los únicos personajes presentes. Para evitar que la cinta se quede estática, Olivia Wilde se ha apoyado en una cámara dinámica que va desde los planos secuencia hasta medios y generales que sacuden cualquier monotonía y dotan al escenario del departamento de un personaje más; incluso pareciera que, narrativamente, esta localización y lenguaje visual representan el estado psicológico y mental en el que se encuentra la relación de Joe y Angela: claustrofóbico, desordenado y con algunas pinceladas estéticamente gratas que intentan esconder la podredumbre emocional de esta pareja. Incluso las tomas de las ventanas o viendo hacia la puerta de frente hacen sentir al espectador como un chismoso terciario que está observando de manera indiscreta a estos individuos.

El otro aspecto destacable es el montaje, que marca la pauta de la tensión de las relaciones; si bien Olivia exagera un poco agregando una sinfonía de cuerda rígida para resaltar lo inflexible que se ha vuelto la comunicación entre Joe y Angela, es en los momentos de calma donde le toca mostrar las conversaciones entre Hawk, Angela, Joe y Pina donde se luce. Por cierto, todo esto está envuelto en un tono de humor negro derivado principalmente de la dinámica de los personajes, siendo Joe un irreverente de lengua suelta, junto a un manojo de nervios perfeccionista y, por momentos, superficial llamado Angela; el perfecto caldo de cultivo de los opuestos para que todo salga mal.

Olivia Wilde acierta en esta comedia dándole un toque clásico americano, tomando como base los problemas de comunicación para generar toda clase de momentos humorísticos. El relleno de este pastel es el tópico del sexo grupal que, derivado del morbo, genera aún más risas ante la reacción de una pareja disfuncional por formar parte de esta dinámica sin repercusiones en su relación. (Como dice Maluma, quieren aplicar un “Felices los Cuatro”).

Así como en su momento con Booksmart rompía algunos tópicos clásicos de las comedias gringas, Olivia hace lo mismo a través del humor, rompiendo cualquier expectativa y afrontando la triste realidad de esta pareja ante el espectador a través del personaje de Pina. La intimidad, incluso en las prácticas más sugestivas, va más allá de la simple curiosidad; se requiere confianza mutua, amor propio y cariño. Es aquí donde, de manera madura, Wilde baja el tema al terreno de lo fraternal de manera acertada, estableciendo que la dinámica de una pareja termina siendo el espejo de su intimidad.

Para muchos quizás no es novedoso; incluso la comparación con la versión original podría desvariar en el tratamiento de su tema, pero recordemos que, a diferencia de las sociedades europeas, la norteamericana tiende a irse a los extremos y eso se ve reflejado en la manera de tratar ciertos temas considerados por ellos mismos “tabú”: lo satanizan o se van a los extremos de lo superficial y escandaloso; nunca hay puntos medios. Lo que hace Olivia es quitarle esa visión maniqueísta, dándole un contexto interior y anímico. Como resultado, tenemos un excelente final que profundiza aún más en las raíces del fracaso de esta relación y en la degradación que se han hecho a sí mismos, cerrando con broche de oro una cinta que en la superficie parecía ser una guarrada divertida y que podría convertirse en una conversación interesante alrededor de la intimidad en pareja.

Pero todo esto no podría ser posible sin las actuaciones de los cuatro integrantes. Si bien Seth Rogen es quien termina llevándose la película, añadiendo esas características neuróticas cómicas entre Richard Lewis y Woody Allen, Olivia Wilde, ofreciendo otra visión de la neurosis, se complementa bien con Penélope Cruz y Edward Norton en papeles más ad hoc a lo que han hecho en su carrera (el símbolo sexual y el “todo lo puedo”). Olivia Wilde regresa a lo que mejor sabe hacer: la comedia, ofreciendo un trabajo con muchos matices positivos que la reivindican como una directora prometedora y que demuestran que Don’t Worry Darling fue un tropiezo de novato, demostrando que quizás lo mejor que le pudo haber pasado como artista es terminar con Harry Styles.

Y es que la intérprete de Trece en Dr. House ha demostrado que la comedia no solamente sirve para pitorrearnos o ser un acompañamiento del morbo de lo poco convencional, sino también para demostrarnos que incluso nuestra perspectiva de lo poco convencional habla mucho más de cómo nos autopercibimos que de nuestra propia opinión del tema.

Felices los 4 por Olivia Wilde.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *